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Libretos teatrales digitalizados

LA LECHUGA de César Sierra

A 2,50 la Cuba Libre de Ibrahim Guerra

Tocados de Luna de Ines Múñoz Aguirre

Pavlov de Gustavo Ott

Regalo de Van Gogh de Edilio Peña

Que Dios la tenga en la gloria de Carlota Martínez

Monólogo para una actriz de Ibrahim Guerra

Los ángeles terribles de Román Chalbaud

La Encuesta (Monólogo) de José G. Núñez

La cerroprendio (Mónologo) de José G. Núñez

Dos de amor de José Gabriel Núñez

Chúo Gil de Arturo Uslar Pietri

APACUANA Y CUARICURIÁN obra teatral de César Rengífo

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José Vicente Díaz Rojas

dramaturgoJv

(Caracas, 1967)

Periodista, locutor, dramaturgo, escritor, guionista, corrector de estilo y productor de radio.

Egresado de la Universidad Católica Andrés Bello. Licenciado en Comunicación Social. Mención: Audiovisual.

Realizó el Curso de escritura creativa, en el Instituto de Creatividad y Comunicación (ICREA). Productor del programa de radio, Esta noche en el aire; emitido a través de la emisora Tiuna FM 101.9.

Autor de la telenovela juvenil Pégate a mí. Colaborador en la Revista In, editada por Lan Chile. Escribió el libro infantil sobre el Estado Miranda, de la Colección Wadaka, árbol de la vida; para la Editorial Santillana, Grupo Santillana.

Redactó guiones de ringtone y de rbt, para la empresa Genexies.com. Guionista de la serie en animación 3D, Noxis: La aventura del conocimiento; para Estudios Doble K. Corrector de estilo en Orbis, Proyecto Editorial, Editoriales Santillana y Alfaguara, del Grupo Santillana.

Guionista de las historietas de la agenda infantil 2002-2003, Un sueño para Venezuela; editada por el Banco Venezolano de Crédito-ICREA.

Guionista de las historietas infantiles, La jungla de El Dorado y Los nevados del Inca; editadas por la Corporación Andina de Fomento-ICREA.

Guionista de radio para la productora Producciones Francisco Ferrari. Elaboró cuentos de ciencia-ficción transmitidos dentro del espacio Más allá de la imaginación, a través de Radio Caracas Radio. Guionista de largometrajes para televisión en la productora Marte Televisión.

Fotógrafo en la Dirección de Obras y Mantenimiento de la Gobernación del Distrito Federal. Colaborador en el Semanario Mujer-Mujer. Redactor creativo en la agencia de publicidad Ismann Visión. Preparador en la Cátedra de Radio (Audiovisual II), en la Universidad Católica Andrés Bello.

OBRAS DE TEATRO: Sucedió en el lago… (1988); Nido de mapanares (o Cuando sufre un amor) (1991); ¡Yo quiero uno así! (1991); El árbol generoso (1997); Mi compañero de apartamento (2006); Besos, espíritus y exorcismos (2006); Los amantes del prado (2008); Al natural (2008).

COMEDIAS MUSICALES: ¡Todos para uno y uno para todos! (2005); A toda piel (2009).

MONÓLOGO: Las espinas de mi corona (2009).

NOVELAS: Las espinas de mi corona (1998); La invocación de Alana (2001).

NOVELA JUVENIL: Pablo y Juan Bosquete (1996).

SINOPSIS DE TELENOVELAS: Me amarás (1988); Zaralina (1989); La dulce Sabrina (1990); Los rostros de Meiling (1990); Angelyana Durand (1990); Pinceladas del más allá (1991); Amores de reinas (2007); Aurora (2008); Damiana (2008); Mi adorable y bella asistente (2008).

SINOPSIS DE TELENOVELAS JUVENILES: Verónica (1988); Bianca, el genio y yo (1993); Mi alma gemela (2007); Éramos muchos y… (2007); Iristrella (2007); Maryluna (2007); Salsa, juventud y amor (2008); La villa de los sueños (2009); Teen models (2009).

GUIONES DE LARGOMETRAJES: Triángulo fatal (1991); La muchacha de la playa (1992); La reina del mundo (1993); Valesska y Cecilia (1993); Lilith (1993); La madrastra (1994); Gemma (2002); Besos letales (2002).

RADIONOVELAS: Mi lección de amor (1991); Sociología de un amor (1991); Las reinas de las pasarelas (1994); La otra señora Shelton (1995); Galatea (1995); Se alquila casa (1995); De secretaria a Miss Mundo (1997).

LA LECHUGA de César Sierra

LA LECHUGA

original de César Sierra

Caracas, 1989

los personajes

DORA DE MARTINEZ

VICTOR MARTINEZ

VIRGINIA MARTINEZ

HECTOR CORDOVA

VINICIO MARTINEZ

(todos en los 40)

el lugar

Un apartamento clase media, en una urbanización caraqueña.

el momento

PRIMER ACTO: una noche cualquiera

SEGUNDO ACTO: treinta minutos mas tarde

ACTO PRIMERO

Dora y Víctor están sentados en un sofá. Ambos parecen incómodos, en actitud de espera. Larga pausa. Ni siquiera se miran. Dora busca que decir, pero su búsqueda es inútil. Se lleva las manos al vientre.

DORA (emocionada)

Cariño…

VICTOR

¿Qué?

DORA

Se movió.

VICTOR (sin interés)

Es lo normal. Se mueven.

DORA

Pero es emocionante. Uy, ¡Está tan inquieto!. ¿Crees que quiera algo?

VICTOR

¿Qué?

DORA

No sé… cualquier cosa. A lo mejor quiere salir.

VICTOR

¿Aquí? Imposible. No creo que nadie quiera salir aquí.

DORA (mira un momento a su esposo. Pausa)

No tenías que venir. No estás obligado.

VICTOR

Lo sé. Vine porque me dió la gana.

DORA

¿Y entonces por qué estás de mal humor?

VICTOR

No estoy de mal humor.

DORA

Si estás. Te conozco… De muy mal humor. No debiste venir. No es tu obligación.

VICTOR

¡Es mi padre!

DORA

Es tu padre… pero no tu obligación.

VICTOR

Tenía que venir, Dora. Y ya cállate ¿quieres? ¡Claro que estoy de mal humor!… pero no estaba de mal humor cuando llegué. Tu me pones de mal humor.

DORA

No es verdad. Desde ésta mañana estás molesto… desde hace mas… desde hace una semana… desde que comenzó el mes y te diste cuenta que se acercaba el día… cada vez estabas mas molesto. Primero dejaste de comer, luego empezaste a comer como un salvaje, y por último la agarraste con los niños. ¿Qué culpa tienen los niños?

VICTOR (impaciente)

Yo no la “agarré” con los niños.

DORA

¡Si lo hiciste!. Regañaste a Trini sin ninguna razón.

VICTOR

Rompió el florero que nos regaló tu mamá.

DORA

Tu siempre odiaste ése florero. Siempre. Sobre todo porque nos lo regaló mi mamá. ¡Y la forma cómo le pegaste a Rudi!

VICTOR

¿Que tiene de particular la “forma” como le pegué? ¡Siempre le pego de la misma forma!

DORA

Has estado bruto, gruñón, malhumorado… llegas del trabajo y te acuestas a dormir. ¡Sin mas ni mas! (a punto de llorar) ¡Ni siquiera me tomas en cuenta!

VICTOR

¡Dora! ¿Que pretendes? ¡Tienes ocho meses de embarazo!

DORA

No es por eso… no es la barriga. No es por culpa de mi barriga.

VICTOR (furioso)

¿No vas a callarte?. Ya te dije que no es eso. Y tenía que venir. Es mi padre. Tu podías quedarte en la casa. Así no tendrías que soportar mi mal humor, ya que tanto te molesta.

DORA: A mi no me molesta… no me importa que estés de mal humor.

VICTOR

¡Si te importa!… todo el día me lo reclamas: Cariño, estás molesto… cariñito, estás de mal humor… cariño, estás insoportable. ¡Claro que estoy insoportable! ¡Cualquiera estaría insoportable con una mujer que se lo repite todo el día. ¡Y no me vuelvas a decir que estoy de mal humor, porque me pones de pésimo humor!

DORA

Pero Vitico… yo sólo quería ayudar. No te pongas así.

VICTOR (FURIOSO)

Me pongo como me da la gana ¡Y es mejor que te calles de una buena vez!

Dora se queda callada un largo rato. Está a punto de estallar en llanto. Después de una larga pausa, habla muy bajo, conteniendo las lágrimas.

DORA (bajito)

Es por ésta reunión…

VICTOR (estalla furioso)

¡Eres tú y tu maldita barriga! ¡Es esa costumbre de repetir las cosas todo el día! ¡Son tus insoportables hijos! ¡Es mi maldito trabajo! ¡Es ésta maldita vida!… y también es por ésta reunión. ¿Estás contenta ahora?

DORA

Cariño… creo que estás de muy mal humor.

Victor está a punto de reventar. Se contiene y comienza a pasear por la habitación. Mira su reloj varias veces. Dora lo sigue de un lado a otro con la mirada. Silencio.

DORA

No te impacientes, cariño. Ya van a llegar. La enfermera dijo que no tardarían… y debe ser verdad. Si no, no se hubiera marchado.

VICTOR

Nos mintió, para que nos quedáramos y poderse ir.

DORA

No tenía que mentir. De todas maneras nos íbamos a quedar.

VICTOR

Ella no lo sabía. Por eso mintió.

DORA

Te empeñas en pensar cosas feas de los demás. Parecía una buena mujer.

VICTOR

No existen buenas mujeres. Mintió. Se lo vi en los ojos, Tenía ojos de mentirosa.

Dora mira a Víctor extrañada. Tras una breve pausa pregunta:

DORA (con una idea brillante)

¿Y si nos vamos?

Victor la mira un instante. Luego pone a funcionar el equipo de sonido. Suena un viejo disco de boleros. Dora continua entusiasmada con su idea.

DORA

Ellos no saben que estamos aquí… ninguno te ha visto. Sólo la enfermera, que no sabe quiénes somos, porque no es la misma del año pasado. Podríamos irnos y pensarían que nunca vinimos, que faltaste a la reunión.

Víctor la mira de nuevo, continua su paseo, con la caratula del disco en la mano.

DORA

Ellos se extrañarían muchísimo. Comentarían. Dirían: ¡que ingrato es Víctor, que no vino a la reunión!… no podrían creerlo. Tal vez morirían. Se lanzarían por la ventana. Pero nunca se atreverían a llamarte. Tu habrías faltado a la reunión, y ellos esperarían tu llamada de disculpa. Y esa llamada nunca llegaría… y a lo mejor… el año que viene…

VICTOR (interrumpiéndola)

No es posible, Dora. No podemos irnos.

DORA

Si podemos. Lo que pasa es que tienes miedo. Hasta ésta mañana pensabas que serías capaz de no venir… lo sé… no soy idiota. Antes de venir, creías que tendrías el valor para faltar, pero ahora que has venido, no puedes ni concebir que hubieras podido dejar de venir… sé que es así… no me lo niegues.

VICTOR (con mirada compasiva)

Ni siquiera voy a intentar negártelo.

DORA

Porque sabes que es verdad.

VICTOR

¡Seguro! Es tan estúpido, que hasta es posible que sea verdad.

DORA

¡Lo es! No lo aceptas porque estás de mal humor.

VICTOR

Dora, querida… si en algún momento estuve de buen humor… tu lo arruinaste definitivamente.

DORA

No. No es por mí… es por ésta maldita reunión.

Entra Virginia, cargada de paquetes. Los presentes se acercan. La recién llegada parece muy contenta. Coloca las bolsas en la mesa, y se acerca a saludarlos.

VIRGINIA

Cuando oí la música supe que eras tu. ¡Mi querido Víctor! ¡Siempre con un despecho!

VICTOR

¿Yo? Ese disco es tuyo.

VIRGINIA

Lo saqué porque sabía que vendrías. ¿Cómo no ibas a venir?

DORA

No podríamos faltar.

VIRGINIA

¡Dora!… pero ¿No habías dado a luz ya?… si recuerdo que hasta fuímos al bautizo.

DORA

Fué al bautizo de Neni. A éste no lo hemos bautizado todavía… bueno, como no ha nacido.

VICTOR

Está bromeando, cariño.

VIRGINIA

Si, claro, estoy bromeando… llegaron mas temprano de lo que esperaba… supongo que estaban impacientes.

DORA

Ay, si, muy impacientes.

Virginia va a la mesa, y comienza a vaciar las bolsas, y arreglar lo que compró.

VIRGINIA

No he terminado de preparar la cena, y Héctor tardará en llegar. Tenían reunión de directiva.

VICTOR

¿Directiva? ¿Ya no está en eso de la cultura?

VIRGINIA

Si, ahí está. Pero en “eso” de la cultura, también hay directiva.

DORA (como completando la frase)

Y él pertenece a la directiva… ya lo sabíamos, cariño… nos lo contaron el año pasado… no hablaron de otra cosa durante toda la noche… ¿Quieres que te ayude, Virginia?

VIRGINIA

¿Así? ¿Puedes moverte?

DORA

Claro. Ya estoy acostumbrada.

VIRGINIA

Me imagino… toma, lleva estas bolsas a la cocina… y trae un poco de hielo… si puedes.

DORA

Si, claro que puedo.

Dora toma las bolsas y sale hacia la cocina. Virginia la mira salir, y luego mira a su hermano.

VIRGINIA (Por Dora)

No es una esposa. ¡Es una probeta!

VICTOR (Revisando las botellas)

¡Ginebra! ¡Bajamos otro escalón!

VIRGINIA (Le quita la botella de la mano)

Muy bien… trae tu entonces la bebida.

VICTOR

Pensé traer algo… pero, ya sabes… en la casa somos tantos.

VIRGINIA

¡Y cómo sigan así!. ¿Cuántos son ya? ¿Ocho?

VICTOR

Sólo seis.

VIRGINIA

¿”Sólo” seis?… por favor… ¡es un ejército!

VICTOR

Dora no cree en eso de los métodos anticonceptivos… fué formada en una familia muy católica.

VIRGINIA (con mala intención)

¡Muy católicos… pero poco ortodoxos!

VICTOR

¿Qué quieres decir?

VIRGINIA

Bueno… San José era católico… y tuvo un solo hijo.

VICTOR

¡Que graciosa!… además, San José era judío.

VIRGINIA

¿San José? ¿De verdad? ¿Un santo judío? ¡A dónde hemos llegado!… Pero es que seis, en ésta época, es casi un pecado mortal… y todos con nombres de perro (Entra Dora con el hielo). Rudi… Trini… Bobi… Neni… Cali… ¿No encontraron nombres normales?… podían haber consultado el almanaque, a la manera tradicional.

DORA (Sentida, a Virginia)

Tu sabes que no se llaman así… Rudi se llama Rodolfo Ernesto… Trini se llama María de la Trinidad… Bobi se llama Roberto Alfonso… Neni se llama…

VICTOR (coloca otra bolsa en manos de Dora, y le quita el hielo)

Lleva ésta también a la cocina, anda, mi hermana y yo tenemos que hablar.

Dora los mira a los dos, hace un débil gesto de protesta y sale hacia la cocina.

VIRGINIA (fingiendo curiosidad)

¡Y al final no nos enteramos cómo se llamaba Neni!

VICTOR

¡Ya, Virginia!… no éste año… vamos a tratar que todo salga bien.

VIRGINIA

¡Bien!… ¡Claro!… para tí es muy fácil de decir.

VICTOR

Sabes que no me siento cómodo con todo ésto.

VIRGINIA

Entonces demuéstralo… llévatelo de aquí, Víctor.

VICTOR

Yo no sería capaz de separarlo de tí. Siempre te prefirió… eres su única hija.

VIRGINIA

Víctor, no empieces… todos los años es lo mismo… y ya estoy cansada. Yo estoy cansada, y Héctor está cansado… pero éste año las cosas van a cambiar.

DORA (entrando a escena)

Ya lo acomodé todo lo mejor que pude… pero no puedo recordar si la mermelada se guarda en la nevera… nosotros nunca compramos mermelada…es malo para las lombrices.

VIRGINIA

¡No me digas!… ¡Pobrecitas las lombrices!

DORA (confundida)

¿La pongo en la nevera?

VIRGINIA

No hace falta, Dora, yo terminaré de arreglarlo todo.

Virginia se dirige a la cocina. Desde la puerta voltea y los mira a los dos.

VIRGINIA

Quedan en su casa… y no te olvides, hermanito, que la cosa va  a ser contundente

Virginia sale. Dora mira a Víctor extrañada.

DORA

¿De qué habla?

VICTOR

Me parece que, éste año, será peor que los anteriores.

DORA

No es posible que sea peor que el año pasado. Yo no me puedo imaginar nada peor.

VICTOR

Ya podrás.

Víctor se acerca a la mesa, y se sirve, abriendo una de las botellas que acaba de traer Virginia. Dora se acerca a él, escandalizada.

DORA

¡Víctor!… no debes beber… no te han invitado… además, es muy temprano. No es bueno beber temprano… no es bueno a ninguna hora… pero temprano es peor…

VICTOR

¿Por qué?

DORA

Bueno, porque… porque si empieza a beber mas temprano, se bebe mas… y eso no es bueno, uno se emborracha y todo eso… por eso no debes hacerlo. Tu lo sabes.

VICTOR

Si, lo sé… me lo dices todo el tiempo.

DORA

Pero no me haces caso.

VICTOR

No. No te hago caso (se bebe el vaso de un trago) ¿Viste? No te hago caso.

Víctor, a pesar del gesto reprobatorio de Dora, va a servirse de nuevo.

DORA

Te va a hacer mal… yo lo sé… te va a hacer mal.

Héctor entra a la casa, con un elegante portafolio, mira a su cuñado beber.

HECTOR (con sorna)

¡Salud!

VICTOR

¡Caramba! ¡Llegó el dueño de la casa! ¿Tan rápido terminó la importante reunión de directiva?

HECTOR

No terminó. Yo me vine a casa, porque sabía que mi honorable familia política estaría acá

Hector se acerca a la mesa, y toma una botella. Mira a Víctor.

HECTOR

¿Puedo?

VICTOR

Claro, estás en tu casa.

HECTOR (sirviéndose)

¡Mi casa!… eso quisiera que fuese: mi casa.

DORA

¿Es alquilada?

HECTOR (casi con lástima)

No, querida Dora. No es alquilada.

DORA

¿Entonces es propia?

HECTOR

Lo será… pronto.

DORA

No entiendo… si no es alquilada, tiene que ser propia, no hay mas opción. No es una casa prestada. Yo no soy tonta para creerme eso.

HECTOR

Sé que no sos tonta… ninguna mujer tonta podría criar cinco hijos.

DORA

Seis… son seis… y con Leo serán siete.

HECTOR

¿Leo?

DORA (sobándose la barriga)

Si es hembra se llamará Leonor Mercedes… y si es varón Leonardo Arturo… y sea lo que sea le diremos Leo, así podemos hablar de él sin saber lo que será. ¿No es genial?

HECTOR

¡Brillante! ¡Es brillante!… bueno ¡brindemos por Leo!

DORA

No. Yo no bebo. Es que estoy embarazada… beber puede causar problemas… lo dice en todos los libros. No se debe ni fumar, ni beber, ni consumir drogas durante el embarazo.

HECTOR

¿Y entonces? ¿Toda la droga que compra Víctor es para él solito?

DORA (escandalizada)

Víctor no compra drogas… eso no es verdad…

VICTOR

Es un chiste, querida.

HECTOR

Si, claro, es un chiste. Este ni compra drogas, ni compra nada.

DORA

Yo no le veo la gracia. Es de mal gusto. No le veo el chiste por ningún lado.

VICTOR

Es humor sureño… ellos son así.

DORA

Será. Porque yo no lo entiendo. Y no le veo el chiste. El embarazo es una cosa seria… y las drogas también. Hay gente que se muere por causa de las drogas… y no se hace chiste con cosas de las que se muere la gente… no es cómico… de verdad que no lo es.

HECTOR

Está bien… está bien… Prometo seriamente no volver a bromear sobre el asunto.

DORA

Eso me alegra… usted es muy agradable, cuando no se pone desagradable.

HECTOR

Gracias.

Entra Virginia desde la cocina, se ha puesto un delantal. Se sorprende al ver a su marido.

VIRGINIA

Ah, ya estás aquí. No te sentí llegar.

HECTOR

Charlaba con mis hermanos políticos. Bromeábamos. ¿Y vos? ¿Que hacías?

VIRGINIA

Arreglaba todo para la cena.

HECTOR (con falsa cortesía, a sus cuñados)

¿Nos harán el honor de cenar con nosotros?

DORA (sin entender)

Pero… vinimos a cenar… a eso vinimos… ¿no es así?

VICTOR

Es otro chiste, cariño.

DORA (desesperada)

¡Nunca entiendo sus chistes!… no sé cuando habla en chiste y cuando habla en serio.

VICTOR

Es fácil: nunca habla en serio.

VIRGINIA (a Héctor)

¿Y cómo estuvo tu reunión?

HECTOR

¡Lo de siempre!… discusiones, peleas… ¡esos dichosos subsidios culturales son la muerte de éste país! Todos piden dinero para hacer “cultura”… ¡y lo que hacen es mierda!

DORA (escandalizada)

¡Que palabra tan fea! ¿Qué tiene que ver la… eso… con la cultura?

HECTOR

¿Con la cultura de aquí? ¡Todo!

Hector se acerca a las bebidas, y se sirve de nuevo. Virginia trata de ser atenta.

VIRGINIA

¡Bueno!… veo que ya se han servido.

VICTOR

¿Quieres uno?

VIRGINIA

Ahora no… tengo que vigilar el arroz.

DORA

Déjalo tranquilo… no es bueno revolverlo… Se seca. Tápalo y olvídate de él por quince minutos… yo sé lo que te digo.

VIRGINIA (sonriendo, forzada)

Prefiero vigilarlo… así tengo algo que hacer fuera de aquí.

Virginia sale hacia la cocina. Dora le sigue dando instrucciones.

DORA

¡Pero no lo revuelvas! (Luego a los presentes, explicativa) Se pasma… si una lo revuelve, se pasma.

HECTOR (mirando a Dora)

Y… a veces se pasma sin que lo revuelvan.

Dora no entiende nada. Héctor sonríe, y se acerca al equipo de música. Habla a sus cuñados, de nuevo como pidiendo permiso.

HECTOR

¿Les molesta si pongo un poco de música?

DORA

No, claro que no.

Héctor coloca un CD de tangos. Sonríe, dejándose llevar por la música.

HECTOR

¡Ah! Es de las pocas cosas que aún me relajan. ¡La buena música!

VICTOR

Si. Es realmente relajante.

Héctor se sienta, revuelve su trago. Dora y Víctor también se sientan. Tenso silencio. Dora mira a su cuñado y sonríe con exagerada simpatía. Héctor responde a su gesto.

HECTOR (por hablar de algo)

¿Y cómo están los pibes?

VICTOR (cortando en seco)

Como siempre.

DORA (que acaban de tocar su tema favorito)

Neni tuvo la lechina.

HECTOR (que no le interesa para nada)

¿De veras? ¡La pobre Neni!

DORA

Hubo que alejarla de los menores… porque Rudi y Trini ya la tuvieron… Bobi tuvo la rubeola, pero no la lechina… ¿o fué Cali?… no,no… Cali tuvo las paperas… me confundo un poco… (felíz) Pero ya todos están bien… ¿Y tu hijo?

HECTOR (incómodo)

Y… ¡bien!… supongo.

DORA

¡Debe estar inmenso!… Hace tiempo que no lo vemos.

HECTOR (que no quiere hablar del tema)

Si… ha crecido.

DORA

Tiene que crecer… ¡usted es muy alto!

Héctor mira a su cuñado molesto, revuelve los hielos con mas fuerza. Víctor, hace señas a Dora para que no siga con el tema, pero ella continúa, sonriente.

DORA

Es encantador… tan formal y educado… ¡en esas escuelas los enseñan bien!

HECTOR (cortando el tema)

¡Bueno! ¡Creo que ya estamos todos!

DORA

No. Falta Vinicio. Vinicio vendrá.

HECTOR

Seguro. Sabiendo que hay comida no faltará… debería ir a ayudar a Virginia.

DORA

Muchas manos en el caldo, lo ponen morado… y el arroz, hay que dejarlo tranquilo.

HECTOR

Si… ya lo dijiste… ¡Se pasma!

Dora asiente. Suena el timbre.

HECTOR

¡Ahí está! ¡Siempre llega de último!… no sé cómo se las arregla… espera que estemos todos para llegar. (Suena de nuevo el timbre) A veces pienso que espía… que llega muy temprano y se esconde en alguna parte, hasta vernos entrar a todos.

DORA

Ay, yo no creo eso. (Suena otra vez el timbre) ¿No van a abrir?

HECTOR

¡Que espere!

DORA

¿Y si piensa que no hay nadie y se va?

HECTOR

Sabe que estamos aquí… y además ¿dónde va a irse?

DORA

¡Yo que sé! ¡A cualquier parte! (Suena de nuevo el timbre) Deberían abrirle.

Virginia entra desde la cocina, secándose las manos en el delantal.

VIRGINIA

¡Es Vinicio!

HECTOR

Ya lo sabemos… pero no queríamos quitarte el privilegio de abrirle la puerta.

VIRGINIA (molesta, va a la puerta)

Gracias.

Virginia abre. Vinicio entra de largo sin saludar. Trae una caja de torta y un paquete.

VINICIO

Estaba a punto de creer que les habían cortado la luz por falta de pago… pero me dije: Vinicio ¿cómo no van a pagar la luz, si tienen tanto dinero?… además, sabiendo otras cosas sería un crimen… (Entrega la torta a Virginia) Traje la torta, y las velitas. (Vacía el paquete, está lleno de artículos de piñata) También traje globitos y serpentinas… hay que hacer ambiente. Ambiente de fiesta ¡Alegria! ¡Alegría!… ¡Cómo están las cosas en éste país! ¡cuatro mil bolos me cobró el negro del taxi para traerme hasta aquí!… y no es que yo tenga nada en contra de los negros, pero es que era negro el muy ladrón, y no encuentro otra manera de describirlo… Yo le pregunté cien veces cánto me iba a cobrar… pero él, como si fuera sordo… ¡Negro y sordo!… (Abre la caja de la torta y se la enseña a Virginia) Es “Selva Negra”… yo sé que a ti no te gusta el chocolate, pero no había otra cosa. No la pongas en la nevera, porque se pone chicluda.. bueno… ¿nadie dice nada?

VIRGINIA

Te escuchábamos.

Le da un beso, y sale con la torta hacia la cocina.

VINICIO

¡Que tierno recibimiento! (se acerca a Dora) ¡Dora, como siempre! ¡Sirviendo a la Patria!

DORA

¿Cómo está?

VINICIO

Un año mas viejo, y un poco mas jodido… como todo. ¿cuánto tiempo?

DORA (que tarda en entender que se refiere a su barriga)

Ah, ocho meses.

VINICIO

¿O sea que ya está a punto? (Dora asiente orgullosa. Vinicio estrecha la mano a Víctor) Te felicito. Eres un padre prolifico. ya le llevas el doble al nuestro, y estás a punto de rebasar ese límite… nunca lo hubiera creído.

VICTOR

Bueno… alguien tenía que preservar el apellido.

VINICIO

¿Martínez?… no es un gran logro… ése apellido lo tiene todo el mundo.

VICTOR

Es una manera de decir.

VINICIO

Entendí. Acuérdate que soy el mas inteligente de los tres. Mamá siempre lo decía (Mira a Héctor) ¿Y cómo está la cultura de nuestro país?

HECTOR

¿La cultura? ¡Como siempre!

VINICIO

¡Lástima!… pero la culpa no es de nosotros. No está en nuestras manos… ¿Que cenaremos?

DORA

Arroz. Supongo que con vegetales… porque ví una fuente de vegetales en la cocina. Es muy nutritivo ¡y saludable!…

VINICIO

Y muy barato, querida. No olvides ése adjetivo.

HECTOR (A Vinicio, cortando la conversación)

¿Querés un trago?

VINICIO

Por favor… ¡me ayudará a pasar el disgusto del negro!… ¡Negro, sordo, y taxista! ¡Que asco de ser humano!

HECTOR

¡Olvidálo!

VINICIO

Eso haré. Lo borraré de mi archivo cerebral.

Héctor se acerca a la mesa bar, a preparar el trago de Vinicio.

VICTOR

Te ves muy saludable.

VINICIO

Me cuido. Tu en cambio estás barrigón. ¿Es para hacer juego con tu esposa?

VICTOR

No estoy barrigón.

VINICIO

¡Pero claro que lo estás! ¡Barrigón y fofo!, como buen jugador de dominó.

VICTOR

Yo no juego dominó… y, en todo caso, prefiero el dominó que las damas chinas.

VINICIO (ácido)

Yo no juego “damas chinas”. me parto las uñas con las metritas.

HECTOR (pasando el trago a Vinicio)

Acá tenés.

VINICIO

Gracias (Mira a Dora) ¿Y tu? ¿Nada?

DORA (alarmada)

¿Nada de qué?

VINICIO

¿No tomas?

DORA

No, no. Yo nunca tomo. Es malo para el embarazo.

VINICIO

Un trago no te hará nada… y es muy feo estar en un evento social sin un vaso en la mano.

DORA

¿Evento social? ¿Que evento social?

VINICIO

Este, cariño… es un perfecto evento social. Una reunión de gente que no se puede ver ni en fotos, que se odia a muerte… pero que se reúne, bebe y sonríe como si fueran familia.

Vinicio se acerca al bar, y prepara un trago.

DORA

Pero… somos familia.

HECTOR (aclarando el punto)

Políticamente… sólo políticamente.

VICTOR (A Dora)

No le hagas caso. Ya lo conoces.

VINICIO (entregándole el vaso a Virginia)

Por favor.

DORA

De verdad que no.

VINICIO

Acompáñanos a brindar… sólo uno… por favor.

DORA

Bueno… está bien… solo uno… para brindar (recibe el vaso)

VINICIO

¿Quién propone el brindis?

VICTOR

¡No habrá brindis! ¡Tómate tu trago, y cállate!

Virginia entra, los mira preocupada.

VIRGINIA

¿Discuten?

VINICIO

No, Virginia, conversamos… como buenos hermanos.

DORA

Vinicio propuso un brindis.

VIRGINIA

¿Un brindis? ¿Por qué motivo?

VINICIO

Nada concreto… Se aceptan sugerencias.

HECTOR

¡Está situación es estúpida!

VINICIO

¿Brindar? ¿por qué?… es un día especial. Estamos todos reunidos. ¡La familia en pleno!… bueno, falta la zafra de hijos de Vìctor, y el pequeño recluta… pero la rama adulta está completa… Mi hermana y su esposo… mi hermano y su prolífica mujer… yo… y, por supuesto, papá. ¿Brindamos por el cumpleaños de papá?

Víctor, furioso, va al equipo de sonido y detiene la música.

VICTOR

¡Ya, Vinicio! ¡Cállate!

VINICIO

¿Qué te pasa?

VICTOR

Hablemos claro: todos sabemos que esto no es una fiesta.

VINICIO

¿Cómo que no es una fiesta? ¡Es el cumpleaños de papá!

VICTOR

¡Es igual todos los años!

VINICIO

La gente cumple años todos los años.

VICTOR

Papá no.

VINICIO

¿No cumple años todos los años?

VICTOR

Vinicio, no me exasperes.

VINICIO

Yo no te exaspero.

VICTOR

¡Si lo haces!… y no repitas lo que te digo… ¡esto es ridículo! ¡Traer una torta… y globitos!

VINICIO

¿No te gustan los globitos?

VICTOR

No me gusta tu cinismo. No vinimos aquí a celebrar.

VINICIO

¿Ah no? ¿Y entonces a qué vinimos?

VICTOR

Vinimos a… ¡yo que sé a que coño vinimos!

DORA (escandalizada)

¡Víctor!

VICTOR

¡Déjame tranquilo!… ¡voy a hablar como me dé la gana, y a hacer lo que me dé la gana! ¡Y si no te gusta, aborta!

Dora grita alarmada, está a punto de reventar a llorar.

VINICIO (A Dora, sarcástico)

Pero no en los muebles, Dorita, que los acaban de tapizar.

HECTOR (definitivo)

Yo si les diré a que vinieron.

VIRGINIA (suplicante)

Héctor… por favor…

HECTOR

¿Querés que sea como todos los años?, que nos mantengamos en una ridícula actitud familiar hasta la hora de la cena, que cortemos la torta en pedacitos, y después, cuando llegue la hora de irse, salga todo el odio y todo el rencor. No… esta vez no va a ser así. No es insultarlos lo que quiero… ¡mirálos!… ni siquiera hace falta que se les insulte.

VICTOR

Héctor, no te pases.

HECTOR

¿Quién se pasa?… son ustedes los que se pasan… los que me han cargado el problema a mí. No sólo a mi mujer, sino a mí… a mí que me importa una mierda… porque no es mi padre, si lo han olvidado.

DORA (a punto de llorar)

Víctor, vámonos de aquí.

VICTOR

¡Cállate!

HECTOR

Si, callate y escuchá.. porque ésto también es asunto tuyo.

DORA

¿Mío?… no es mi papá tampoco. Mi papá se murió hace mucho.

HECTOR

¡Mira vos que suerte!

Dora se deja caer en un sofá. Horrorizada, y al borde del llanto.

VINICIO

No comenzamos bien éste año.

HECTOR

¿Y para qué, si sabemos que vamos a terminar mal?… Todos los sabíamos desde antes de venir… pasamos el año sin vernos, sin hablarnos. Odiándonos profundamente en nuestros silencios.. hasta que se acerca ésta maldita fecha, éste maldito día que todos odiamos, que marcamos con un lápiz rojo en el almanaque de nuestra vida, y llega el día, y nos reunimos acá… ¡y yo quiero decir por qué carajo nos reunimos!

DORA

Se están poniendo muy groseros. No me gusta que la gente hable asi. No me gusta.

HECTOR

¡Y a nadie le importa lo que a vos te guste!

DORA

¡A mi me importa!…. yo no aguanto esto. Me quiero ir.

HECTOR

¡Y andáte de una vez! Ni siquiera tenías que venir!. Vos no solucionás nada. No aportás nada. Lo que pasa es que tu marido no se atreve a venir solo.

DORA

Eso no es verdad… yo vine porque ésta es mi familia.

HECTOR

¡Que familia ni que carajo!

DORA (reventando)

Eso digo yo: ¡que carajo!

Dora reacciona escandalizada a su propia groseria. Se tapa la boca incrédula. Se deja caer de nuevo en el sofá.

HECTOR

Pero éste año no se van de acá, hasta que lleguemos a una solución.

VINICIO (con acento sureño)

¿Y a que esperás que lleguemos?

Héctor lo mira furioso. Vinicio repite la pregunta, muy bajito y educado.

VINICIO

¿A que esperas que lleguemos?

HECTOR

Vos sabés de que hablo. ¡Todos lo saben!

VINICIO

No. No lo sabemos. Explícanos.

HECTOR

¡Quiero que se lleven al viejo de acá!

Nadie se atreve a hablar. Ni siquiera a moverse. Después de una tensa pausa Virginia se levanta, se seca las manos en el delantal, y se mueve hacia la cocina.

HECTOR

¿Dónde vas?

VIRGINIA

Tengo que ver el arroz.

HECTOR

¡Dejá tranquilo ése arroz! No te movés de aquí, hasta que uno de tus hermanos responda. ¡Nueve años!… Nueve años ha estado en ésta casa. Desde la famosa operación de cataratas en que equivocaron la anestesia… nueve años en ésa cama. Nueve años de sueros, de bombonas de oxígeno, de medicinas, de enfermeras… ¡nueve años esperando que ése viejo de mierda se muera!

VIRGINIA

¡Héctor, por Dios!

HECTOR

¡Y ya no soporto mas!… quiero decidir en mi casa, hacerme un estudio en ésa habitación, si me da la gana… vivir sin una enfermera en la casa todo el día. ¡Para andar en bolas si me da la gana!. ¡No puedo andar en bolas con ésa enfermera mirándome todo el tiempo!

VINICIO

No creo que haya mucho que ver.

HECTOR

¡Y no quiero bromitas, eh!. Lo único que quiero es que agarren a su viejo, con cama, tubo de oxígeno, suero y enfermera ¡y lo saquen de aquí!… a dónde lo lleven no me importa… déjenlo en una clínica, en un parque, en un estacionamiento… ¡donde se les canten las bolas!… ¡pero quiero que lo saquen de ésta casa hoy mismo!

Silencio. Todos se miran. Nadie sabe que decir.

DORA (Bajito)

¿Hoy?… Pero… hoy es su cumpleaños.

HECTOR

¡Me importa un carajo que sea su cumpleaños!… ¿Para qué quiere perder tiempo en cumplir años?… ¿De qué le sirven los años a un vegetal?

VINICIO

¡No hables así de papá! ¡No te lo vamos a permitir!. Virginia ¿es que no vas a decir nada?

VIRGINIA

¿Yo?… (Héctor la mira)… nada.

HECTOR

Ustedes no tienen derecho a prohibir o permitir nada… al fin y al cabo he sido yo quién se ha ocupado del viejo. ¡Mucho respeto, mucho cariño!… pero de no ser por mí ¿qué?

VICTOR

¿Qué de qué?

HECTOR

¿Cómo que qué de qué?… que es mi dinero el que mantiene vivo al vegetal.

DORA

¡No le diga así!… es un ser humano.

HECTOR (Amenazante, a Dora)

Los seres humanos piensan… los seres humanos hablan… los seres humanos comen… los seres humanos caminan… ¡y cagan!… Eso no es un ser humano. ¡Es un vegetal!

Dora se toma la ginebra de un trago, y se enfrenta a Héctor, ofendida.

DORA (cobrando fuerzas)

No es así… es una persona… y está viva… y también come… ¡y caga!… lo que pasa es que no puede hacerlo por su cuenta, y lo hace con tubitos.

HECTOR

Entonces es un vegetal con tubitos… y ya me cansé de ser yo el que paga los “tubitos”. Así que me parece maravilloso que se ofendan, y no quieran saber mas nada de mí… agarren a su padre y llévenselo… ¡y se acabó el asunto!

VIRGINIA

Héctor… esa no es la manera…

HECTOR

¿Y cuál es la manera?… ¡nueve años buscando la manera!… ¡Yo ya estoy harto de tu familia!. Mi familia sos vos… y nuestro hijo.

VINICIO (para sí)

Adoptado.

HECTOR (molesto)

¿Qué dijiste?

VINICIO (corrosivo)

He dicho “adoptado”… no vas a venir a negarlo ahora… todos lo sabemos: es adoptado.

VIRGINIA

Basta ¡por Dios!… ¡Vinicio!. ¡Eso no tiene que ver!

VINICIO

¡Claro que tiene que ver!… con hijos adoptados, no puede entenderse lo que es un padre.

HECTOR

A lo mejor… pero si sé muy bien lo que es un hijo… y los veo a ustedes dos, y veo lo que son: ¡los dos hijos de puta mas grandes que ha parido éste país!

VICTOR

¡Héctor!

DORA

¡Yo no tengo por qué seguir aquí!

VIRGINIA

¡Basta!… no puedo soportar un minuto mas… de verdad que no puedo.

Virginia intenta salir hacia la cocina. Héctor la detiene.

HECTOR

¿Dónde vas?

VIRGINIA

Voy a ver el arroz, Héctor… ¡Se va a quemar!

HECTOR

¡Que se queme!. Vos te quedás acá.. hasta que obtengamos la respuesta.

VIRGINIA

Pero ¿qué es lo que esperas? ¿Que te digan que se lo van a llevar?… eso no va a suceder. Tu sabes que nunca lo van a decir.

HECTOR

Entonces yo mismo lo pondré en la calle… ¡y que se lo lleven, si es que les interesa!

VIRGINIA

Suéltame, Héctor. Me estás haciendo daño.

Héctor la suelta. Virginia se frota el brazo. Nerviosa.

VIRGINIA

Prometiste que no te exaltarías, que hablaríamos tranquilamente… como una familia.

HECTOR

Sé que lo prometí… perdonáme… ¡Pero es que esto se tiene que terminar!

DORA (A Virginia)

Yo veré el arroz, Virginia… tu no te preocupes… yo veré que todo esté bien.

Dora sale hacia la cocina.

VICTOR (llamándola)

¡Dora!

VIRGINIA

Déjala. Somos nosotros los que tenemos que hablar. Pero en calma… siéntense.

Héctor se sienta, toma su vaso y agita los hielos. Víctor se sienta frente a él. Virginia parece tranquilizarse y también lo hace. Solo Vinicio permanece de pie.

VIRGINIA

Vinicio… ¿no te vas a sentar?

VINICIO (cortante)

Me duele el culo.

VIRGINIA

¡Como prefieras!… escuchen: Héctor y yo hemos pensado mucho acerca de ésto. Este año el niño terminará la primaria. Nosotros deseamos que estudie siga sus estudios en los Estados Unidos… pero es muy caro… y eso nos obliga a recortar de aquí… y de allá…

VICTOR

Y claro. Lo mas fácil es “recortar” a papá.

VIRGINIA

¡Lo hemos tenido durante nueve años!

VICTOR

Tu te lo trajiste de la clínica… hablaste del “calor del hogar” y de todo eso. ¿Te has olvidado?

HECTOR

No. Y tampoco hemos olvidado que la clínica la pagábamos nosotros.

VIRGINIA

Nunca me negué a tenerlo… pero… yo no sabía que iba a ser por tanto tiempo… bueno, ustedes entienden lo que quiero decir.

VINICIO

Por supuesto… estás diciendo que esperabas que papá muriera pronto.

VIRGINIA

No es así. ¡Yo nunca he deseado la muerte de papá!

VICTOR

Ninguno la deseó. Mientras estuvo vivo.

VIRGINIA

¡Está vivo!

VINICIO

No es lo que dice tu marido.

VIRGINIA

Estaba exaltado… pero siempre hemos pensado que está vivo. Por eso lo mantenemos bien, lo cuidamos… Héctor quiere mucho a papá… y sabe que está vivo. ¿No es así, Héctor?

HECTOR

Yo no dije que estaba muerto… dije que era un vegetal. Los vegetales están vivos. Hasta que llega alguien, los corta, y se los come.

VIRGINIA

¿Ven?… el caso es que no podemos seguir costeando los gastos. Es justo que ahora le toque a uno de ustedes.

VICTOR

¿En mi casa? ¿Con los niños?

HECTOR

No lo molestarán.

VICTOR

La casa es pequeña… apenas cabemos. Yo no puedo llevarlo a casa… de verdad que no. No sería adecuado… ni para nosotros, ni para papá… tal vez Vinicio. El vive solo.

VINICIO

¡Tu que sabes!

VICTOR

Ni lo sé, ni me interesa… pero no tienes hijos… y creo que no los vas a tener, por ahora.

VINICIO

¡Ni falta que hacen! Tu abasteces a la familia. Con los tuyos, y los que el argentino adopta, es suficiente. Pero yo no puedo tener a papá. Nunca estoy en casa. ¿Cómo lo atendería?

HECTOR

Una enfermera lo puede hacer.

VIRGINIA

Llévate a Margarita. Es excelente.

VINICIO

No tengo plata para pagar una enfermera.

HECTOR

De acuerdo. Nosotros pagaremos la enfermera… Víctor las medicinas y los tubos de oxígeno, y vos lo tendrás en tu casa. ¿No es un trato justo?

VINICIO

¡Ni hablar!… ¿Y los perros? ¿Que van a hacer los perros con un enfermo en la casa?

HECTOR

Mandá a los perros a la perrera, y ocupáte de tu viejo.

VINICIO

Te he dicho que no puedo… además, papá nunca me quiso. ¡Ustedes eran sus preferidos!… ¡Qué me importa papá!

VIRGINIA

¡Vinicio! ¡Cómo puedes decir eso!

VICTOR

¡Y el día de su cumpleaños!

VINICIO (casi llorando)

Está bien… está bien…. ya lo he perdonado. Hasta le compré una torta y todo.

HECTOR (harto)

¡Termínenla!. ¡Quiero llegar a una conclusión!

VICTOR (rápido)

Yo estoy de acuerdo en pagar las bombonas.

HECTOR

Primero hay que decidir quien se lo lleva.

VICTOR

Yo no puedo.

VINICIO

Ni yo.

HECTOR

Uno de los dos lo tiene que hacer.

VINICIO

Víctor gana mas que yo.

VICTOR

Pero tu no tienes familia.

VINICIO

Tu casa es mucho mas grande.

VICTOR

La tuya está vacía.

VINICIO

Tu eras el preferido de papá.

VICTOR

Y tu eres el mayor. Debes tener mas responsabilidades. Eres el hombre de la casa.

VINICIO

El hombre de la casa siempre fuíste tu.

VICTOR

Vinicio… es tu padre. ¿Vas a abandonarlo así?

VINICIO

¿Y tú? ¿Qué vas a hacer al respecto?

VICTOR

Yo tengo seis hijos.

VINICIO

Yo tengo dos perros… y un gato… y un pececito de colores.

VICTOR

Pero ellos tienen razón. Hemos descargado el problema sobre sus hombros. Alguien tiene que llevarse a papá.

VINICIO

Me parece muy justo. Hazlo tu.

VICTOR

Ya te he dicho que no puedo.

HECTOR

¡Esta discusión no lleva a ninguna parte!

VINICIO

¿Y si lo rifamos?

VIRGINIA

¿Qué? ¡Ni lo sueñen! ¡No van a rifarse a papá!

HECTOR

A mi me parece una buena idea.

VINICIO

¡Que la suerte decida!

VIRGINIA

¡No lo voy a permitir! ¡No pueden rifar a mi papá!

HECTOR

¿Tenés una idea mejor?

VIRGINIA

Podemos hablar adecuadamente, hasta llegar a una decisión.

HECTOR

Ya hemos llegado a una decisión: tienen que sacarlo de aquí ésta misma noche.

VIRGINIA

¡Héctor, por Dios!

HECTOR

Si los dejamos irse sin él, no volverán, vos lo sabés.

VIRGINIA

No estás hablando de una cosa… estás hablando de mi padre.

HECTOR

Estoy hablado de “eso” que está acabando con nuestro matrimonio… con nuestro hogar… y con nuestras vidas.

VINICIO

No veo el por qué de todo éste escándalo, después de tantos años.

HECTOR

¡Precisamente por eso!, porque ya han sido nueve años ¡y no quiero que sean diez!

VINICIO

¿Qué diferencia hace?

HECTOR

Llevátelo a tu casa, y hablamos el año que viene.

VINICIO

Pero si ni siquiera se siente.

Entra Dora desde la cocina.

DORA

Ya está listo el arroz. ¿Le pongo los vegetales?

Todos se miran por un momento.

VIRGINIA

Permiso.

Virginia sale hacia la cocina. Dora sale tras ella. Los tres hombres permanecen en silencio un largo rato, evidentemente incómodos. Vinicio se acerca a la mesa y juega con los artículos de piñata. Víctor mira a Héctor.

VICTOR

Héctor, yo reconozco que no hemos sido todo lo responsables que el caso requería, que lo hemos dejado un poco de lado…

HECTOR

¿Un poco? ¿En serio pensás eso?

VICTOR

Bueno… está bien… ¡totalmente!

HECTOR

Eso se acerca un poquito mas a la verdad.

VICTOR

Yo… es decir, nosotros… estamos dispuesto a colaborar. Me atrevo a hablar en nombre de los dos, porque sé que Vinicio también piensa así… podemos ayudar… con los gastos, quiero decir.. sé que es muy caro… y que ustedes…

HECTOR

No es por los gastos… la verdad es que quiero que lo saquen de aquí.

VICTOR

Pero…

HECTOR

Mientras estuvo bien, era un suegro extraordinario. Pero ahora se dedica a arruinar mi matrimonio. Mi esposa y yo apenas discutimos, hemos superado grandes crisis en nuestra relación… inclusive la dificultad para tener hijos.

VINICIO

¿Dificultad de quién?… porque nuestra familia ha demostrado ser muy fértil.

HECTOR

¡Eso no es asunto tuyo!… adoptamos un niño, y lo queremos como si fuera nuestro. Hemos pasado crisis económicas, anímicas, todo… ¿y ahora vamos a pelear por la presencia de alguien que ni siquiera está?. No. No voy a admitirlo.

VINICIO

Yo no puedo llevarme a papá. De verdad que no. Lo siento. Dirán que soy un irresponsable… siempre lo fuí… siempre seré la oveja negra de la familia… asi soy yo. ¿Qué puedo hacer?

HECTOR

¿Y tenemos que conformarnos con eso?… con aceptar que siempre fuíste un irresponsable, y permitir que lo sigas siendo.

VINICIO

No es eso lo que pretendo.

HECTOR

¿Y qué es entonces lo que pretendés?

VINICIO

No necesito ni que me comprendan, ni que me justifiquen… sólo que no puedo cargar con papá… ¡Es imposible!

VICTOR

¿Y entonces tengo que hacerlo yo?

VINICIO

Ese es tu problema.

VICTOR

¿Mi problema?… ése señor tuvo tres hijos… ¿te acuerdas? y tu eres uno de ellos.

VINICIO

Y tu eres otro.

VICTOR

¡Yo tengo responsabilidades!

VINICIO (rompiendo a llorar)

¡Yo también! ¿O es que las única responsabilidades de éste mundo hay que parirlas?

VICTOR (sincero)

Vinicio… no quise ofenderte… pero compréndelo… es algo natural. Tu eres soltero. Muchos hombres solteros viven con su padre… o con su madre…

VINICIO

Si. Cuando su padre… o su madre… “viven”

Entran Dora y Virginia, con la fuente del arroz y la ensalada.

DORA

¡Aquí está la comida!

VIRGINIA

Siéntense a la mesa.

HECTOR

De acuerdo. vamos.

Héctor va a la mesa. Víctor se acerca al bar y se sirve otro trago.

DORA

Así, recién hecho, es como hay que comerlo… con todas las proteínas intactas.

VIRGINIA

¿Vienes, Vinicio?

VINICIO

No tengo hambre.

HECTOR

Bueno ¡eso si que es un milagro!

VIRGINIA

Pero igual tienes que sentarte… todos a la mesa, como en los buenos tiempos.

HECTOR

¡Nunca existieron los buenos tiempos!

VIRGINIA

¡Héctor!

HECTOR

Es la verdad, Virginia… si tu papá no hubiera decidido operarse esa catarata, tendríamos un cieguito adorable y lleno de salud… ¡pero mirá lo que tenemos!

DORA

Por favor, Vinicio, cene con nosotros.

VINICIO (se deja convencer)

Está bien… me sentaré a la mesa… pero no voy a comer.

Vinicio se acerca a la mesa, y se sienta, ofendido.

DORA

Aunque sea un poquito. Usted no aceptó que le rechazara la bebida.

VINICIO

Sólo un poquitico.

Dora sonríe, y pone el plato frente a él.

VIRGINIA

Ahora, cenemos en paz.

Silencio. Dora y Virginia sirven y se sientan. Todos se miran en silencio, y comienzan a comer. Una larga pausa sin palabras. Vinicio rompe el silencio.

VINICIO

¡Que conversación tan agradable!

VIRGINIA

A veces es mejor quedarse callados.

Vinicio asiente. Todos continuan comiendo.

VICTOR (por cumplido)

Está muy bueno el arroz.

VIRGINIA

Gracias. Tu mujer colaboró.

VICTOR

Si… hay cosas que todavía hace bien, a pesar de todo.

DORA (herida)

¿A pesar de qué?

VICTOR

De nada.

DORA

Dijiste “a pesar de todo”… ¿Qué es “todo”?

VICTOR

Nada.

DORA

Todo no es nada. Son palabras que se contradicen… como blanco y negro… o bueno y malo…  o vivo y muerto.

HECTOR

Vivo y muerto no siempre se contradicen.

VIRGINIA (coloca los cubiertos sobre la mesa, furiosa)

¡No puedo soportar ésto!

HECTOR

Quedáte tranquila, Virginia.

VIRGINIA

No puedo quedarme tranquila, la comida va a caerme mal si sigo aguantándome.

DORA

Eso si es verdad. No se debe comer en estado de tensión… es malo para…

VIRGINIA (interrumpe)

¡Cállate, Dora! ¡No quiero oír tus consejos!

DORA

Yo sólo…

VIRGINIA (interrumpiendo, furiosa)

¡Si!. Nunca tienes mala intención. Nunca tienes ninguna intención. ¡Hasta tus niños los has parido sin querer, y los has criado sin enterarte!… por eso son lo que son.

DORA

¿Y qué son?

VIRGINIA

¡Una pila de monstruos infernales y malcriados! ¡Un montón de inadaptados con la cabeza hueca y los mocos colgando! ¡Todo el mundo lo dice!

DORA

¿Todo el mundo?

VIRGINIA

¡Si!… ¡Hasta tu esposo!… anda, pregúntale.

VICTOR

¡Virginia!


VIRGINIA

Anda. Dile lo que dices de tus “adorados” hijos cuando ella no está presente… o sea, casi siempre, porque nunca la sacas de la casa.

DORA

Víctor… ¿por qué dice todo eso?

VICTOR

No le hagas caso.

DORA

Si le hago. Se está metiendo con los niños.

VIRGINIA

No digo nada que no haya oído… de la boca de mi propio hermano.

DORA

Víctor… ¿eso es verdad?

VICTOR (A Virginia)

Virginia… ¿qué tiene que ver ésto?

VIRGINIA

No me interesa… es que no es justo que sólo se amargue mi vida.

VICTOR

Es mas justo que se nos amargue a todos.

VIRGINIA

Al menos es mas parejo.

DORA (casi llorando)

Víctor, dime que no es verdad… dime que nunca has dicho nada de eso. (A Virginia) Tú inventaste todo eso… lo inventaste porque me tienes envidia….  (la mira largamente) ¡Envidia!, porque tu no puedes tener hijos.

VIRGINIA

¿Envidia? ¿A tí? ¡Pero que cosa mas ridícula!

DORA

Ser madre no es una cosa ridícula. ¡No lo es!… y es mejor tener muchos niños propios, que uno ajeno que ni siquiera se parece a uno… porque yo lo he visto… ¡es negrito!

VIRGINIA

¡Que se calle!

DORA

¡Es negrito!… y no podrán desteñirlo. Con colegios caros, y estudios en el extranjerol no se le cambia el color a la gente… es negrito, y todo el mundo se dá cuenta que es adoptado, por mucho que lo escondan… es negrito… ¡y enano!

VIRGINIA

Víctor, hazla que se calle, o no respondo.

DORA

¡Enano!… tiene doce años y mide medio metro. Es negrito… y es enano.

VICTOR

Dora, basta ya. Estamos en su casa.

DORA

¡Que nos bote!. Yo no tengo ningún interés en quedarme… es estéril y envidiosa… y adoptó un enano negrito… y lo puedo decir toda la noche.

VIRGINIA

¡Que se calle o la mato!

VICTOR

¡Dora! ¡Basta ya!

DORA

¡Enano y negrito!

HECTOR (tratando de calmar a Virginia)

Virginia… ¡cortála!. Vos la provocaste.

VIRGINIA

¿Vas a defenderla? ¿A esa maldita culebra que nos insulta en nuestra casa? ¡Suéltame, Héctor!

DORA (cuadrándose)

Si, suéltala… ¡a ver que hace!

VICTOR

¡Basta!

VINICIO

¡Esto está mejor que nunca!

VIRGINIA

¡Que se vaya de ésta casa! ¡Que se vayan todos! ¡Los odio! ¡Que se vayan!

HECTOR

¡De aquí no se va nadie! ¡No sin eso!

VINICIO

¿Eso? ¿Dijo “eso”? ¿Le llamó “eso” a papá?

DORA (bailando y palmeando)

¡Enano y negrito! ¡Enano y negrito!

VIRGINIA

¡Saquen a esa mujer de aquí! ¡Sáquenla!

VINICIO

¡Le llamó “eso” a mi papá!

VICTOR (a Dora)

Dora… ¡Dora!… Basta, por favor.

DORA (sin hacer caso, continua bailando)

¡Enano y negrito!

VIRGINIA (grita furiosa, mientras Héctor la contiene)

¡Que se vayan todos de mi casa! ¡Sácalos de aquí, Héctor! ¡Sácalos!

VINICIO (al mismo tiempo)

LLamó “eso” a papá. ¿Es que vamos a permitirlo? ¿Vamos a dejar que un extranjero le diga “eso” a nuestro padre?

HECTOR (al mismo tiempo)

¡De acá no se marcha nadie! ¡No se mueven de ésta casa hasta que carguen con el viejo!

VICTOR (al mismo tiempo)

Por favor… detente Dora… ¿somos hermanos, no?

Comienza a sonar una campana intermitente. Todos se detienen y guardan silencio. Virginia se calma. Pausa. Se miran entre sí. Virginia mira su reloj.

HECTOR

El oxígeno y el suero… es la hora de cambiarlos.

VIRGINIA

Ya está bien, Héctor, suéltame.

Héctor la suelta. Virginia se frota el brazo. La campana sigue sonando.

VIRGINIA

Creo que me excedí… disculpen… estoy muy nerviosa.


VICTOR

Está bien… está bien… todos nos excedimos.

DORA

Perdóname si dije algo desagradable.

VINICIO

Dijiste “todo” desagradable.

DORA (conciliadora)

No es tan negrito… sólo algo moreno… pueden pensar que es el sol del campamento.

VIRGINIA (a punto de enfurecerse otra vez)

Escucha…

VINICIO (interrumpiendo)

¡La hora, la hora! ¡Que alguien haga callar ésa campana!

HECTOR

Si. Hay que cambiar el oxígeno.

VIRGINIA

No es la bombona… es el suero. ¡Que aguante un ratico!

VICTOR

Yo lo haré… si me explican cómo.

VIRGINIA

No. No te preocupes. Lo haré yo… es el último día que pienso hacerlo.

DORA

¿El último día?

VIRGINIA

Claro. Hoy se lo llevan ¿no es así?

Virginia sale hacia la habitación de su padre.

HECTOR

¡Hoy se lo llevan!

Y sale tras su esposa. Dora mira a su esposo, extrañada.

DORA

¿Que quisieron decir con eso de que “hoy se lo llevan”?. Tu no estarás pensando cargar con ese muerto para la casa.

VICTOR

Dora…

DORA

¡Ni hablar del asunto!… los niños pueden contagiarse… Nadie tiene un muerto en la casa, con tantos niños.

VICTOR

Dora, la “enfermedad” de papá no es contagiosa. Mientras se le mantenga el suero y la bombona de oxígeno, no hay ningún problema.

DORA

¿O sea que si piensas llevártelo a la casa?

Deja de sonar la campana.

DORA

¡Olvídalo!… a menos que quieras elegir: o él… o yo.

VICTOR

Dora…

DORA

¡Y me llevo a lo niños!… ¡A todos!

VICTOR

Ellos lo han tenido nueve años.

DORA

¡Y que lo sigan teniendo!

VICTOR

Pero es que no quieren.

DORA

No es cuestión de “querer”, sino de “poder”… ellos son los ricos de la familia. Mira éste apartamento… ¿cuánto crees que pagaron por él?… y todos estos muebles, y estos cuadros… ¿Y el colegio del negrito? ¿Sabes lo que cuesta ese internado militar? ¿Sabes cuánto pagan para que lo traten como a un recluta?

VICTOR

Pero tienen un sólo hijo… pueden darse el lujo.

DORA

¡También tienen un sólo padre! ¡Que se den los dos lujos, que tienen con qué!

VINICIO

Dora… ninguno de nosotros quiere llevarse a papá… es decir: no podemos… pero ellos tienen su parte de razón en lo que plantean.

DORA

Plantean que hay que sacar al viejo de aquí ésta misma noche.

VICTOR

Bueno… no creo que sean tan drásticos.

DORA

Yo de ellos creo cualquier cosa.

Entran Virginia y Héctor.

VIRGINIA

Es la bombona.

HECTOR

Vamos a tener que salir.

VIRGINIA

Se trancó… y hay que conseguir otra pronto.

VICTOR (ofendido, en reclamo)

¿No estaban prevenidos?

HECTOR (harto)

Hay una pequeña para las emergencias… pero no va a durar mucho… llevaremos la grande a recargar… y a que la revisen… algo ha sucedido.

VIRGINIA

Por favor, Víctor, quédate al lado de él… vigila que la aguja de la bombona nunca llegue al límite rojo… (A Héctor) Voy a sacar el carro del estacionamiento y te espero abajo.

Virginia sale. Héctor hace señas a Víctor.

HECTOR

Vení, te voy a enseñar.

Salen los dos hacia la habitación.

DORA (preocupada)

¿Es peligroso?

VINICIO

¿Que puede pasarle?

DORA

No sé… (sonríe, soñadora) ¿y si se muere?

VINICIO

Sería una solución… pero ¿quién pagaría el entierro?

DORA

No sé… solo pensaba…

VINICIO (comprensivo)

¿Sabes lo que sueño a veces?… que papá se muere… muerto y enterrado, y que una vez al año… el día del aniversario de su muerte… nos reunimos para llevarle una corona de flores al cementerio… y que allí, sobre su tumba, se desata la misma tempestad de odios reprimidos, de culpas pasadas, de insultos y acusaciones… allí, frente a todos.. encima de los otros muertos que no tienen la culpa… que se murieron como la gente ¡de una sola vez!… y me da miedo… un miedo indescriptible… como si no se tratara de un sueño. Al fin y al cabo, aquí sólo nosotros somos testigos de nuestra desdicha.

Hector entra, cargando una bombona de oxígeno.

HECTOR

No tardaremos… quedan en su casa.

Héctor sale. Dora. muy triste, mira a Vinicio.

DORA

¡En nuestra casa!… ¡nunca seremos una familia!

VINICIO

Nunca.

Vinicio se acerca a las bebidas. Se sirve. Le ofrece a Dora con un gesto.

DORA

No… estoy embarazada… y… (Lo piensa) Sírvame un vaso lleno… creo que lo necesito.

Vinicio sonríe y le acerca un vaso a Dora.

DORA

¿Sabe? Usted me cae bien.

VINICIO

¡Usted! ¡Usted!… no me trates de “usted”… somos cuñados… “hermanos políticos”. Los hermanos no se tratan de usted.

DORA

Hay hermanos que ni siquiera deberían tratarse… hay hermanos que ni son hermanos.

Dora va a beber. Vinicio la detiene.

VINICIO

¡Espera!… debemos brindar.

DORA

¿Brindar? ¿Por qué?

VINICIO

Por algo… por cualquier cosa… Brindemos por algo que no exista… por algo que deseemos poseer… por algo que no tengamos.

Dora lo piensa un momento, parece al fin tener una idea y levanta su vaso.

DORA

¡Por la familia!

Vinicio la mira, sonríe con tristeza, y levanta su vaso hacia Dora.

VINICIO

¡Por la familia!

Y chocan los vasos.

ACTO SEGUNDO

Un poco mas tarde. Dora y Vinicio conversan divertidos, con varios tragos de mas sobre su estado de ánimo. Escuchamos la risa escandalosa de Dora, provocada por algún comentario de Vinicio (seguramente ácido) y la falta de costumbre de beber. Vinicio también parece divertido con el asunto.

DORA

De verdad que es usted muy divertido. Nunca me lo hubiera imaginado… Una no se imagina que la otra gente pueda ser divertida… y menos la gente que es como usted.

VINICIO (que prefiere no entender)

Ya… ¡ya!… es mejor que no me expliques.

Dora lo mira un momento, y ríe de nuevo escandalosamente.

VINICIO

¿Y ahora de qué te ríes?

Dora deja de reir, y reflexiona antes de responder.

DORA

No sé (y comienza a reir de nuevo) no sé de que me río… pero es tan divertido.

VINICIO

Es raro que alguien se ría en una reunión de nuestra familia. ¿Te acuerdas que haya pasado antes?

DORA

No… pero una no recuerda esas cosas… la gente se ríe, o se deja de reir, de diferentes maneras.

VINICIO

Pero yo me refiero a ésta risa… a la que no lleva maldad. No a reírse unos de otros. No a reírse de la lástima ajena… a una risa pura. ¿Te acuerdas de una risa pura en una de estas reuniones?

Dora lo piensa un rato y niega con la cabeza.

VINICIO

Me imagino que no. ¡Es difícil recordar algo puro en estas reuniones!

DORA

No crea… hay cosas puras en ésta familia. Tu hermana por ejemplo… es pura… ¡pura mierda!

Vinicio la mira sorprendido por un momento. Durante éste instante ella conserva su expresión muy seria. De pronto los dos comienzan a reir, sin poder detenerse.

VINICIO

¡Pura mierda!… ¡Buenísimo! ¡Eso si que estuvo bueno!

DORA

En ésta familia todo es puro. Víctor, por ejemplo, es puro mal humor. Siempre está amargado… no se ríe… no podría decir como son los dientes de mi esposo.

VINICIO

¡Volados!… nunca le terminaron el tratamiento de ortodoncia. Todavía tiene los hierritos en la muelas… un día se le van a podrir las muelas… todo se va pudriendo poco a poco. ¡Yo creo que por eso es que no se ríe!, para que no se le vean los dientes.

DORA

Bueno… ¡que se ría con la boca cerrada!

Dora ríe de nuevo. Vinicio la mira atentamente.

VINICIO

A tí si que no te dá pena enseñar los dientes.

Dora deja de reir en seco, y se tapa la boca con las manos.

DORA

¡No me gustan mis dientes! ¡Los odio!

VINICIO

¿Están torcidos?

DORA

Peor.

VINICIO

¿Peor?

DORA

Amarillos… manchados… los lavo todo el tiempo… con limón y bicarbonato… con cuanto producto salga al mercado que prometa dientes blancos… ¡y nada!… es como una maldición. No se quita. Está ahí… dentro de una… y no nos deja reírnos.

VINICIO

Yo no los veo amarillos. No mas de lo normal.

DORA

¿Y qué es “normal” según usted?

VINICIO

Bueno… normal es… es lo que hace todo el mundo.

DORA

¡Todo el mundo es mucha gente!… ¡Todo el mundo no es normal!… hay gente anormal, que hace otras cosas… así que no es normal lo que hace todo el mundo, porque entonces todo el mundo sería normal.

VINICIO

Bueno… “todo el mundo” es una manera de decir.

DORA

¿De decir… qué?

VINICIO

¿Cómo qué?… de decir “todo el mundo”… la mayoría.

DORA

¡Ah!… ¡la mayoría!… “Todo el mundo” es una cosa… y “la mayoría” es otra cosa.

VINICIO

Entonces debí decir “la mayoría”

DORA

¿Y cuánto es la mayoría que hace que algo se normal? ¿El cincuenta por ciento? ¿El setenta y cinco por ciento? ¿El noventa y nueve por ciento?

VINICIO

¡Qué se yo, Dora!… nunca había pensado esas cosas… una cosa es normal porque… porque uno se acostumbra.

DORA (negando)

¡Una se acostumbra a todo!… Nosotros, por ejemplo, no somos normales…no hacemos lo mismo que la mayoría. No hay un cincuenta por ciento de personas en nuestra situación. Ni un setenta y cinco… no hay ni siquiera un diez por ciento… ¿Cuál es exactamente el porcentaje de familias en el mundo, que viven con un pariente así?

VINICIO

¡Yo qué sé!… un casi nada por ciento.

DORA

¡Exacto! ¡Un casi nada por ciento!… y sin embargo se nos hace normal… porque nos hemos acostumbrado. Nos acostumbramos a nuestra anormalidad, y la vemos como si fuera normal… pero no es… es sólo una costumbre. ¿Tu me entiendes, verdad?


VINICIO

Te entiendo… pero no es así: deja de ser una costumbre… y se hace normal.

DORA

¿Es normal vivir con un suegro muerto?

VINICIO

Todos vivimos con algo muerto. Algo que tenemos que cargar como un lastre, algo que nos jode la vida, pero de lo que no podemos desprendernos… a veces es un recuerdo… otras veces un temor… a veces es un matrimonio… o una soledad… a veces es una necesidad, o un desapego… a veces es un pariente vivo… y a veces uno muerto… uno de nosotros tiene su lechuga, y tiene que ocuparse de cambiarle el oxígeno.

Los dos se miran en silencio un largo rato. Se oye la voz de Víctor desde el cuarto.

VICTOR (fuera)

¡Dora! ¡Dora!

DORA (harta)

¡Coño… ya empezó a joder!

VICTOR (fuera)

¡Dora!

DORA (muy brava)

¿Qué?

VICTOR (fuera)

Ven acá.

Dora mira a Vinicio como preguntándole que hacer.

VINICIO

Anda… a lo mejor realmente te necesita.

DORA (desilusionada)

No lo creo… él nunca me ha necesitado “realmente”

Dora se levanta., y se tambalea por el exceso de alcohol. Vinicio la sostiene.

VINICIO

Creo que has bebido mas de la cuenta.

DORA

No he “bebido mas de la cuenta”… ¡Estoy borracha, que es otra vaina!

Dora va a caminar hacia el cuarto, se tambalea de nuevo.

VINICIO (también se tambalea)

¿Quieres que te ayude?

DORA

No. Yo puedo caerme sola… y me está llamando a mí. Dijo “Dora”… eso quiere decir que va a mandarme a hacer algo… solo grita “Dora” para mandar… es el prólogo de todos sus mandatos.

VINICIO

¿Quieres que vaya yo?

DORA (triste)

No. Me acostumbraría… y mañana volvería a gritar “Dora”, y yo me quedaría esperando que fueras tu… o cualquier otro… ¡no sirve para nada!

VICTOR (fuera, mas fuerte)

¡Dora!

DORA (furiosa)

¡Ya voy!

Mira a Vinicio, y sonríe con sinceridad. Se sujeta de la pared.

DORA

Tu y yo no hemos terminado de hablar.

VINICIO

Claro que no.

DORA

Tu me caes bien… ¡nunca me lo hubiera imaginado!. ¡Nunca pensé que una persona como tu sirviera para nada!

VICTOR (fuera, obstinado)

¡¡¡ Dora !!!

DORA (respondiendo, en el mismo tono)

¡Dora! ¡Dora! ¿Se te rayó el disco?

Dora sale. Vinicio se queda solo, sumido en una profunda tristeza. Se encoge de hombros. Camina hacia el equipo de sonido y lo pone a funcionar. A todo volumen la música de un tango llena la habitación. Desde el aparato Gardel canta “Sus ojos se cerraron”. Vinicio se deja llevar por la letra del tango, y comienza a llorar escandalosamente. La puerta se abre, entran Virginia y Héctor con la bombona. Vinicio nota la presencia de ellos, y detiene la música. Disimula su llanto.

VIRGINIA

¿Todo bien?

VINICIO

Todo.

HECTOR

¿Los otros?

VINICIO

Con papá.

Se oye un escándalo en la habitación.

VIRGINIA (alarmada)

¿Qué pasó?

Van a salir hacia el cuarto. En ese momento entra Víctor, que trae a su esposa del brazo. Ella se resiste, al ver que Virginia y Héctor han llegado, se detiene y los mira.

VIRGINIA

¿Qué es lo que pasa?

DORA (apenada)

No pude aguantar.

VICTOR

Yo estaba con papá… y la llamé porque necesitaba ayuda… y ella…

DORA

Perdón… perdón… es que no lo pude evitar.

Virginia sale hacia la habitación de su padre, seguida por Héctor con la bombona.

VINICIO

¿Qué pasó Dora?

DORA

No pude aguantar… estaba ahí, tan muerto y tan sucio, y sentí como un mareo… todo empezó a dar vueltas… y entonces (Se oye grito de Virginia fuera de escena) … lo vomité.

VINICIO (con infinita expresión de asco)

¿Lo… vomitaste?

Dora asiente, y comienza a reir nerviosamente. Virginia entra a escena, furiosa, y desde el umbral de la puerta, señala a Dora de manera amenazante.

VIRGINIA

¡Inmunda! ¡Asquerosa! ¡Maldita gallina preñada!

La risa se Dora se torna histérica. Héctor entra a la sala, y se acerca a su esposa.

DORA

No lo pude evitar.

VIRGINIA

¡Y te ríes! ¡Vomitas a mi papá, y te ríes!

Virginia va a abalanzarse contra Dora. Héctor y Vinicio la detienen.

VIRGINIA

¡Cochina! ¡Puerca! ¡Tu y tu preñez eterna!

VINICIO

No vomitó de preñada… sino de borracha.

Se sacude histericamente, tratando de soltarse. Dora no puede detener su risa. De pronto, casi llorando, se lleva las manos a la barriga.

DORA

Creo que hay viene otra vez.

VIRGINIA (gritando histericamente)

¡Sanquenla de aquí! ¡Llévenla al baño! ¡Sáquenla de mi sala!

HECTOR

Calmate, Virginia.

VIRGINIA

¿Que me calme?. ¡Vomitó a mi papá, y ahora quieres que me vomité mis alfombras!

DORA

Víctor… Vitico… creo que voy a vomitar.

VICTOR

Ya va… ya va… aguanta un poco.

Víctor la toma del brazo y corre con ella hacia el baño. Virginia, apoyándose en los brazos de Vinicio y Héctor que la sujetan, trata de patearla. Víctor intenta pasar lejos de su alcance. Virginia grita. Dora está a punto de vomitar otra vez.

VIRGINIA

¡Desgraciada! ¡Cochina!

VINICIO

Virginia… ten cuidado… acuérdate que está…

VIRGINIA (interrumpiendo)

¡No me interesa! ¡Que aborte!

VINICIO

¿Encima de la alfombra?

Virginia lo imagina, y grita histericamente. Víctor logra salir de escena con Dora.

HECTOR

Ya está bien, Virginia… no te pongas en ése estado.

VIRGINIA (llorosa)

Es muy fácil hablar así, cuando nunca una borracha preñada te ha vomitado a tu papá.

HECTOR

Pero… no vale la pena… vamos a limpiarlo y todo estará bien.

VIRGINIA

¿Limpiarlo?… ¡que lo limpie ella!

VINICIO

¿En el estado que está?… vomitará de nuevo.

VIRGINIA

¡No! ¡Que no lo toque! ¡Que no lo vuelva a tocar nunca en su vida!

HECTOR

Ahora hay que instalar el tubo, y olvidar el incidente. Hay cosas mas importantes que discutir.

VIRGINIA

¿Que se lo lleven, verdad?… eso es lo único que te importa… ¡que lo insulten, que lo vomiten, pero que se lo lleven de ésta casa!

HECTOR

Yo nunca he dicho nada de eso… no quiero que nadie insulte a tu papá… ya está bien… ya está… dejá de llorar.

VIRGINIA

Es que tu no sabes lo que se siente cuando te vomitan a tu padre.

HECTOR

Lo imagino, pero calmáte… todo va a terminar ésta noche… uno de tus hermanos se va a llevar a tu padre, y se va a ocupar de él… y nosotros iremos a verlo cada vez que quieras.

VIRGINIA

Héctor… ¿y si lo llevamos otra vez a la clínica?

HECTOR

Ya hemos hablado de eso… y vos sabés lo que cuesta… no podemos cargar otra vez con ése gasto. No, si queremos lo mejor para el pibe.

VIRGINIA

Podemos compartir el gasto… entre todos… ¿No es así, Vinicio?

VINICIO (no muy convencido)

Bueno… también hay hospitales públicos… ya sabes… de esos con monjitas… ¡son tan tiernas las monjitas!

VIRGINIA

Ya lo intentamos, pero no pueden recibirlo. Sólo aceptan ancianos de buena salud… o personas con impedimentos físicos.

VINICIO

El tiene un impedimento físico: está todo impedido.

HECTOR

No entra en las reglas.

VINICIO

¿Tienen reglas las monjitas?… yo pensaba que la caridad no tenía reglas.

VIRGINIA

¡Esas monjas malditas sólo quieren enfermos sanos! No te imaginas lo que son esos lugares. Te preguntan tu vida de arriba a abajo,  te cobran hasta las sábanas, te exigen que te ocupes tu mismo de tu enfermo. ¡Y encima quieren que te persignes!

VINICIO

¡No puedo creerlo!… ¿Las monjitas?

Víctor entra a escena, trae del brazo a Dora.

DORA (muy apenada)

Perdonen… nunca me había pasado algo así.

VIRGINIA (con asco)

Estás borracha.

HECTOR

Lo mejor será acostarla.

VICTOR

¿Puedo llevarla a la cama del niño?

DORA

¿Del enano negrito?… ¿Cabré?

VIRGINIA

Que no empiece otra vez… o no respondo…

VINICIO

Está borracha… no sabe lo que dice. ¡Ni siquiera lo sabe cuando está sobria!

HECTOR

Llévala, Víctor… será lo mejor.

VICTOR

Si… vamos, Dora.

DORA (mientras Víctor la lleva)

Perdónenme… yo no quise hacerlo… de verdad que no. No sé cómo pasó… estaba ahí, frente a él… y estaba tan sucio… sucio de… de “eso”, ya saben… y no me pude aguantar… una cosa, como una cosquilla me subió desde el estómago, y yo…

VICTOR

Vamos, Dora, ya está bien.

DORA

No. No está bien… yo necesito disculparme… yo no lo hice con intención.

VINICIO

Sabemos que no.

Víctor la lleva. Dora se detiene en el umbral de la puerta y los mira a todos.

DORA

Por favor… pídanle disculpas de mi parte.

Sale con Víctor. Hay un tenso silencio entre los presentes. Ninguno se atreve a decir nada. Vinicio mira a su hermana y trata de sonreir. Virginia lo mira secamente.

VIRGINIA

¿Cuál es el chiste?

VINICIO (serio)

No hay chiste.

VIRGINIA

Y entonces ¿por qué sonríes con sarcasmos?

VINICIO

Yo no sonrío con sarcasmos. ¡Por favor, Virginia!

VIRGINIA

Si, claro, “por favor Virginia”… te conozco… debería darte verguenza… es tu papá también… y esa borracha preñada lo vomitó.

VINICIO

¡Pobrecita! ¡Estaba tan divertida!

VIRGINIA

¿Divertida?… yo no veo ninguna razón para que esa incubadora sin cociente intelectual, tenga que venir a divertirse a mi casa., el día del cumpleaños de mi papá.

VINICIO

¿Y ésto no es una fiesta?

VIRGINIA

Tu sabes muy bien que no.

VINICIO

¿Yo?… yo tenía entendido que si era. ¡Si hasta traje una torta y todo!

VIRGINIA

Podías haberte ahorrado tu chiste de mal gusto… y tu inmunda torta que nadie probará.

VINICIO

Si no la quieren… me la llevo.

Héctor y Víctor entran justo en ese parlamento. Héctor mira a Vinicio.

VINICIO (aclarando, rápido)

A la torta… a la torta.

HECTOR

¡Vaya! ¡Yo que sentí que me había quitado un peso de encima!

VINICIO

¡Será porque soltaste la bombona!

VIRGINIA

Bueno… ahora podemos hablar.

VINICIO

¿Mas?

HECTOR (definitivo)

Hablar seriamente y de una vez por todas.

VIRGINIA

Héctor… creo que también tu deberías dejarnos.

HECTOR

Virginia… por favor…

VICTOR

Tiene razón. Al fin y al cabo el problema es nuestro.

HECTOR

¡Será ahora!… porque hace nueve años que vengo cargando con él. Y no voy a marcharme justo ahora… quiero escuchar sus propuestas.

Héctor mira  a Vinicio y a Víctor. Vinicio se acerca al bar y se sirve una vez mas.

HECTOR (furioso)

¿Y querés dejar de tomarte nuestra ginebra?

VIRGINIA

¡Héctor!

HECTOR

¡Ya basta, Virginia!… tus hermanos han vivido nueve años a expensas nuestras.

VINICIO

¿A expensas de ustedes?… no sé por que lo dices… yo nunca les he pedido nada.

HECTOR

¿Ah no? ¿Y cómo llamás a ésto?… a cargarme a mi cuenta los costos de ese viejo que no es nada mío. ¡Todo! ¡la clínica!… ¡la famosa operación…!

VICTOR (completando la frase)

Que no debieron pagar. Yo lo dije. Si hubiéramos demandado a la clínica, habríamos sacado una buena cantidad de dinero a cambio de papá.

VIRGINIA

¡Cómo pueden hablar así!

VICTOR

¡Ya estuvo bien de esforzarse por decirlo bonito!… es fácil encontrar palabras, lo lo terrible es lo que está por debajo de ellas. Aquí estamos hablando de salir de papá. ¡Es lo que todos queremos!

VIRGINIA

Pero… ¿qué es lo que dicen?. ¡Yo ni siquiera he pensado semejante cosa!

VICTOR

¡Por favor, Virginia!

VINICIO

Todos, alguna vez, en algún momento, en estos últimos nueve años, hemos soñado con ver a papá muerto… muerto realmente… ¡Muerto!, y que lo podamos enterrar… a lo mejor así hasta volveríamos a ser hermanos… como antes.

VICTOR (sincero)

Nunca fuímos buenos hermanos.

VINICIO (dándole la razón)

Es verdad… pero podemos intentar dejar de ser los peores.

VIRGINIA

¡No puedo creer esto!. Ese hombre del que hablan es nuestro padre.

VINICIO

“Fué” nuestro padre.

VICTOR (sentimental)

Cuando nos servía para algo… cuando era capaz de hablar, aunque fuera para llevarnos la contraria… cuando se ocupaba de nosotros.

VINICIO (extrañado)

¿Cuándo se ocupó de nosotros?

VICTOR

Cuando pensaba… razonaba…

VINICIO

Creo que hablas de otra persona.

VICTOR

¡Cállate, Vinicio!… Virginia, ese ser moribundo, que necesita de una máquina para vivir, de una bombona para respirar… ¡no es nuestro padre!… no será dificil… sólo hay que desconectar la corriente por un ratico… parecerá un accidente. Nadie tuvo la culpa. Nadie quiso hacerlo. ¿Qué hijos serían capaces de desenchufar a su propio padre?

VIRGINIA

Unos hijos desnaturalizados… unos hijos sin sentimientos, sin respeto, sin escrúpulos… unos hijos como ustedes… ¡unos hijos de…

Se interrumpe. Está furiosa. Vinicio la incita a seguir.

VINICIO

¡Dilo! ¡Dilo!… mamá no se va a ofender.

VIRGINIA

¡Fuera de mi casa! ¡Fuera de aquí enseguida!

VINICIO

¿Esa es tu última palabra?

VIRGINIA

¡Si! ¡Y no habrá otra!

Víctor y Vinicio se miran.

VICTOR

Muy bien… si eso es lo que quieres.

Hacen ademán de irse. Héctor los detiene.

HECTOR

¡Un momento! ¡De aquí no sale nadie!

VINICIO

No es eso lo que dice tu mujer.

HECTOR

Hay que comprenderla… ¡lo quiere!

VICTOR

Todos lo quisimos alguna vez… (por Vinicio) Bueno… casi todos.

HECTOR

Dejenme hablar con ella, por favor.

VINICIO

Hazlo. Estás en tu derecho.

HECTOR

A solas.

Víctor y Vinicio se miran de nuevo. Vinicio hace un gesto que parece decir “mejor “

VICTOR

Estaremos en el cuarto de papá.

VIRGINIA (alarmada)

¿En su cuarto? ¿Por qué ahí?

VINICIO (cariñoso)

No te preocupes, Virgi… no lo vamos a vomitar.

Víctor y Vinicio salen. Virginia mira por un instante a su esposo. A la vez con odio y con un poco de temor. Ella se sienta, aferándose al brazo del sillón. Héctor se sienta muy cerca de ella, la mira.

VIRGINIA

Inténtalo… consigue las palabras para convencerme de que debemos salir de papá.

Héctor se acerca, y la acaricia con ternura.

HECTOR

Virginia, aceptálo: el mundo en que nos tocó vivir, no nos dá la oportunidad de ser muy sentimentales. No podemos aferrarnos al pasado…

VIRGINIA

¿Cuál pasado? ¡El está vivo!

HECTOR

¿Por qué? ¿Porque su corazón late? ¿Porque es capaz de respirar?. Hay países donde una persona está legalmente muerta, cuando el cerebro deja de funcionar.

VIRGINIA

¡Son otros países!

HECTOR

Bueno… podemos imaginar que se fué de viaje.

VIRGINIA

¡No seas cínico, Héctor!

HECTOR

¿Y que querés que sea?… decime: ¿cómo sabés que estamos haciendo lo mejor? ¿Crees que él es felíz?. Allí, acostado, ni vivo ni muerto. En la mitad de un camino desconocido. ¿Que nos dá derecho a presumir que mantenerlo en ése estado es lo mejor?

VIRGINIA

¿Y pretendes suponer, que lo mejor será empujarlo, para que termine el camino?

HECTOR

Bueno… al menos le pasará algo.

VIRGINIA

¡No puedes saber eso!… nadie lo sabe. ¿Y si no hay nada después de ésta vida?… sólo un vacío eterno dentro de una urna de madera, bajo la tierra húmeda. ¿Es un futuro prometedor?

HECTOR

¡Qué se yo!… al menos en un futuro… ¡y ningún muerto se ha quejado hasta ahora!

VIRGINIA

¡Héctor! ¿Cómo puedes decir chistes en éste momento?

HECTOR

Trato de ser serio… pero vos no me lo permitís. Hablo de proporcionarle a tu padre descanso. Sería un acto de humanidad, vista su condición.

VIRGINIA

¡Convénceme que haces ésto por humanidad!. Sólo quieres salir de él… igual que Víctor y Vinicio.

HECTOR

Nos juzgás peores de lo que somos… sólo somos humanos. Vivimos en la realidad… tu padre cercena el futuro de nuestro hijo… le coarta miles de posibilidades. El dinero que invertimos en el vegetal ¿no estaría mejor invertido en el niño?… ¡hay tantas cosas que podemos hacer por él!

VIRGINIA (temerosa)

Héctor…

HECTOR

Siempre quisimos un hijo, y planificábamos darle lo mejor de lo mejor… ¡ahora lo tenemos, Virginia!, aunque no sea nuestro.

VIRGINIA (maternal)

Es nuestro.

HECTOR

Tenés razón. Es “nuestro”. Nuestro hijo, y soñamos con darle lo mejor. No se lo negués.

VIRGINIA

¿Yo?

HECTOR

Vos. Accedé a lo que proponemos. Accedé sin hacernos sentir culpables. En el fondo, también nosotros tenemos conciencia. Por favor, no lo veas como un crimen. No lo es.

VIRGINIA

¿Ah, no? ¿Y cómo se llama al hecho de matar a otra persona?

HECTOR

No lo sé… hay tantas maneras… están los abortos, por ejemplo… hay países dónde están legalizados los abortos.

VIRGINIA

¡No en éste país!

HECTOR

Bueno, imagináte en otro país. En uno dónde los escrúpulos no estén institucionalizados. En uno menos hipócrita. Porque ¡serán ilegales!, pero en éste país aborta todo el mundo… bueno, menos tu cuñada.

VIRGINIA

¡No puedo concebir algo así!

HECTOR

Si podés. Todos podemos. Admitilo.

VIRGINIA

No.

HECTOR

Está bien, lo que vos quieras… ¡seguiremos cargando con nuestro vegetal! ¡Adiós al internado en el extranjero! ¡Adiós a las posibilidades de progresar! ¡Adiós a mi pequeño estudio, y a nuestra intimidad! Vamos a sacrificarlo todo, para tranquilizar tu conciencia.

VIRGINIA

No es eso lo que te pido… hace nada hablabas de otra manera… planificábamos todo, sin hablar de la muerte de papá… ¡si uno de ellos se lo llevara!

HECTOR

Sabés que nunca se lo llevarán.

VIRGINIA (estallando)

¡Pues deberían! ¡No tenemos que seguir cargándolo nosotros!

HECTOR

¡Ahí está! ¡Se te salió! ¡Vos también querés salir de él!

VIRGINIA

¡No! ¡No digás eso nunca mas!, si es necesario que se quede aquí. Yo trabajaré de nuevo… ganaremos mas dinero… no gastaré en cosas innecesarias… y el niño podrá viajar, para estudiar en otro país… en ése que tu dices: menos hipócrita.

HECTOR (decepcionado)

¡No existe ése país!

VIRGINIA (vencida)

Héctor… siento que voy a enfermarme… por favor, terminemos con esto.

HECTOR

De acuerdo… pero acordáte siempre que vos lo quisiste así.

Héctor se acerca a la habitación y llama a los demás.

HECTOR

¡Víctor! ¡Vinicio! ¿Podés venir un momentico?

Entran Víctor y Vinicio. Miran a la pareja, expectantes.

VINICIO

¿Que pasó?

VICTOR

¿En que quedaron?

Virginia mira a sus hermanos, y luego a su marido. Hay una pausa muy tensa.

VIRGINIA

Papá se queda aqui.

VICTOR (aliviado)

¿De verdad?

VINICIO (dudando)

¿Para siempre?

VIRGINIA

Hasta que se muera por su cuenta y riesgo. Pero hay una sóla condición: no quiero volver a verlos nunca más.

VICTOR (extrañado)

¿Qué dices, Virginia?

VINICIO (ofendido)

No estás hablando en serio.

VINICIO

¿Nos cambias por un muerto: ¿A tus hermanos?


VIRGINIA

¡Para los hermanos que me tocaron, los cambiaría por cualquier cosa!

HECTOR (explicativo)

Es su conciencia la que habla. Virginia tiene una conciencia muy suceptible, que no le permite cambiar el pasado por el futuro. Habíamos hecho planes… soñado cosas, que iban a comenzar a pasar a partir de éste día… ahora estamos de nuevo en el principio.

Pausa muy larga. Vinicio se acerca a su hermana.

VINICIO

Virginia… no vale la pena. El no es felíz. No se puede ser felíz de esa manera. Solo, sin nadie que lo quiera a uno… sin ninguna esperanza… sin ningún futuro. Nueve años ahí, sin la posibilidad de estar en otra parte. El no es felíz… lo sé, porque tengo gran experiencia en asuntos de infelicidad… reconozco la cara de la infelicidad. Me miro en el espejo, cada mañana, los veo a ustedes, miro a papá… ¡y no somos felices! ¡hace mucho que no lo somos!… podemos darle la oportunidad a papá. ¡Al menos a él!

VICTOR

No estamos haciendo un acto de misericordia al mantenerlo así. Nos amargamos nuestras vidas. No se puede vivir para una botella de suero, para una campana que avisa que ha llegado el momento de alimentarlo, de limpiarlo, de ayudarlo a respirar…

VINICIO

No se puede vivir para cambiar sondas… ni para cambiar bombonas. Tu no vives…

VICTOR

El, no vive.

VINICIO

Nosotros no vivimos…

HECTOR

Y está el niño… ¿qué culpa tiene el niño?… apenas se acuerda de él… la única imagen que tiene de su abuelo es un ser inmóvil, lleno de cables y tubitos. El no lo puede querer… y ése ser que no conoce, que no quiere, le exige tantos sacrificios ¡o mas! que a nosotros.

VINICIO

Tenemos otros muertos que cargar… otros, que están mucho mas vivos… tenemos nuestras propias culpas, nuestras propias tristezas… añadir una mas ni siquiera se notará… lo enterraremos, dejaremos de verlo… las cosas se olvidan cuando dejan de verse… también en eso tengo una vasta experiencia.

VICTOR

Nadie revisa la conciencia ajena… porque no se puede… y porque no se atreven… en éste mundo, todos terminamos desenchufando a nuestros padres.

HECTOR

No se vive para los antepasados, sino para los descendientes. A lo mejor un día sea nuestro hijo el que nos desenchufe a nosotros… pero se merece la oportunidad.

VICTOR

Es el castigo de los padres por traer hijos al mundo. (Mira a Vinicio, muy serio) ¡Y en ése asunto, el de mas experiencia soy yo!

HECTOR

Pero, claro, vos no lo aceptarás nunca. No vos, que sos mejor que los demás. Que te creés con derecho a juzgar, porque nunca cometiste un error. Porque nunca fuíste injusta. Porque sos como sos, o como creés que sos, y los demás tenemos que comprenderte, porque, como sos mejor, siempre tenés la razón.

Virginia ya no puede contener el llanto, los mira a todos, derrotada, y habla muy bajito.

VIRGINIA

Desconéctenlo…

HECTOR

¿Que dijiste?

VIRGINIA (enfrentándolos)

¡Desconéctenlo! ¡Háganlo!… ustedes aseguran que es lo mejor… que no es un crimen. Bueno, desconéctenlo… pero no voy a estar allí.

VICTOR

No va a sufrir… dejará de respirar… es decir, la máquina dejará de respirar por él… y listo… en unos minutos todo habrá terminado.

VIRGINIA

Hay una planta de emergencia.

HECTOR

Sólo controla el monitor… no sirve para nada… la conecté así, por si algún día había un apagón accidental… ¡no hubiera sido culpa de nadie!

Virginia lo mira duramente, sorprendida. No puede decir nada.

HECTOR

Ahora me atrevo a decírtelo, porque aceptaste que es lo mejor. ¡Hace mucho que vengo pensando en ésto!. Ahora ya lo sabés… ahora no importa.

VIRGINIA (decepcionada)

Tienes razón, ahora nada me importa. ¡Pobre papá!… vayan de una vez, y háganlo… ¡vayan los tres!, y prometanme que nunca sabré cual de los tres lo hizo.

Los tres hombres se miran largamente. Asienten entre sí, en silencio.

VINICIO

Prometido.

Salen. Virginia se queda sola, y al pensar en lo que va a ocurrir la recorre un estremecimiento. Se abraza a sí misma, tal vez para darse seguridad, o para sujetarse y no correr a detenerlos. Entra Dora, desarreglada y con el maquillaje corrido. Es evidente que apenas ha podido dormir.

DORA

¿Dónde está todo el mundo?

VIRGINIA (se sobresalta al oirla)

Ah, eres tu… me había olvidado que estabas aquí… ya no están…

DORA

¿Cómo que no están?

VIRGINIA

¡Eso! ¡No están!… ¡se acabó la fiesta!

DORA

¿Así? ¿De pronto?

VIRGINIA

¡Cómo se acaba todo!… las cosas duran años, parece que nunca van a cabarse… y de pronto ¡click!, y se terminan.

DORA (pensando en el asunto)

¿Click?

VIRGINIA (mira a Dora un largo rato)

Dora… ¿tu eres felíz?

DORA (extrañada)

¿Por qué me preguntas eso?

VIRGINIA

Sólo pregunto… ¿lo eres?

DORA

No estoy segura.

VIRGINIA

Si no estás segura, no lo eres.

DORA

Entonces… supongo que si lo soy.

VIRGINIA

Tienes una casa, un esposo, tus hijos… ¡todos tus hijos!… ¿es eso suficiente para ser felíz?

Dora lo piensa un momento, y se entristece.

DORA

A veces creo que soy muy felíz… otras veces… ¡no sé!… pienso que nadie puede ser felíz todo el tiempo. No sería justo.

VIRGINIA

No… ¿Pero qué es justo en ésta vida?

Dora se acerca a la mesa, y mira la torta.

DORA

¡La Torta! ¡Nos olvidamos de la torta!… es una fiesta, hay que picar la torta… es el único momento que me gusta de éstas reuniones.

Saca la torta y comienza a prender las velas. Virginia se acerca y la mira con profunda y sincera lástima.

VIRGINIA

¡Eres tan estúpida!

Dora detiene su acción, y mira a Virginia, sinceramente dolida.

DORA (dolida)

Virginia…

VIRGINIA (suave, sincera)

No. No te estoy insultando… ¡Si supieras la envidia que me dá!

Dora la mira extrañada. Virginia vuelve a estremecerse y sale del apartamento. Dora termina de prender las velas. No nota la salida de Virginia.

DORA

¿Dónde están todos?… vengan a picar la torta, que se van a gastar las velitas… ¡Vengan! ¡No voy a cantar sola!… y alguien tiene que soplar por el viejo.

Pausa. Ella sigue mareada, y se aferra del mantel.

DORA

Bueno ¡vengan de una vez! ¡no los voy a esperar toda la noche! (Nueva pausa) ¡Está bien! ¡En el fondo ninguno quiere al pobre viejo!… yo cantaré solita… ¡me encantan los cumpleaños! (comienza a cantar) Cumpleaños felíz… (se detiene) ya va… primero hay que pedir un deseo… ¿que puede desear alguien que tiene nueve años muerto?… bueno, puede desear “eso”, pero no vale pedir cosas imposibles… a ver… “que sus hijos lo quieran”… no, eso también es imposible… ¡ni siquiera puede pedir cumplir mas años! ¡No creo que quiera cumplir mas años! ¡Ese pobre viejo está tan mal que ni siquiera puede tener deseos! (habla hacia el techo) Ey, viejo ¿me regalas tu deseo?. (razona, extrañada) ¿O habrá que hablar hacia abajo?… ¿Dónde estarán los muertos que no se han muerto?… bueno, igual no puede decirme que no… deseo (se lleva las manos al vientre) deseo que Leo sea varón… a los varones les va mejor en la vida… bueno, a algunos… ¡Coño, se van a acabar las velas! ¡Apaguen la luz! (se apagan las luces del apartamento) Ah… ¡me oyeron… entonces si están cerca… canten conmigo… (canta) cumpleaños felíz… te deseamos a tí… cumpleaños (se detiene, prueba palabras con la melodía) “pa – pa – á”… no, no es mi papá… “su – e – gro”… ¡suena feo!… cumpleaños “lechuga”… ¡eso si pega!… “cumpleaños lechuga, cumpleaños felíz” (y sopla las velas)

Total oscuridad. Se escucha el bip del monitor cardíaco, que suena cada vez mas lentamente hasta que se queda pegado en un biiiip muy largo, que se va desvaneciendo en la oscuridad.

TELON

A 2,50 la Cuba Libre de Ibrahim Guerra

A 2,50 LA CUBA LIBRE

(vivencias, angustias y finales de cinco mesoneras)


De Ibrahim Guerra


PROLOGO:

LUÍS BRITTO GARCÍA

¿A 2.50 la Cuba Libre?… Sí, la botella de añejo y las latas de Coca-Cola que sirven en el espectáculo – derecho obtenido al comprar la entrada – permite situar en ese precio verdaderamente módico cada vaso de la inconciliable mezcla de ron caribeño y gaseosa imperialista. Pero, ¿es indispensable en Venezuela asistir al teatro a beber? Quizá lo contrario sea verdad: en Venezuela es indispensable beber para poder asistir al teatro. Ese juego liberador de máscaras y desenmascaramientos, de disimulaciones y de catarsis, sólo es posible para la inmensa mayoría de los venezolanos en el botiquín, ese templo del subdesarrollo en cuya gloria han oficiado Román Chalbaud y ahora Ibrahím Guerra.

Las fuerzas desencadenantes que Artaud atribuía a la peste, en nuestro país están reservadas a la caña. No hay ejercicio de mímesis tan complejo como el del ebrio criollo que sucesivamente se imagina insuperable, perdonavidas, rey de este mundo y derrotado, en parte porque sólo a través de esta sucesión de antifaces asoma la verdad brutal.

Vamos al botiquín a constituirnos en actores y directores de dramas eternos; vamos al botiquín como espectadores de lo inesperado que será siempre lo mismo. No en balde la retórica del despecho está tan perfectamente codificada en boleros, rancheras y guarachas. En el trabajo y en el hogar nos imponen nuestros papeles, sólo en el teatrillo del botiquín tenemos la ilusión de que los elegimos. Por eso nadie bebe encapillado. Sería tan triste como representar en un escenario vacío. Es por ello perfectamente válido este juego de Ibrahím Guerra que nos distrae del teatro del botiquín para darnos el botiquín en el teatro. Espectáculo total, el night-club de mala muerte nos envuelve, nos sahúma y nos embriaga. Ibrahím Guerra nos aproxima a su ambiente aprisionándonos, donde los espectadores somos el espectáculo, lejos del amparo tibio y tradicional de las butacas, anclados, por el contrario, a horripilantes mesas con mantel de hule, castigados por indescriptibles cuadros de la escuela de P. Martínez. No es, desde luego, el primer experimento de innovación en el espacio escénico que se hace en Occidente – recordemos el Fausto de Grotowsky, donde los espectadores son comensales en una larga mesa – pero es una proposición inteligente, eficaz, y, después que se la ve, prácticamente inevitable. Prueba de su poder, el interés con el que a veces, durante la función, seguíamos las expresiones de los rostros del público en la barra. Pero es que había dejado de ser público, para pasar a ser espectáculo.

Un replanteamiento del espacio escénico debe conducir inevitablemente a un replanteamiento del texto y de la acción. La barra de botiquín no es un palco; desde ella no podemos seguir el hilo de un desarrollo dramático tradicional sino la turbamulta de la confesión entrecortada, del chisme entreoído y de la reyerta procaz. Confesión, chisme y reyerta planteados necesariamente a través de dos recursos expresivos: la obscenidad, para el énfasis y el cliché, para el matiz. Estas pobres mesoneras hablan con un lenguaje tan alienado como su sexo: a la sensualidad mercantilizada, usada como recurso de supervivencia y no de placer, corresponde el lenguaje expropiado, mezcla de interjecciones, dolorosas, lugares comunes y aceptación resignada. Lenguaje de amenaza, de disimulo y de manipulación, antes que de comunicación: lenguaje sin habla, monstruosa y última desposesión del oprimido.

Ello debe ser así – y parte de la calidad de A 2.50… se fundamenta en este conjunto de relaciones necesarias e insoslayables, porque las mismas existencias de las mesoneras protagonistas son vidas-clichés, discos rayados de un pequeño universo que en alguna forma resume al país. Pues en este pequeño infierno femenino, desde luego, hay una empresaria que explota, una política que intimida con sus relaciones con la policía secreta, una intelectual que maneja la dialéctica de una siquiatría marginal, una tradicionalista que sólo recuerda grandezas que nunca existieron y una víctima. Era inevitable que Ibrahím Guerra intentara en su primera empresa como dramaturgo, instalarse a sus anchas en el mundo de las mujeres prisioneras que trató en sus anteriores experiencias como director en la Casa de Bernarda Alba de Lorca, la Medea de Eurípides, porque aún prisionera, la mujer sigue siendo la gran protagonista de ese inmenso botiquín que es la cultura popular latinoamericana. Víctima o victimaria, santa o prostituta, abandonada o traidora. Ella es el centro de todas las canciones, el fin de todas las búsquedas, la raíz de todos los remordimientos. La noche que vi A 2.50…, tuve inacabables pesadillas con mesoneras y bares. Quizás entreveía en esa forma que la mujer es el tema central de nuestra cultura, tan acusada de misógina. Sin ella, nada o casi nada habría. A 2,50… una terrible flor a esa continua ofrenda. Elevemos nuestras baratas cubalibres uniéndonos al coro, para mí sagrado: “Tú, sólo tú”.

Luis Britto García

PERSONAJES

Doris, alias La Caimana: 39 años. Nace en Cali, Colombia su infancia la desarrolla en varios hogares. A los 18 años abandona el último de ellos y se desplaza a Maracaibo, donde comienza a trabajar como bailarina. Su incesante búsqueda de nuevos horizontes, la conduce a Caracas. Allí comienza a trabajar como fichera en distintos bares. Finalmente llega a El Acuario; logra comprarlo con los ahorros acumulados durante todos sus años de trabajo.

Lourdes Coromoto, alias La Güevona: 24 años. Nace en Caracas. De padres desconocidos, fue criada por una familia que la recogió de la calle donde la habían abandonado a los pocos días de nacida. Recuerda su infancia trabajando como recolectora de desperdicios en los mercados de Caracas. A los 12 años es violada por el marido de la mujer, a cuyo cuidado estaba. Desde los 17 años trabaja en varios prostíbulos de La Guaira, hasta que decide regularizar su vida y comienza a trabajar como fichera en El Acuario. Actualmente espera su primer hijo.

Eneida, alias La Sabrosa: 26 años. Nació en Maracaibo. Desde muy pequeña y junto a sus dos hermanos, su madre la traslada a Caracas fijando residencia en el barrio Los Sintechos de El Cementerio. A los 17 años se une sentimentalmente, pero al no ver satisfechos sus anhelos matrimoniales, se separa. Sin abandonar la idea del matrimonio, continúa buscando quien le haga cumplir su más caro sueño. Actualmente comparte su vida con un integrante de un cuerpo policial venezolano, quien le permite ejercer en El Acuario su oficio de fichera

Carmen Alicia, alias, Blanca Rosa: 42 años. Sus múltiples decepciones amorosas y la muerte de su pequeño hijo, por inanición, la han llevado a ser una mujer deprimida y violenta, que sólo encuentra consuelo en el alcohol y en las magníficas interpretaciones de la magistral Blanca Rosa Gil. Agujas de tejer y ramitas de mango han extraído, en varias oportunidades, de su vientre, el fruto de su malograda vida. Permanece en El Acuario, sin trabajar.

Yajaira, alias La Enrollada: 25 años. Nace en Barinas de una familia humilde. Deja sus estudios por un embarazo que finalmente termina en aborto, provocado de tal manera que la deja estéril. Desde entonces abandona sus estudios y su hogar para comenzar a trabajar como fichera en un bar de su estado natal. Las múltiples vergüenzas a que somete a su familia con su trabajo irregular, hace que conduzca su paso a la capital del país. Allí continua ejerciendo el único oficio que conoce. Hace seis meses que trabaja en El Acuario.

ESPACIO ESCÉNICO

Será la representación fiel de un bar, de cualquier bar de Caracas. La división convencional entre el público y actores, no existirá. Los primeros ocuparán las sillas de las mesas del local. Para tal efecto, la sala teatral debe carecer de escenario frontal, a la italiana. Las mesas de “fórmica” (20 ó 25), ocuparán gran parte de ella. Alrededor de las mesas se colocarán las sillas tipo pantry.

A un extremo del espacio escénico, se hallará la barra para el servicio de licor con su correspondiente estante para botellas; a otro lado, la rockola. Las paredes del local estarán tapizadas con papel que imita terciopelo, con un dibujo labrado que recuerda las formas francesas del barroco. Las paredes las rematan chapas de madera brillantes y, sobre ellas, lámparas de pared. Serán estas lámparas las únicas que dispensen la escasa luz que requerirá toda la representación. Sólo en algunos momentos se utilizará una luz mayor y concentrada sobre una acción particular. Está será originada por reflectores de alta potencia. Deben existir uno o dos accesos a baños, cuyas puertas, al igual que las otras del establecimiento, estarán cubiertas por cortinas de tela burda, rematada en flecos rojos. El olor del local será fuerte, rancio: extraña mezcla de humo, alcohol y orines.

Antes de que el público comience a entrar en la sala, ya la rockola debe estar funcionando, de manera tal, que al entrar ya encuentre el ambiente ligeramente caldeado. Sólo se encuentra, sentada en la barra y ya borracha, Blanca Rosa. Tiene un vaso en una mano y con la otra dibuja extrañas figuras en el aire.

Las actrices se encargarán de ayudar a los espectadores a que ocupen sus respectivos puestos: le tomarán el pedido, se lo traerán a la mesa y le cobrarán inmediatamente el costo del mismo. Estas deben ser convenientes en la toma del pedido y provocar que los espectadores tomen la mayor cantidad posible de licor en esta primera parte del espectáculo; si es posible, procurarán que los espectadores las inviten a tomar, y por supuesto y de acuerdo con el viejo truco del fichaje, tomarán bebidas suaves o muy mezcladas, aunque si desean tomar algo fuerte, estarán en libertad de hacerlo.

En la rockola se escuchará constantemente música cantada por Daniel Santos, Blanca Rosa Gil, Toña La Negra, Panchito, José Luís Moneró. , Tania, Lila Morillo – en su primera época -, y otros cantantes reconocidos por su debilidad rockolera o típicamente botiquinera. Las actrices alimentarán constantemente la rockola y serán ellas las encargadas de seleccionar la música. Naturalmente, el bolívar lo obtendrán de los mismo clientes, con el viejo argumento de: “Préstame un bolívar pa’ la rockola…” o ¿Qué quieres oír…?, o “Préstame acá un bolívar pa’ poné esta vaina a valer…” o de la caja.

El resto de las actrices seguirá llegando al local. Unas, seguirán directo al baño o al salón interior del bar, para retocarse o cambiarse de ropa; otras lo harán directamente en el mismo bar, utilizando la barra como toilette y guardando en lugar seguro su bolso de calle y quedándose sólo con el monedero, donde guardarán el dinero proveniente de la venta de licor al público.

Toda esta suerte de ubicación y ambientación, tanto del local como del público y las actrices, será lo fundamental en esta parte del espectáculo. Para ello, las actrices deben valerse de todos los registros y argumentos de sus respectivos personajes. También la música y el licor ayudarán a crear el ambiente necesario para la continuidad del espectáculo.

El público deberá vencer el primitivo temor o aprensión que ese lugar tan denso le produzca; debe despojarse de sus naturales tensiones y agotar todas las posibilidades visuales que el ambiente y las actrices sobrias le presenten; así como acostumbrar el oído a la mezcla de sonidos que se producirán allí. Debe, en definitiva, llegar a sentirse cómodo en ese ambiente que, aunque sórdido, no deja de aportarle un permanente espectáculo.

(La Güevona se encuentra fichando o en una de las mesas. Se levanta para servir unos tragos y de regreso, se encuentra con La Sabrosa, que se halla sentada sola en una mesa o de pie recostada de alguna columna.)

LA GÜEVONA: (A la Sabrosa) Chica ¿qué te pasa que estás tan melancólica?

LA SABROSA: Nada, aquí… “in this corner”… ¿Y tú? Estás como depre…

LA GÜEVONA: ¿Te diste cuenta?… Yo creía que no se me notaba…

LA SABROSA: ¡Cómo eres tan discreta y tan guilladita, no joda! Si tienes una boquita, mi amor, que parece una Sansui…

LA GÜEVONA: ¿Una qué?

LA SABROSA: Una Sansui, güevona, ¡una corneta! ¡No te quedas con nada; todo lo dices! ¡Un día de éstos, te van a joder por bocona!

LA GÜEVONA: ¿Qué yo soy habladora? Yo lo que siempre digo son mis vainas; es que yo no me puedo quedar con nada, chica… Fíjate, por eso es que estoy así, pasoneada. Mira, tú te diste cuenta que estoy jodida, ¿no? ¡No joda! ¿Y como no voy a estarlo? ¿Tu no sabes la última del que te conté?

LA SABROSA: Sí, que lo mandaste pa’l carajo, porque lo cachaste.

LA GÜEVONA: No, ojalá fuese eso. ¡Peor! Pero me lo tengo merecido, porque soy una güevona. Me dio tremendo corte, y lo peor es que el coño’e madre ese sabe que me tiene prensada. ¡No joda!. Pero eso no se hace, la vaina no es así. Mira, yo me quedé loca con ese corte. El tipo me lo ha dicho así, cortante. Me quedé atónita… Porque ¿tú sabes lo que es eso? Yo no me esperaba eso, y él, muy tranquilo, así, tranquilo, tranquilito, como si nada, así tú sabes como quien ve llover, tu sabes, así… ¡Imagínate, me lo zumbó! ¡Tremendo gancho a la derecha! Me cortó, chica, me cortó las patas; ¡muérete! ¡Pero olvídate, esto no se queda así, porque lo que soy yo, bueno, tu me conoces. Y el coño’e madre se cree el último librium del manicomio. Yo no he visto en mi vida una vaina así. ¡Coño, me saca la piedra ese maldito hombre, muérgano, ojalá se muera, ¡no joda! (Está a punto de llorar) Yo no me merezco esto, tu sabes que no me merezco esta vaina… ¡Y quién sabe por qué pedazo de puta me habrá dejado en esta peladera, ese muerto de hambre que no tiene ni donde caerse muerto! Y déjame decirte que esas dos camisitas que tiene se las regalé yo, coño. Pero te juro que si se las veo puestas se las rompo encima, y tú sabes que soy capaz de esa vaina, coño, y de mucho más. Mira, yo no me la calo, la pinga, porque ¿qué gana una con ser tan güevona?, ¿Ah? ¡Nada! ¡Un coño, no joda! Mira, yo te lo juro, porque si él es una vaina, una vainota, ya tú vas a ver lo que le va a pasar, coño, porque alguna vaina le hago ¿Tú crees que esto se va a quedar así? No, mi amor, qué va, ¡ni de vaina! ¡Esto no se queda así! Yo lo voy a ver comiendo mierda. (A punto de llorar de nuevo) ¡no joda! Una en esta mierda, sirviendo mierda, para eso es que una sirve, pa’ servir mierda; y llega un coño de madre, que una no sabe chica ni siquiera quién coño es, y la pone a una así, chica. ¡Coño, yo soy güevona, definitivamente, más güevona no puedo ser! ¡Coño, no joda! (Violenta). Pero lo voy a joder, te lo juro: mira (Jura), ¡Por ésta…! Pero mira, ven acá. Si tú llegas y te encuentras a un tipo que te mete tremenda coba, porque así es: ¡tremenda coba!… pues tu te la comes, y todos los días, con ese vacile, ¿no? Tú sabes, un vacile, una vaina, un aguaje, tu sabes, y ¿todo pa’ qué, chica? ¡Pa’ nada, no joda! Lo que pasa es, que claro, una tiene que aterrizar en medio de ese perraje y empatarse, tu sabes, con cualquier marico que salga, ¡no joda! ¿Y pa’ qué chica, pa’ qué? ¡Pa’ esta vaina! (A punto de llorar, de nuevo) ¿No ves, chica? Ahora me voy a poner a llorar de nuevo como una güevona… ¿No te digo, chica, que soy güevona?… ¡Ay, chica, yo si soy güevona!…

(La Güevona se seca las lágrimas con algunas servilletas de papel y se desplaza hacia otro lugar del bar, donde repetirá su monólogo. Se valdrá de cualquier pretexto para comenzarlo de nuevo. Simultáneamente a la situación anterior, La Enrollada se había acercado a Blanca Rosa).

LA ENROLLADA: (En paralelo a la conversación entre La Sabrosa y La Güevona) Bueno, Blanca Rosa, pareces una estatua de mierda… Te pareces a Socorrito, una vieja loca que vivía por la casa y que cuando la daba la vaina se quedaba tiesa con la mirada perdida en el medio de la calle.

BLANCA ROSA: ¡Ah, no, chica! ¡Sacúdete, déjame sola!

LA ENROLLADA: Bueno, no te arreches. Ven acá, dime una vaina. ¿Qué piensas tú?… mira, ¿qué es más importante para ti, el billete o la morronga?

BLANCA ROSA: ¿Qué… que? No jodas, chica, sacúdete. Adiós, cará. ¡Chao!

LA ENROLLADA: Bueno chica; adiós, me voy… (La Enrollada se desplaza a la rockola. Allí comienza a seleccionar algunos discos. Se dirige a los espectadores inmediatos)

¿Ustedes se han puesto a pensar de verdad qué es más importante, sí la morronga o el billete? Yo a veces me pongo a pensar güevonadas, ¿entiendes? Bueno, si es lo mismo que he dicho siempre, que es un problema decidir entre la morronga y el billete. Yo en eso estoy muy clara. Es un problema de morronga. Porque tú te pones a ver qué es más importante y de repente no sabes; pero yo, ¡mi amor! Yo lo tengo muy claro: lo mío es la morronga. Pero qué va, de repente y es el billete. ¿Te fijas? Hay momentos en los que una no sabe qué pensar, pero sí tú te quedas con la morronga sola ¿qué pasa? ¡Te jodes! Por eso es que yo pienso que una tiene que analizar muy bien el problema, pero tú te pones a ver, y no es ningún problema: Es un problema de billete. Porque el billete es necesario. ¿Y qué es una morronga sin billete? ¡Nada! Pero fíjate también, ¿qué es un billete sin morronga? ¡Nada, también! Es un problema, no creas… Y uno se queda así, pensando, así, y una se confunde. Pero fíjate, en eso no debe haber confusión, porque una sabe desde el principio que la morronga es necesaria y el billete también. Porque, ¿qué hace una en este país si no tiene billete? ¿Ah? ¡Contesta! ¡Nada! El billete es necesario, bueno, necesarísimo, diría yo. Una sin billete no es nada: ¡un carajo! ¡Pero, mi amor, sin la morronga pelas de frente! Lo que pasa es que la morronga sola, sin billete, no tiene sabor, porque, una se cansa de pura morronga, morronga y morronga… Morronga va y morronga viene… y mientras menos billete tienes, ¡más morronga! Y qué va, mi amor, tampoco la cosa es así. Porque está bien que a una le guste la morronga, e incluso en exceso, pero eso de estar recibiendo morronga y morronga sin billete, una termina por perderle el gusto a la morronga, y eso sí que es malo, mana, que te llegue a fastidiar la morronga, porque es como yo te digo: una morronga sin billete no tiene lo esencial: ¡el billete! Y es que el billete es fundamental. Así tú lo mires de donde lo mires, pero a veces, tú te consigues ese billetón, y ¿qué pasa? Bueno, que tú te quedas así, gozando una bola, pero ¿y la morronga qué? ¡Ah! Ahí es donde yo digo, mi amor: lo mío es definitivamente una morronga, y caemos en lo mismo: el problema. ¿Ves? El problema de la morronga y el billete… Pero yo lo digo, así serenita, serenita y tranquila, sin que me quede nada por dentro: Lo mío, chica, es una morronga y un billete juntos y a la vez, ¿Te fijas? No sé si tú estás de acuerdo, pero una tiene que ponerse a pensar y si la ponen a decidir, una tiene que irse por la cosa, ¿te fijas? La cosa completa, y, ¿qué es una morronga sin un billete? No camina… Y ¿qué es un billete sin su respectiva morronga? Lo mismo, mana. La cosa es difícil, pero mira, conforme te digo una cosa, te digo la otra: nada es completo en esta vida. Porque a veces tú te consigues una cosa, pero sin lo otro, ¿comprendes? Es una vaina, chica; pero, ¿ves? ahí es donde una le mete y se da cuenta que la cosa tiene solución, porque tú lo tienes en tus manos; la solución es bien simple: la morronga y el billete, pero, bueno, ustedes como que no me están parando y yo me voy pa’l carajo… Chao…

(Se dirige hacia la barra y allí repetirá su texto. Ya Blanca Rosa habrá terminado, en este mismo lugar, el suyo, que repetirá en otro lugar del bar).

BLANCA ROSA: Qué bolas tiene ésta coño de madre. Ahora y que qué es más importante, que si la morronga o el billete, no joda, marica… ¡coño!, Siempre me pasa esa vaina: yo estoy aquí tranquila y viene la marica esa a meterse conmigo. Si yo, lo que estoy, es echándome mi palito sin meterme con nadie, pero ¡no joda!, ¡Ni caña me dan ya en esta vaina! Yo la pago, yo tengo plata, pana, mira… (abre su cartera de mano) ¡Coño, loco dame un bolívar ahí pa’ la rockola! (Lo recibe. Transición) ¡Coño, me va a estallar la cabeza! ¡Qué pea la que cogí anoche!… Es que no había comido nada, y claro, me pongo a tomar como una loca… ¡No tenía nada en el estómago! Pero ahora sí, hoy sí vine papeada, mira… (Señala su vaso). Este es el cuarto trago que me tomo y estoy igualita… pero yo creo que el coño’e madre ese de cabeza de pimienta que está en la barra, lo que me sirve es pura agua. ¡El coño’e madre ese! ¡Ni que el negocio fuera de él! Gran cosa, no joda… ¡Jala bola!, Un jala bola es lo que es, el coño’e madre ése, como si yo le estuviera pagando la mierda que me da con chapitas, no joda. ¡Coño, que dolor de cabeza! Esto me quedó de cuando yo era chiquita, por la coñamentazón que me daba mi mamá a cada rato, y me daba por la cabeza, coño. Eso no se hace… A los niños no se les da por la cabeza… Pero yo no le paraba bola, y esa vaina le arrechaba, y me pegaba. Y yo, dura, ni una lágrima. Ahí me quedaba, y ella dándome coñazos porque lo que quería era verme llorar, porque era sádica esa coño’e madre, y yo, no joda, tiesa. Y ella, ¡coñazos conmigo! Una vez, de tanta arrechera que le dio porque no lloraba, me dio tantos coñazos que tuvieron hasta que venir los vecinos, del peo que se armó. “Llora, coño de tu madre” me decía “¿a quién sales tan altanera, no joda?” “Llora, coño’e madre, te voy a dar de coñazos hasta que te mueras, no joda”. Y yo, dura; Ni una lágrima, no joda… Ahora es que soy pendeja, pero yo de chiquita sí era bien arrecha, no joda, arrecha pa’ todo. Imagínate tú, que cuando fui a parir, Humberto, el coño’e madre ése que vivía conmigo, me decía: “¿qué hago, qué hago?” Con la misma cara de güevón que ponía pa’ todo. Y yo le dije: ¡Marico, búscate diez bolos por ahí para una carrera que estoy pariendo! Y el güevón ese ni se movía, cagado que estaba; y tuve que salir yo a buscar diez bolívares prestados porque ya casi tenía el muchacho afuera… Me fui pa’ la Maternidad ¡No joda! Entrando yo por un lado y Humberto saliendo por el otro ¡coño!, Ese carajito si era bello, pero enfermizo; desde chiquito era macilento, el pobre muchacho, pero de una dulzura… ¡pobrecito! Si estuviera vivo tendría ahora como diez años; pero se murió. ¡Qué bolas!… Coño, mira esta vaina. (Saca una foto de la cartera). Mira esta foto me la tomaron cuando vine a trabajar a esta vaina. Mira la cara de culo que tengo, pero yo la guardo porque es el único recuerdo que tengo de mi dolor; porque esta foto me la tomaron a los pocos días de haber enterrado a mi hijo. Tenía un dolor tan grande, que yo creo que ahí fue cuando a mí se me quitaron las ganas de vivir, pero yo dije, échale bola, échale bolas… y le eché, mano, le eché. Seguí trabajando, pero sin voluntad. Coño, yo no sé por qué, si cuando era chiquita era tan arrecha, después me puse tan pendeja y tan güevona; si yo cuando era chiquita no me dejaba joder por nadie, ni por mi mamá, ni por nadie… Y ahora, no joda, por cualquier güevonada siento como si el mundo se me viniera encima a cada rato. Será que tanto coño de madre que me he encontrado en la vida, me ha debilitado el carácter, o serán tantas las vainas que le pasan a una, no joda, que le quitan hasta las ganas de vivir. Es que ya ni una sabe en quien coño creer… Porque ni en la misma familia de una, porque esa es la primera que te jode en cuanto tiene oportunidad de hacerlo. Coño, yo a veces me pregunto si es que Dios existe de verdad, porque, ¡coño, no hay derecho a tanta injusticia!, porque de verdad, si existiera Dios, tenía que haber comprendido que, coño, que esto es una vaina, que es mucha la mierda que una lleva, a cuenta de pobre! Porque ese güevo se lo meten a una a cada rato: Que si un gobierno pa’ los pobres, que el presidente de los pobres… Qué pobres ni que coño, ¡no joda! Que pongan a esa cuerda de coños de madre que se la pasan prometiendo güevonadas a pasar hambre… El hambre que una pasa, no joda. Pa’ que sepan lo que es la necesidad y la angustia de no comer y de ver a tu hijo desnutrido, porque no tienes con que comprarle una compota de mierda, no joda… (llora) ¡Coño, no hay derecho! (Mira la foto de nuevo). ¿En qué estaría yo pensando cuando me sacaron esta vaina?, En mi hijo, ¡no joda! Yo no hacía más que pensar en ese pobre muchachito. El se salió del rancho. Se fue a jugar al barranco y se cayó… rodó hasta el basurero y se mató. Por lo menos, eso fue lo que dijeron en el Seguro, que de vaina y lo aceptaron. Porque yo… ¡qué seguro voy a tener! Yo creo que lo dejaron entrar porque ya estaba muerto y no podían devolverlo. Coño, si estuviera vivo por lo menos alguien estuviera ahora conmigo. ¡Cómo me ayudaba ese carajito, no joda! Así de flaquito que era, me ayudaba. Me compraba cosas, me acompañaba… Yo no sé si era el hambre que pasaba el pobre, pero tenía una mirada triste y dulce y era de lo más tierno… (llora). ¡Coño, no hay derecho a que a una le pasen tantas vainas en la vida, no hay derecho, no joda!… Primero fue el papá del niño, Ah, no ése, como si no fuera con él, ¡se esfumó, el coño’e madre ese, no joda! Y el gobierno, que si la justicia social, y que si la ayuda pa’ la madre soltera… ¿qué ayuda? ¡No joda! Puros embustes. Coño, una al menos debería tener, que se yo, una caja de ahorro, un seguro de vida, una vaina que le garantice a una que cuando salga preñada no va a tener que estar mendigando por ahí unos piches diez bolos cagados para pagar una carrera de carro, para que el muchacho no se le salga a una en plena calle… Por eso es que yo quería abortar, pero, que coño de madre va a estar una abortando nada si la única que hacía eso era una tipa del Cementerio, una tal Agustina; una, y que enfermera retirada, que vivía allá en el cerro y cobraba mil bolos por sacarte el muchacho, pero, no joda, ya se había echado al pico como a cinco tipas… Tu no ves que hacía los abortos con ramitas de mango y agujas de tejer ¡Era una asesina, esa coño de madre!. Además, ¿de donde coño iba a sacar yo mil bolos, si no tenía ni unos miserables diez bolívares para pagar la carrera de un carro? Por eso, chica, aquí deberían legalizar el aborto, para que una cuando quiera hacerse uno no tenga que ponerse en manos de esas criminales… Pero es ilegal, tú sabes, ilegal pa’ una, que no puede pagar… El peo es pa’ una que no tiene dónde caerse muerta, y tiene que cargar también con los hijos que por mala leche una tiene que tener, pero que a veces, y te lo digo sinceramente, sería mejor que no nacieran a que tengan que hacerlo pa’ vivir en un rancho guindando de una barranco y comidos por las ratas del basurero cuando se caiga y se muera… Y ahí estaba, con los ojitos bien abiertos y me miraba… Yo llegué corriendo, y cuando vi el gentío en el barranco comprendí todo… Me acerqué, y lo vi, y él también me miraba, me miraba como reclamándome, pero ¿Reclamándome qué? Si yo no salía a trabajar, no comíamos, y yo no podía dejarlo con nadie, con ningún vecino, porque era lo mismo. ¿Quién coño iba a estar cuidando hijos ajenos?, ¡Y lo tenía que dejar solo, coño! ¡Y yo me siento culpable, no joda!… (Transición) ¡Bueno, ustedes como que no me están, parando bolas, no joda!, ¿Qué coño se han creído ustedes?, ¡No joda!, Que me tienen hablando aquí como un radio loco, ¡no joda! (A un espectador) ¡Coño, loco, pásame acá un bolívar pa’ la rockola!… Anda, vale… échale bola… Yo me voy pa’l carajo porque los coños de madre ésos no me están parando…

(Blanca Rosa sin despedirse se dirige a la rockola, donde repetirá su texto. Antes de terminarlo por segunda vez, hace su aparición La Caimana. Lleva un traje normal de calle. Revisa el sitio. Se pasea por algunas mesas, etc.)

(La Caimana por ser la dueña del establecimiento, se cree con mayores derechos y atributos que las otras mujeres del local. Es una mujer despampanante y vulgar, de maquillaje exagerado que casi raya en la máscara. En su cabeza, una larga y abultada peluca. Es de notar, que ni ella, ni las otras actrices se excederán en la caracterización de sus respectivos papeles: mantendrán un justo equilibrio, entre lo grotesco y lo vulgar, sin caer jamás en exageraciones circenses. Son, en general, criaturas de ese submundo social donde el parapeto se fundamenta en la apariencia. Todas ellas juegan con los convencionalismos fílmicos a que se ven sometidas por medios de comunicación modernos, plagados de clichés y prototipos humanos)

LA CAIMANA (Cobertura) ¡Coño, quiten esa vaina! ¿Esta mierda como que es un velorio? ¡No joda! ¿Quién dijo que esa vaina es música?… ¡Llegó La Sabrosota, la reina, la ricota, la que se las sabe todas, la fabulosa! ¡Quiten esa mierda, no joda! (A Blanca Rosa) ¡Pon una vaina más alegre, no joda! (Se dirige a la rockola) ¡Seguro que ya tienes puestos todos los discos de esa güevona! Gran cosota: Blanca Rosa… bueno, con tal y que no te vaya a dar la lloradera de siempre, y vamos a ver si trabajas, ¿oíste?

BLANCA ROSA: ¡Estoy en huelga!

LA CAIMANA: ¡No joda! ¡En huelga estás hace diez años, pedazo ’e puta! Y sacúdete, porque con esa lloradera y ese despecho, mi amor, me tienes esta vaina anegada de mocos.

(Mete un bolívar en la rockola y comienza a hacer la selección. Las demás mesoneras comentan en voz baja la entrada de La Caimana. Obviamente, la odian)

LA GÜEVONA: ¡Gran vaina, gran cosota, no joda! ¿Quién se cree esa güevona que es? Ya la va a coger con la pobre Blanca Rosa…

LA SABROSA: Adiós, cará… ¿ni que fuera qué? ¿Quién coño se creerá que es… la coño’e madre esa? ¡Explotadora! Nos tiene aquí comiendo mierda a todas. Tenemos que darle una comisión de las propinas… ¿Tú sabes lo que es esa vaina?

LA ENROLLADA: ¡La tiene cogida con la pobre Blanca Rosa! La coño’e madre esa, no joda, pero yo la voy a ver comiendo mierda. Deja que le descubran el negocito que tiene con Colombia… la coño de madre, traficante, una traficante es lo que es, y se las da, se las da, la mojona esa, pero es más puta…

LA CAIMANA: (Cobertura). Bueno niñitas, se acabó la vagancia… Vamos, vamos, vamos, a trabajar… (A la Güevona). Y tú, ponte a fichar ¡no joda! Que desde que te preñaron no te quitas la mano de ahí. (Señala al bajo vientre). Si no se te va a salir, ponte a fichar, ¡no joda! (La Güevona se aleja hacia las mesas manifestando su malestar y resentimiento) ¿y tú? (A La Sabrosa) ¿qué estás haciendo?

LA SABROSA: (Bajando la escalera que viene de la barra) ¡Bajando!

LA CAIMANA: De categoría será, ¡no joda! Pero, bueno ¿qué coño es lo que pretenden?… ¿vivir del bono?… ¡muy difícil!… ¡El bono está aquí! (Señalándose el sexo con los pulgares)… Bueno, niñitas, se acabó la vagancia; vamos, vamos, vamos a trabajar…

(La Caimana comienza a pasearse por todas las mesas del bar). Entonces, ricote… ¿qué estás tomando? (Prueba el trago del espectador) ¡Uhhmjuu… esto es agua, chico! Déjame acomodarte ese palo ¿Qué te pasa? ¿No tomas? ¡Ayyy!… (a otro) ¿Entonces carajito? Mira, tú estás muy chiquito, ¿oíste? ¿Tienes cédula?… Ayyy, preso es que va a ir, y yo también, por corruptora de menores. A mí no me gustan los chamos… ¿qué edad tienes tú? Porque por la pinta, estás muy carajito para estar aquí. Ve a ver si te sacudes, porque me van a joder por tu culpa. Así que ve sacando ese cartón. ¡Vamos, cartón adelante, papi, vamos! (Le mira la cédula de identidad al espectador). ¡Coño, lo que tienes es “Baby Face”, no joda!, Pero eres más viejo que el oro, vente, papi, vamos a bailar.

(La música sube y La Caimana saca a bailar al espectador. Bailan. Al terminar de bailar, baja la música).

¡Te meneas bien, carajito!… Ya sabes, si llega la policía te me sacudes: te vas por allá atrás; yo te digo ahora por dónde te vas a meter, porque no quiero peos con los tombos; y es contigo, güevona (con La Sabrosa) ya te dije que no quiero peos aquí ¡coño’e tu madre! ¡no quiero peos, no joda!, ¡y hablé yo!. (Se dirige al interior del bar)

LA SABROSA: (A todos en ausencia de La Caimana) Lo que le pasa es que me tiene envidia porque yo, mi amor, estoy empatada con un sapo… Se lo quité a ella, y el carajo ese no le para ni media bola. Imagínate, que se la pasaba aquí ¿no? Y la marica esa creía que era por ella… ¡Qué bolas! Se quedó con la boca tiesa cuando se enteró que la vaina era conmigo. ¡Me quería hasta botar de lo arrecha que se puso! Entonces vino Antonio ¿no?, mi marido y la amenazó. Le dijo que si me botaba le iba a allanar esta vaina. Y la muy culillúa se quedó tranquilita. ¡Qué bolas! Y que meterse conmigo! Ella sabe quién soy yo. Yo sí que la puedo joder, ¡no joda! Por eso es que ella conmigo no se mete. ¿Acaso que porque sea la dueña de esta vaina?, ¡Qué va!, Está muy equivocada y comiendo de lo mismo que comía Salvador… (A un espectador) ¿Tú sabes quien es Salvador?

ESPECTADOR: No

LA SABROSA: Un coño de madre que se la pasaba comiendo mierda… (ríe) (entra La Caimana)

LA CAIMANA: ¿Cuál es el chiste? ¿Por qué no me lo cuentas y así me río yo también?.. (A La Sabrosa) ¿Dé que te ríes, no joda?

LA SABROSA: ¡De nada, chica, de nada!

LA CAIMANA: (Bajo-ejecutiva) ¿Cómo va todo?

LA SABROSA: Ahí… Mira y ¿cuál es el peo que tienes con Blanca Rosa?

LA CAIMANA: ¡Ay, mi amor, que la conozco! ¡Empieza a tomar como una loca y después termina con esa pea! No es ningún peo, pero la pinga, ¡bola! Yo no quiero peos aquí…

LA SABROSA: Pues, mijita, si no quieres peos aquí, ten cuidado entonces, ¿oíste?

LA CAIMANA: (Tensa, violenta) ¿Cuidado con qué, pendeja?

LA SABROSA: Con nada, mi amor, mosca (se aleja)

LA CAIMANA: ¿Mosca con qué güevona? ¿Mosca con qué, culo malo? Mosca tú, no joda, que lo que te puede salir es tremenda morronga del burro’e Petare, ¡no joda! Gratis y albina, pa’ te acomode mejor. ¡Mosca tú!, coño’e tu madre, mira que se me olvidó que te olvidé, marica, a mí que nada se me olvida… ¿Mosca? Mosca tú… ¡sucia! (sale)

LA SABROSA: (Cobertura y a todo pulmón) ¡Sucia será el coño’e tu madre! (Transición) ¡güevona, que no quiere peos aquí, no joda! ¡Quién la ve! Ella jura que, no joda, ni que fuera una gran vainota! ¡Por eso… (A los espectadores inmediatos) es que yo, yo no me la calo! ¡Por eso es que tengo esa fama que tengo!, Pero es mejor que crean que una es pretenciosa, a que le vean a una cara de güevona y la quieran joder a una… ¡No, ni que una fuera qué! Mira, por eso la gente dice que yo, y que me doy de sabrosa, sabrosa, no chico, sabrosa no… Lo que pasa es, que una tiene que cuidarse, porque, sino, ¿quién coño la va a cuidar a una?, Si la gente, tu sabes, la gente lo que busca es joderla a una, joderla. No, que va, mi amor, yo sé lo que es pasar hambre, ¿entiendes? ¡Yo lo sé! ¿Tú crees que esa vaina no duele? El hambre duele, mi amor, ¡duele que jode! Mira, yo cuando estaba chiquita, me despertaba con hambre, mano, con aquel estómago pegado del culo, y ¿tú sabes qué? Mi mamá, mi mamá, chico, con aquel ropero delante, planchando como una burra, y ¿ tú crees que eso no duele? ¡No joda! Ver a la mamá de una planchando ese ropero. ¡No joda! ¡Ni que uno fuera qué coño’e madre… ¡Esa vaina duele! (Se escucha una canción referente a las madres)

Escucha esa vaina, escucha esa vaina. ¡No joda! Esa vaina me hace acordar a mi vieja… ¡Qué vida tan perra!… Y se murió, chico, se murió… ¡De bolas que se tenía que morir! ¿Quién la mandó a ser tan pendeja?! ¡Se murió!… ¡por levantarnos a nosotros, por levantarnos decentemente! ¡Para que seamos lo que somos!… Y mira tú ¡qué coño somos, no joda! Mi hermano preso por ladrón, y yo metida en esta vaina… ¡Ah, no y una hermana tuberculosa y jodida! ¡Coño de la madre, no joda, ésa si que está jodida de verdad!, ¡Tuberculosa!…

BLANCA ROSA: ¡Qué porvenir!

LA SABROSA: (continúa) ¿Tú sabes cuándo le descubrieron la vaina ésa? Un día que fue a sacar su certificado médico “Una manchita” ¿Manchita, mi amor? ¡Tuberculosa! ¡Pobrecita… quien sabe qué será de ella! A lo mejor hasta se murió, porque hace tiempo que ni la voy a ver… Pero ¿para qué? Mejor es que se quede sola. Si cada vez que yo iba nos poníamos a llorar como dos pendejas… (A punto de llorar). A llorar, porque, ¿qué coño más puede hacer una, que ponerse a llorar? ¡Nada, chico, nada! (Violenta). Por eso es que me cuido. ¿Tú crees que yo no sé que el marico ese con el estoy empatada no es sino un pedazo de sapo? ¡Claro que lo sé! Pero ahí lo tengo, ¿entiendes? Ahí lo tengo, comiendo mierda. Si yo le doy donde es… pues, ahí lo tengo, hasta que se presente otra vaina mejor, lo tengo comiendo mierda, mano… ¡El otro día, me dejó la pistola olvidada en la casa! Tenía una pea, que ni se acordó que se había quitado la vaina ésa… Se la raspé, mano. Después, al otro día vino con la vaina de que lo iban a poner preso, que si yo no sé qué… ¡qué bolas! Bueno yo le dije: “¿Quién te mandó, marico, a dejar la pistola con cualquier puta, por ahí?” Y el muy güevón no sabía que la tenía yo, y le armé ese peo. Ahí fue cuando descubrí que el marico ése se acostaba con cualquier pedazo ´e vaina que se encontraba en la calle, y yo dije: “!Ajá, ¿Así es la vaina? Pues te jodiste, porque ahora tú vas a ver lo que es comer mierda, mano!” Y ahí está, calándoselas, y yo, ¡tremenda pistola!… El día que me venga con mucha vaina, se la descargo encima, para que no sea güevón! No, mano, de mí no se burla nadie, ¡pinga! Y ahí la tengo… Yo no es que me la dé de sabrosa, no es eso, pero una tiene que cuidarse para no terminar apuñalada por ahí, por cualquier malandro que quiera joderla a una. ¡Al primero que me venga con una vaina, le saco la bicha y me lo raspo! Ay, chico, yo de paso no sé como se maneja esa vaina, pero ahí la tengo… Al carajo lo pusieron preso; después lo soltaron. Yo sí tengo bolas. ¿Verdad? En vez de darle su vaina, le dije que no la tenía; ¿qué bolas, verdad? Bueno, ¿quién lo mandó a marico?… Ah, cuando yo le dije lo de la puta se quedo mudo ¡Por eso fue que no se la di! ¡Me dio una arrechera esa vaina! ¡No joda, y ahí la tengo! Ay, qué perra es la vida, ¿verdad? Lo único que una tiene en esta vaina, es un pedazo de pistola robada y un pegoste que le monta los cachos a una con cuanta puta encuentra. Como es sapo, tú sabes, se mete en cualquier parte, y que, cédula, y la primera que se le resbale: ¡indocumentada! ¡Ajá, te jodiste! ¡Y se la coge! ¡Qué bolas! Pero déjalo quieto. Lo que pasa, es que una tiene que estar recostada. Mal que bien, tu sabes, ese tipo la representa a una. Es su marido, tu sabes. Bueno, por ahí todos saben que no es sino un pedazo de cuero, pero como saben que es sapo, no se atreve a meterse conmigo. Ese carajo es capaz de raspar al primero que me quiera joder. Al fin y al cabo, no joda, es mi marido. Y para eso es que una tiene marido, por lo menos pa’ que la defienda a una. (Transición. Casi llora) ¿tú crees que qué…? Es que me acuerdo de mi mamá sola, chico, sin marido, planchando como una mismísima burra; ¡y que va!, prefiero un sapo, que estar pegada de la plancha todo el santo día. (Violenta) ¡Noooo, mi amor, yo pa’ sirvienta no nací, ni de vaina! Ni para estarle pariendo a ningún güevón que se me atraviese. Prefiero esta vaina, ¿entiendes? Prefiero ser puta que estarle limpiando el culo a ningún muerto de hambre. Prefiero estar aquí, porque yo sé que el día menos pensado, a ese güevón lo ascienden, ¿entiendes?, Lo ascienden… Entonces, todo esto lo mando al carajo. Él me lo dijo, chico, él me lo dijo, y no te creas, el día menos pensado van y lo ascienden. Porque ese tipo si es inteligente, mano… Él fue el que agarró a los coños de madre esos que estaban pasando sendo viaje de yerba pa’ Brasil. Él fue el que descubrió toda esa vaina…

(Entra La Caimana que se ha cambiado de ropa. Luce ahora una más lujosa. Menos informal. Se ubica.) (Sigue hablando La Sabrosa)

Ahí fue cuando lo ascendieron la primera vez… Ahora seguro que lo vuelven a ascender, porque ese carajo es más inteligente… (La música comienza a subir) Él fue el que me cotorreó y me dijo que me quedara trabajando aquí, que por ahora era muy forzado, que no me podía mantener, tu sabes, pero lo van a ascender, tu verás. Si, seguro que lo ascienden, ¡coño! Lo van a ascender, ¡coño! (Cada vez más alto, llora) Lo van a ascender, lo van a ascender…

(La música se oye cada vez más alto ahogando los gritos de La Sabrosa, quien no deja de repetir llorando, su deseo, el cual, y como tantos otros, no deja de ser el origen de una nueva frustración.)

LA SABROSA: (Transición. A los espectadores inmediatos. Conteniendo el llanto) ¿Y ustedes siguen empatados en no tomar un coño? ¿Por qué no me brindan una vaina? Un whiskicito, mi amor… ¿lo traigo…? ¿Y tú…? ¡Tengo unas ganas de comerme unas pepitoncitas! ¿a ti, te gustan…? con limón, ¡son cagantes…!

(La Sabrosa se dirige a la barra. Allí toma una latica de pepitonas, la abre y las prepara con limón y palillos. Cuando se dispone a llevarlas a la mesa, prueba una y habla con los espectadores inmediatos a la barra.)

(Sifrinísima) ¡Coño, loco! ¿Tú sabes cuanto cuesta esta vaina? ¡Ocho bolos…! Esta vaina costaba antes, yo no sé, dos cincuenta o tres bolívares… coño, pero ahora, ocho bolos. ¡Mierda! Qué peladera ¿verdad? Yo no sé que coño hace la gente para vivir decentemente… ¡Yo no me explico! Tu te vas al supermercado a comprar una vainita, una botella de ron, y sales del supermercado con una vainero y trescientos bolos. ¡Trescientos bolos! Chica, ¿y qué…? ¡Nada! Un latero y un mierdero, trescientos bolos… Y si tú te vas a hacer el mercado y compras todo lo que necesitas… ¡Ahí si es verdad que tienes que dejar el culo en la caja. ¡Potes y potes y mil quinientos semanales… No, el otro día fui a comprar un paquete de perrarina, pa’ la perrita esa de mierda que tengo… que voy a salir de ella, lo pinga, pues, no había perrarina y me pongo yo, tu sabes, a sacar vainitas: que sí una cajita de gelatina, un shampú, dos o tres güevonadas más! ¡Cuatrocientos cincuenta bolos! ¡Chica, la cosa está carísima…! No, mira, definitivamente, ¡aquí no se puede vivir…! Y si tú vas a comprar la laca y la pinturita, bueno, mi amor, ¡un ojo! No y eso que una tiene que usar esa mierda que venden que le deja el pelo a una como un culo, tu sabes, ese cartón que venden de botellitas plásticas, que para colmo, a lo que tú la usas tres veces, se pega, y para que pueda salir un poquito, tienes que apretar ese frasco y caerle a coñazos, y te sale aquel mierdero de laca, pero ¿cómo haces tu pa’ usar una más cara? ¡un pote de spray te cuesta treinta y cuatro bolos, mi amor, treinta y cuatro bolos, chica! ¿Y cómo se hace una para comprar esa vaina? Pues nada, te echas ese pegoste y sales para la calle como un buzo… ¡Yo no se como hace la gente que gana poco! Porque una, mal que bien, se redondea, chica, pero esa gente gana dos o tres mil bolívares al mes… Esa gente, pela, chica, porque, ¿cómo hacen para comprar las vainas? Yo no me explico. Esa gente tiene que pasar hambre, lo menos, hambre. Fíjate, yo me compré una falda bellísima, una falda, tu sabes, con tres tiras así, ruchaditas y tiene para agarrarse un cordoncito… ¡Es bella la falda y con una tela bellísima…! Es una vaina así, como de algodón, pero mucho más bonita, es una belleza. Pues… ¿Tú sabes lo que yo hice? Compré una tela parecida; aquí no se consigue, pero conseguí una igualita ¡me costó baratísima…! Pues, agarre, y corte otra falda, me quedó igualita, bellísima, chica, pero ¡qué va!, tú sabes, nunca es igual, porque la que compré la trajo una señora que va a Curazao. ¡Es un sueño! Ay, chica, trae bellezas… y vende barato. Fíjate, la falda me costó, claro que lo saqué otras cosas: unos pantalones preciosos, una blusita, una colonia; fíjate, todo eso por seiscientos bolívares y a crédito. Claro, tú sabes, una tiene que pagar un poquito más, pero no tanto. Pero, vale la pena porque trae bellezas. Ay, por cierto, ¿Tú no quieres comprar algo? Mira, yo te voy a dar una tarjetica de ella… Ella es muy amiga mía… (Busca tarjetas en su cartera que dicen; ropa fina para damas, caballeros y niños traída de Curazao, Miami y Puerto Rico, Lourdes Marquina de Peñalver, Av. Las Luces. Qta. Mi Sueño. El Cementerio. Telf. 62.59.367 y las reparte) Tú le dices que vas de parte mía y seguro que te hace un descuento. Bueno, chao, voy a llevar las pepitonas. Están carísimas, ¿verdad?

(Se dirige a la mesa y allí comienza de nuevo con su monólogo. Simultáneamente al monólogo de la Sabrosa en la barra, La Caimana, después de su entrada, se ha dirigido a una mesa y ha comenzado a hablar a los espectadores inmediatos)

LA CAIMANA: (Simultáneamente al monólogo de La Sabrosa) ¡Es lo que yo digo, chica! Yo sí que me jodí desde que nací, porque la tipa esa que me parió me dejó tirada como se deja a un pedazo de vaina, sin importarles un coño, ¡no joda! Y me crió mi abuela. ¡A punta ’e palo! Como si me odiara, y esto, sin contar con el coño de madre del tío mío, que me quería coger desde que estaba chiquita… Y yo siempre pensaba, que un día me iba a ir al coño, lo que estaba esperando era crecer un poquito más para arrancar pa’l carajo. Y siempre pensando que viniera mi mamá y me recogiera, porque es que una chica, cuando uno no conoce a la mamá de una, le hace falta, y siempre piensa que todas las madres son buenas. ¡Entonces una se jode! Esa era mi esperanza, de verla algún día, para saber que coño le había pasado conmigo… Pero para nada, chica, para nada estaba empatada yo en esa güevonada. Cuando la conocí al fin, la tipa, lo primero que me dijo fue “A mi no me llames mamá, oíste…” ¡qué bolas! Entonces sí que me enyeyé. Pero ya estaba más grandecita y empece a ver la forma de irme pa’l carajo… Ya tenía casi 15 años y un día mi abuelita me dio una coñamentazón, no joda, que me dejó casi muerta, ¡no joda! Y le dije: “Esta es la última vez que me pegas, no joda” Y me fui de la casa y aterrice en la de la otra abuela, creyendo que la vaina iba a estar mejor, ¡ y más vale que no! A ella no que le gustaba era humillarme, me tenía como una sirvienta y ¡sin sueldo! Trabajando como una burra, mal alimentada, hasta que me arreché y me fui pa’l coño, y a rodá se ha dicho, ¡mana!. entonces, conocí a una tipa que tenía un bar y me dijo que aún estaba un poco chama. Yo tenía, tu sabes, dieciocho años… ¡Coño, chica dieciocho años cagados era lo que yo tenía! Dieciocho años, no joda, rodando… ¡Qué bolas!, ¿No? Dieciocho años… Bueno chica, dieciocho años, y ¡pa’lante! ¡Seguí rodando! De todas maneras la caraja ésa me dijo que sí, que podía darme trabajo y me metió en el bar… y me llevó pa’ la casa de ella… Ah, bueno, allí empecé a llevar leña, y de la buena, mana. Empecé a trabajar fichando, vaina que ella me enseñó muy bien. ¡No joda!, a fuerza de sacarle plata a los tipos, puteando para ella, era un negocio redondo, no joda, pero pa’ ella, porque me lo quitaba todo, y que ¡pa’ guardármelo! ¿guardármelo? ¡No! ¡guardármelo pinga! Porque nunca vi un centavo de esa vaina… y cuando me quería comprar una vainita, ella era la que me lo compraba… y me compraba cualquier mierda de esas que venden en el mercado de contrabando, y me tenía, uniformada. Me vestía de kaki, con la ropa esa que le venden a los obreros, ¡no joda!, y después quería que me viera sabrosa, y que pa’ gustarle más a los coños ‘e madre esos, a los que me vendía, ¡la muy degenerada! Entonces. ¿Tú sabes lo que hacía? Le metía pinzas a las bragas y me hacía ver el culo más grande de lo que lo tenía, y a mí, ¡no me daba ni medio! ¡coño! ¿Tu sabes lo que era esa vaina? ¡Ni medio del billete que yo misma me ganaba puteando! ¡Esa sí era una coño ‘e madre de verdad! Bueno, y menos mal que por lo menos siempre estaba pendiente de que no fuera yo a salir preñada! Siempre me lo decía “Ten cuidado, carajita, y no vayas a salir con una barriga, porque te boto pa’l carajo”. Y me cuidaba, coño, pero, ¡para nada! ¿Tú sabes que yo no puedo salir preñada, no? ¡Coño, no puedo…! Pero en aquel tiempo yo no sabía esa vaina, y me cuidaba. Me hacía lavados y vainas… Ah, bueno y la tipa me guillaba también que no me fuera a enamorar de nadie. ¡De bolas! Esa vaina no le convenía, porque así le rendía menos. Pero un día conocí a un tipo que me gustó, me cotorreo y me llevó a vivir con él, porque a una, de repente le provoca enamorarse, conocer esa ilusión de enamorarse y de vivir con un solo hombre, y no ser sólo un pedazo de puta. ¡Coño! Yo, esa ilusión que todo el mundo tiene a los quince años, yo no la tuve, no me dieron chance. Yo a esa edad lo que estaba era recibiendo palo. Yo, mana, los quince años los celebré rodando en la calle, cagada de no poder comer al día siguiente, con aquella zozobra… No lo pensé más y me fui a vivir con el coño de madre ese… Tres meses, mi amor, duró la luna de miel, porque al principio, el tipo ni tomaba, pero, coño, cuando se le paso la vaina conmigo, me mandó otra vez a trabajar en el bar de la tipa. Entonces, la coño’e madre no me aceptó. La caraja esa se vengó de mí por haberla dejado, y no me aceptó. Entonces el tipo se arrechó, pero yo le dije que si me ponía una mano encima lo iba a matar, porque a mi nadie me volvía a poner la mano encima. Pero eso fue hasta que empezó a tomar caña. Un día llegó con una pea del coño de la madre y me metió una coñamentazón, ¡no joda! Que me dejó casi muerta. Pero, ¡no joda! Le di una patada por las bolas que del tiro se desmayo. Agarré una olla y le rompí la cabeza. ¡Veinte puntos le cogieron al coño’e madre ese! ¡No joda!. Y ahí fue cuando comprendí que yo me podía mantener sola. Conocí un malandro que me dio ánimos y me trajo a El Acuario, porque la dueña y que lo iba a vender, porque ya le había sacado lo que quería y se iba pa’l interior a vivir como una señora y con plata. Me empaté con ella de socia. Bueno, primero ella me enseñó toda la vaina, tu sabes, a tracalear, y sobre todo, lo más importante de esta vaina a no dejarme joder, a administrar. Ya yo tenía alguna vainita guardada y aquí, en este mismo sitio, comencé a trabajar en serio. Ahorré que jode. Al final pude comprarle su vaina. Se la compré y me quedé con toda esta vaina… que no era así, ¡ni de vaina! Era un pedazo de botiquín. Después le fui haciendo arreglos y fíjate, cagante, ¿verdad? Bueno, chica, me hice sola y aquí me tienes, dueña de esta vaina y dueña y señora de mi propia vaina. Claro, aguantando vainas, pero ya es distinto, mana, de aquí, pa’rriba, ¡no joda! Porque lo que es a mí no me para nadie.

(La Caimana se dirige a la rockola y comienza a hablar con los espectadores inmediatos a la misma)

Esta vaina, chica, esta vaina me ha costado mucho… ¿Tú crees que qué? ¿Qué esta vaina me cayó del cielo? No, chica, con mucho los peos que he tenido para más o menos llegar donde estoy. Yo antes, no era más que una piche mesonera, pero yo sabía adónde iba a llegar, porque no me conformaba con ser una simple mesonera. Y aquí me ves, chica, aquí me ves. Mal que bien, coño, tener una vaina como esta, es importante y tiene mucho mérito, porque yo me hice de la nada… ¡de la nada! Yo no era nadie, una piche mesonera, ¡y ahora, fíjate! (Orgullosa señala el bar). Bueno, y es lo que yo siempre trato, que ellas aprendan que esta vaina hay que sudarla. Ellas se conforman con lo que ganan y todo lo gastan, que si trapos, en mariqueras, en chulos… porque, coño, le sacan la mierda a esas pobres tipas… Y yo me pongo detrás de ellas, encima de ellas… Para que guarden, para que ahorren. Yo se los digo siempre, coño, que la cuca se gasta. Ellas creen que no, pero la cuca llega un momento, en que la cuca dice: ¡nones, no me la calo! ¡Una en este negocio, no joda, vale menos cada día! Cada día que pasa una se deteriora, no joda, y ahí es donde empiezan con la lloradera y la peladera de bolas, pero la cuca tiene un límite, pero la barriga no, y llega el día en que esa barriga te pide papa, ¿y si tienes chamos? ¡No joda!, ¡A pasá hambre se ha dicho! Porque, ¿quién coño se va a hacer cargo de ti si tienes dos o tres chamos y estas vieja, fea y usada? ¡Nadie! Y después las bichas esas, malagradecidas, dicen que yo y que soy negrera, que lo que quiero es joderlas. Que malagradecidas, ¿verdad?, En vez de agradecer esa vaina… Yo, prácticamente lo que hago es sacrificarme por ellas, porque, si no, yo no estaría aquí. Yo podría quedarme en la casa, echándome aire ¿y qué es lo que hago? Que salgo de güevona a cuidar la vaina, a vigilar, a tratar que estas tipas progresen que trabajen, coño, aconsejándolas para que ahorren, para que no se malempaten con cualquier güevón que las mojonée… ¡y es que coño, yo soy así, tengo corazón! Y me deprime esta vaina, porque dicen que yo trafico, yo no trafico, chico, pero, coño, tengo que meterme de vez en cuando una vainita para poder aguantar la vaina, ¡coño! Esa vaina es dura, ¡mano! ¿Tú crees que qué? Una aquí se la pasa constantemente amenazada, que si la policía, que si los tombos, porque pueden agarrar a cualquiera con una vaina encima, y por supuesto a la que le echan la vaina es a una, coño, porque una es la dueña y una es la que tiene que salir de responsable. Ellas se la pasan hablando güevonadas, que si yo las exploto, que si saco comisión por lo que ellas ganan. ¡Qué sé yo que cantidad de güevonadas más dicen de mí! Pero, ¿qué pretenden? ¿Qué las tenga aquí de gratis? No, mi amor, ¡ni de vaina! ¡Esta vaina me ha costado mucho a mí para salir ahora de güevona a dejarlas trabajar sin cobrarles un centavo! Que tampoco es tanto lo que les cobro. Una cagada en comparación con lo que ellas se meten. Ellas se meten su billete y a mí me dejan prácticamente una miseria. No, pero ellas son unas coños de madre, ¡todas! porque ninguna es capaz de decirte, coño, los días que no vienen a trabajar. Ellas trabajan cuando les da la gana, cuando les sale del forro. Ah ¿ y cuando se enferman? Bueno, mi amor, es esta güevona la que tiene que salir de pendeja a picharles para el médico, para las medicinas. De ellas y de los chamos. ¡Coño! Porque para salir preñadas y para parir que las busquen, ¡no joda! ¡Tienen esa cuca floja! Se la dan al primero que se la pide, pero, después sí les entra cojonera para mantenerlos… Porque ¡olvídate del padre! ¿Qué padre, ni que coño? ¡Si ni siquiera llegan a saber quién carajo las preñó! Y ahí sale la marica y las recoge. Coño, y después se quejan de una ¿Qué coño se creerán? ¡Se creen con derecho a todo! ¿Y una? que se joda, ¿verdad? No, mi amor, ¡pinga! A mí me ha costado mucho trabajo esta vaina para salir yo ahora de güevona a regalarlo. Y eso es lo que me arrecha y me deprime, chico, ¡coño! Aquí donde tú me ves, coño, yo estoy pasoneada. Porque me acabo de meter una vaina (se señala la nariz), pero es peor. Estoy pasoneada, porque, para qué, chico, ¿tu crees que aquí en esta vaina uno tiene amigos? ¡No joda!, Ni uno. Tu aquí apenas te volteas, te meten una vaina por la espalda, porque son incapaces de un favor, pero para meter puñaladas traperas no mascan. Una tiene que andar mosca, y todo el tiempo vigilando. Lo único es esa vaina (señala la nariz, de nuevo), la vainita, tu sabes, esto es lo que más o menos me sostiene. ¡Es que no te digo!, Esta vaina es muy jodida mano… Ellas llegan suavecitas, con esas caritas de güevonas que siempre traen cuando aterrizan en el Nuevo Circo, con esas caritas de tísicas. Porque algunas llegan enfermas, jipuchas, amarillas y sale la güevona, ¡yo! Y las recoge y las cuida y las pone a trabajar y las enseña a ahorrar, a preocuparse más por la vida, a que no sean pendejas, ¡no joda! ¿Y las que llegan sin documentos? Ah, bueno, ese es otro capítulo de mi triste vida, las que llegan sin documentos. Tengo que picharle al maricón ese del Ministerio para que les consiga la vaina rápido, y mientras tanto yo me las calo, las dejo aquí, no trabajando, por supuesto, porque aquí no trabaja nadie que no tenga sus papeles en regla. Pero, tu sabes, yo las dejo aquí. Ellas se sientan por ahí, con cualquiera, y alguna vaina les sacan. Una propinita, o sino, bueno, se las tiran, y tu sabes, le dan una platica, que, más o menos, les alcanza para medio vivir hasta que yo les consiga documentos. Y esa vaina no la dicen, ni la agradecen, pero, bueno, mano, así es la vida. La vida es una vaina, no te creas (se oye muy alto la voz de Blanca Rosa, ya al final de su monólogo que ha dicho simultáneamente al de La Caimana) Es una vaina. Por cierto, ahí está esa güevona armando un peo. ¿No te digo? ¡Déjame ver que coño le pasa a esa marica!

(Simultáneamente a los monólogos de La Caimana y La Sabrosa; La Enrollada y La Güevona dicen en sitios distintos y dos veces cada una, variando el lugar para la repetición, los suyos.)

LA GÜEVONA: Hay que ver que esa caraja es bien desconsiderada, ¡coño! Una le hace el favor de venir a trabajar y ella la trata a una como si una fuera una burra. Coño, y con esta barriga que no puedo ni moverme y ella, con ese azore. No hay derecho, mijita. Una hace las vainas con la mejor intención y viene la coño de madre esa, negrera, y le quiere sacar la mierda una. Pero, ¿qué se creerá, chica? Yo te digo una vaina si no fuera por esa barriga que tengo yo, mira, yo la caería a coñazos ahorita mismo y me iría pa’l carajo. ¡Qué desgracia, coño, que una no sea más que una desgraciada que no puede hacer con su vida lo que le dé la gana, lo que le salga del forro del bollo! ¡Qué vaina, chica! (Transición). Es que una se pone susceptible también con la barriga y, claro, cualquier vaina la afecta más que nada, si no fuera por la barriga, claro, yo ni le pararía, pero, es que una chica, preñada, no joda, y sin marido… (A punto de llorar) Coño, chica, ¿Tú sabes lo que es estar sola, sin nadie con quien hablar de nada? ¡Qué es cuando una más necesita, coño, de alguien! ¡Y no tener a nadie, chica, para que la cotorree a una, para que le diga siquiera que deje la mariquera, porque una no es la primera que sale preñada, sino tener sólo un perro en la casa, y una, chica, tener que hablarle a ese perro y esperar que ese perro le conteste a una. Y una llamar al perro y abrazarlo y ponerse a llorar encima de ese perro como una mismísima güevona. Coño, ¡esa vaina sí da sentimientos! ¡No tener a nadie con quien consversar! (Transición). Chica, una debería tener algo así como un seguro de vida, yo no sé, de preñez, de cualquier vaina; algo que le garantice a una que no se va a quedar sola cuando una salga preñada como una mismísima bolsa. Pero, nada, chica, aquí no hay nada de esa vaina. ¡Yo no sé a qué coño se dedica el gobierno! ¡Qué cagada!, ¿Verdad? Bueno, chica, no le pares, ¡no joda!. Es que estoy susceptible de verdad, porque me duele esa vaina (se señala la barriga), y esa vaina la sufre el carajito, ¿verdad? ¡Coño, de bolas! Que cualquier vaina que a una le hagan el carajito lo siente. Porque esa mierda que una tiene metida ahí, es como parte de una misma. Por eso es que tú ves tanta mierda por ahí. ¡Eso, mi amor…! Esos carajos son productos de malos embarazos. ¿O tú crees que de esas mujeres de la “high” no nacen tarados? ¡No, mi amor! Claro, esas maricas, con aquel bojote de sirvientas, que no tienen que trabajar, ni nada, claro, no tienen esos peos que tiene una. Aunque no te creas, también hay cada vaina en esos sitios, que ni te cuento. Pero no es lo mismo, chica, ellos nacen tarados porque les da la gana, en cambio una tiene que parir quien sabe que vaina, por necesidad ¿ves? Y eso es lo que me jode, y la coñísima de su madre esa no tiene consideración con una, ¡chica! ¿Tu sabes lo que es esa vaina? Yo pensaba darle al muchacho pa’que lo bautizaran, pero, ¡pinga!, ni de vaina. ¡Le queda grande! Grandote, a la mierda, esa, bautizarme el muchacho! Coño, primero prefiero que me salga marico a que tenga a esa perra sucia de madrina, sin sentimientos ni nada. Yo ultimadamente, chica, no lo voy a bautizar. ¿Para qué? ¿Para que no sepa después ni siquiera quien coño lo bautizó? ¿Ni quién es su padrino, ni nada? No chica, que se quede hereje. Yo no creo en esa vaina del diablo. (Asustada) ¿Tu crees en esa vaina? Que si el muchacho no lo bautizan se le queda el diablo adentro… ¿ah? ¿Tu crees eso…? Eso es lo que me caga, chica… ¿te imaginas que esa vaina sea verdad? Bueno, chica, ultimadamente, yo no voy a gastar un centavo en esa vaina, porque si lo bautizaran gratis, bueno, todavía, ¿ves? ¡Pero eso cuesta un realero! (A una espectadora). ¿Tu me quieres bautizar el muchacho, chica? ¡Ay, si, bautízamelo!, me daría una nota. Yo sé que a lo mejor tu ni siquiera vas a misa, pero eso no importa. Te vas un día y lo bautizas, eso es todo. Ay, chica, vamos a ser comadres. ¿Cómo te cae? A mí me cae chévere, ¿a ti no? ¡Ay, qué bueno…! (Se aleja). Adiós, comadre… (Ríe aniñada, se devuelve). Ya lo sabes, somos comadres, así que no te pongas a hablar güevonadas de mí por ahí, porque te sale el diablo… (Ríe) (Se desplaza a otro lugar del bar para la repetición)

LA ENROLLADA: Mira, chamo ¿tu que estas haciendo en esa vaina? ¡Tienes una pinta del carajo! ¡Yo no sé que coño haces tú aquí! ¿Tú quieres que te cotorrée?, Porque a las coños de madre esas, apenas una le zumba la primera vainita, salen y dicen que soy enrollada y me cortan toda, me cortan las patas y no me dejan ni hablar, en cambio ellas no hacen sino soltar el mierdero que tienen por dentro cada vez que pueden… ¡Míralas!… Ahí están todas, soltando. En cambio, cuando esta que está aquí se le ocurre abrir la boca, ¡coño!, le caen encima. ¡Y que enrollada!, yo enrollada no soy. Lo que pasa es que con el mierdero que una trae encima, ¡imagínate! ¡Son muchas las cadenas que una viene arrastrando, mi amor! (Canta). Arrastrando estas cadenas tan fuertes, hasta que mi triste vida se acabe. ¡No joda! ¿Tú has oído esa vaina? Esa vaina es más vieja…! Es un karma muy arrecho, esta vaina. Eso de tener que trabajar todas las noches, mi amor… Esa vaina, si es fuerte. Y después una amanece en la mañana toda ojerosa y con los ojos hinchados, pero, tengo que hacerlo, sino, mi amor, meterme a puta. Aunque eso es lo que una es en el fondo, ¿verdad?, (Divertida y sorprendida). ¡Puta! Eso es lo que es una. Y una tiene que aceptar esa vaina y resignarse, ¡coño! puta… ¿qué bolas, verdad? ¡Puta…! ¡Coño, chico una es puta! ¿Tu sabes una vaina? Ahora que estoy en esta mierda es que me doy cuenta que yo soy puta. (Transición). Yo estudiaba Secretariado Comercial… Por poco hasta me gradúo de secretaria… Si le hubiera seguido echando bolas, me hubiera graduado, pero, no fue porque no le eché bolas, sino porque salí preñada ’e un coño de madre que después se hizo el loco y se fue pa’l carajo, y a mi, chico, me dejó con esa vergüenza. Me dada pena decírselo a mi mamá. Es que si se lo hubiera dicho en ese momento, a la pobre vieja la hubieran recogido muerta del suelo… con todos los sacrificios que esa caraja hizo, voy yo y le salgo preñada… ¡No y en el Liceo, también! Una vez una caraja me dijo “estás engordando”. Y ahí fue cuando me cagué de verdad. Bueno, ya yo estaba, pero cuando la tipa esa me dijo que estaba engordando, no fui más al Liceo y dejé los estudios. A mi mamá tuve que decírselo, y la pobre vieja, lo que le dio fue sentimiento esa vaina… ¡Tantas esperanzas que ella tenía puestas en mí y voy yo, de desgraciada, y le salgo preñada! Mi mamá me dijo que ya yo no era más su hija, y vainas como esas… la pobre vieja hasta se enfermó. No se murió de vaina… y para nada chico, después que el carajito nació, no joda, no dejaba ni que lo tocaran, estaba mona con su nieto. ¿Qué bolas, verdad? Bueno así son las mamás de una, bueno, tu sabes, ella tenía la ilusión que su hija saliera casada de su casa, con velo y corona y toda esa vaina. ¡Yo también tenía esa ilusión! ¡Pero el coño de madre ese era pura pérdida! Una cagada es lo que era ese tipo. ¡Imagínate, que era casado! Y cuando yo le dije lo de la barriga, se cagó todo, y por miedo a la esposa, que era una tigra, se enculilló y se fue pa’l carajo. Mejor así, porque si el carajo ése se hubiera quedado, quien sabe cuántos muchachos tendría yo ahora con él… Bueno, pero es lo mismo, porque después dejé el Liceo y tuve que ponerme a trabajar. Me metí en un Ministerio de recepcionista y bueno, ahí, tu sabes, ahí sí es verdad que una tiene que cuidarse. ¿Tú no ves que todo el que llega a una recepción se cree que puede cogerse a la recepcionista? Y bueno, una que de por sí tiene esa vainita flojita, ¡no joda!, sé la daba a todo el mundo. Pero en el fondo yo lo que andaba era buscándole un padre al chamo. Un carajo que me aceptara con el carajito, porque si el chamo había nacido sin padre, coño, yo tenía que buscarle uno, y me empataba con todo el mundo y salía de marica y me enamoraba y todo… hay que ver que una si es marica, ¿verdad? Bueno, total era, que allí, en el Ministerio, ganaba un coño, un mísero sueldo y me puse a trajinar hasta que aterrice en esta vaina. ¿Tú ves? ¡Una vaina! Yo, al carajito, no lo veo casi nunca. Mi mamá le ha inculcado que yo y que soy puta. Ah, pero para quitarme la plata, para eso sí no soy puta, ¿verdad? ¡Para esa vaina, no!… Imagínate que una vez el carajito le dio tosferina y se puso gravísimo… ¿Tú crees que me dejó verlo? Me avisó que el chamo estaba enfermo, sólo para que le diera para las medicinas. ¡Qué bolas! (Pausa) ¿Tú sabes una vaina? A ti si te lo voy a decir, porque, coño, ¿tú sabes que toda esta vaina que te estoy diciendo es coba, no?… Bueno, casi todo., por que lo de la barriga sí es verdad, pero lo del chamo no. Después que salí preñada, bueno, se armó todo el peo que te conté, pero no lo parí, tuve que abortarlo. Yo invento toda la vaina, porque ¡coño! me da sentimiento acordarme que tuve que abortar a la criatura… El aborto me lo hizo una coño de madre que vivía por mi casa y casi me mata. Tuvieron que llevarme para el Clínico a que me hicieran un curetaje y quedé jodida. No puedo tener más hijos. ¿Tú sabes lo que es vaina? Que el único chamo que pude haber tenido en mi vida, salí de marica a abortarlo… ¡coño! tendría ahora como ocho años y para colmo, quedé escoñetada. Chico, yo no sé porque te cuento esta vaina a ti. ¿No te ladilla, no? Bueno, vale, sí te ladillas, chao. ¿Quieres tomarte una vaina?, bríndame algo…

(Blanca Rosa, ya extremadamente borracha, comienza a hablar. Ello lo hará en un tono mayor. La oirán todos)

(En ese momento, las luces del bar pueden aumentar un poco. Blanca Rosa ocupará toda el área central, cuyo punto focal lo ocupa la rockola. Blanca Rosa ha llegado al clímax de su profunda melancolía comenzará a decir su monólogo a pie del de La Caimana. Al producirse este momento, La Caimana saldrá de escena, las demás actrices se separan confundiéndose con los espectadores).

BLANCA ROSA: (Cobertura, La Caimana, antes de ésta salir). ¡Cállate, coño, cállate! ¡Diez años oyendo la misma güevonada, cállate!

(Canta algún segmento de cualquier canción de Blanca Rosa. Lo termina en forma muy afectada y espectacular. Ríe)

Coño, no joda ¡Eso si es cantar “Tu fina copa de rubio champán” “Qué arrecho, no joda! Tu fina copa… (Mira a su vaso) ¡Un vulgar vasito de plástico es lo que soy y mordío, ¡pa colmo! ¡Una mesonera, una arrastrada y fea pa’ colmo! ¡Ni a puta llegó, que bolas! Tu fina copa de rubio champán… ¡Cerveza y va que chuta! Cuba Libre… (grita) ¡Viva Cuba Libre… Viva Venezuela, compadre! ¡Viva el coño de la madre! Blanca Rosa tú si eres grande… (Desgarrada) “Hambre, de un amor desesperado que me lleva hasta el pecado, aunque tenga que morir…” ¡Eso sí es cantar! ¡Viva la patria! Cincuenta long plays… ¡Eso si es arrecho, no joda! No esta vaina en la que estoy metida. Peluquera es lo que tenía que haber sido, ¡qué arrecho! ¡pero ni peluquera! Mesonera… Me-so-ne-ra… y ¡de botiquín de barrio! Me-so-ne-ra… ¿Dónde está la justicia social, no joda? (Casi llora) ni sindicato (grita) ¡Vivan las putas! ¡Vivan los Estados Unidos! ¡Viva mi mamá, viva el hijo que tuve y se murió, por güevón! ¡Vivan las ratas sucias que trabajan en esta vaina! ¡Viva la pepa! “Hambre de un amor desesperado…” ¡qué hizo que me metiera a puta y que me dejara un hijo, que no pude abortar! Pero, no joda, la vida se vengó de él, porque se murió. ¡Blanca Rosa, tú si eres grande! ¡Eras lo más grande, no joda! escucha… (señalando la rockola), escucha, ¡esa vaina es filosofías, y lo demás es güevonada! ¡Qué Cuba, no joda, que Cuba, Blanca Rosa! (canta desentonada). “Nunca podré morir, mi corazón no se encuentra aquí… Cuando salí de Cuba…” ¡gusana!, pero con dignidad, ¡no joda! ¡no esta vaina, este pedazo de botiquín hediondo a mierda! (grita) ¡Abajo Fidel, Blanca Rosa, abajo Fidel! ¡Vivan los Estados Unidos! “Yanki, go home…” !“Vete a comer mierda a tu país, vete a los Estados Unidos!… Blanca Rosa, tú si te has vacilado esta vaina. Hay que tener talento pa’ esa vaina y no ser una pendeja como una, encerrada en un botiquín echándose palos y oyendo una rockola; porque ni un picocito, ni un “tres en uno”, pa’ oír tus discos, Blanca Rosa, pa’ oírlos cagantes. ¡Que se oigan, no joda, que se oigan!, “tu fina copa de rubio champán…” que se oigan y se pongan de moda, que los pongan en la radio y en la televisión… (grita). ¡Ay, coño de la madre viva Fidel! Blanca Rosa, ¿dónde estás? Triunfando, vacilándote la parte, la reina, la más-más, la que se las sabe todas, la más arrecha de todas… (A todos). ¡Puros ráspagos es lo que hay aquí, pero tú eres la única. La reina de la canción, la reina del mundo entero! (Ríe como embobada) ¡Qué arrecho, ni oído tengo! Nunca pude cantar ni con palito, ni cuando era chiquita con la escoba, ¡un coño!, y después, le dicen a una… y que: “ trabaja… (chulea) Peor es meterse a puta” ¿peor? No joda… ¡No hay nada más arrecho que meterse a puta! Esa vaina si es vida, y no esto (bota violentamente el vaso): tomando caña en vasitos plásticos y acordándose del hijo que se murió… ¡Qué se murió de hambre porque no tenía con que comer! ¡Porque no tenía ni tres bolos pa’ mandarlo al cine! ¡Porque tenía la misma cara de pendejo del papá, el coño’e madre ese! (Se tambalea). ¡Que vaina, coño! ¡Que arrecha es la vida…! (Llora) ¡Qué peladera esta vaina! (Grita) ¡Viva la vida , no joda! (Grita desgarrada) ¡Viva la vida, viva el coño de la madre. (Comienza a oírse de nuevo el disco de Blanca Rosa, esta vez con mayor volumen)

¡Viva Fidel y mueran los comunistas! ¡Viva yo que estoy metida en esta mierda! ¡Viva mi hijo que se murió de hambre! ¡Viva la Cuba Libre!, Donde también se pisotean los derechos humanos. ¡Que arrecho! Ya ni eso, Fidel; ya ni eso le queda a una, ni ser comunista, ¡no joda! ¡Ni comunista, porque la pisotean a una, porque una tiene sus derechos, ¡no joda! Una tiene sus derechos y tienen que respetárselos. Porque sino ¿qué coño es una? (Llora). ¿Qué es una, no joda? ¿Una rata? ¿Un perro? ¿Una mierda? ¿Eso es lo que es una? ¿Una basura? Una tiene derechos y tienen que respetárselos, aunque una no sea más que una mesonera fea y pendeja, ¡aunque una no sea más que una comemierda de botiquín! (Canta) “Nunca podré morir, mi corazón no se encuentra aquí. Cuando salí de Cuba, dejé mi vida, deje mi amor…” (Entra La Caimana en escena, de las habitaciones interiores del bar)

LA CAIMANA: ¡Coño! deja el peo, güevona… ¿Qué te crees que es esta vaina? ¿Un burdel?

BLANCA ROSA: (Agresiva) No me callo, chica, no me callo, ¿por qué me voy a callar? Esta boca que tengo es mía, ¿no? No me callo, no joda. (Gira a la rockola). ¿Te fijas, Blanca Rosa? ¿Te fijas? Una en esta vaina no puede ni hablar, en cambio a ti, ¿quién te manda a callar? ¡no joda! ¡Nadie, Blanca Rosa, nadie!

LA CAIMANA: Bueno se acabó. Te vas con tu pea a otra parte. Te empipas de aguardiente y empiezas con la lloradera… ¡Vamos, vamos, te vas pa’l carajo con tu peo! ¡Vamos!.

BLANCA ROSA: ¡Ay sí…! ¡La monja de Monsa! ¡Ella nunca se ha echado un palo! ¡Pendeja, cómo si no te conociera!

LA CAIMANA: Pues, no tomo, ¿para qué? ¿Para dar la cómica que estás dando tú?

BLANCA ROSA: ¡Ay, claro! (Imitándola). “Yo no tomo, yo no tomo”. (Despectiva). ¡No joda!, Si siempre andas hasta el culo de marihuana. ¡Drogadicta! ¡Traficante! ¡Coño’e tú madre!.

LA CAIMANA: ¡Más coño’e tu madre serás tú, pedazo de puta! Y ahora si, no joda, me desocupas mi empresa. (Sale)

BLANCA ROSA: (muy violenta, aparta mesas). Acércate para que veas, acércate. ¿Acaso que porque seas la dueña de esta vaina tienes derecho a humillarla a una? ¡No joda! ¿Qué te crees que es una? ¿Un pedazo de vaina? ¡Pues, no lo soy, Y te jodiste, te jodiste y te jodiste, porque esta vaina no me la calo! (Se mueve hacia la barra) Sírveme una vaina ahí, chica. Un ronsazo, ¡no joda! ¡Esta pea me la tiro completa! (Grita) Un ron, ¡coño! ¿Estás sorda? Un ron. Ponle hielo y pepsi-cola, limón con esa vaina, ponle limón. Una Cuba Libre (brinda) ¡por ti, Blanca Rosa…! ¡Por ti, Fidel y por todos los que no se la calaron y se fueron pa’l carajo! (Ríe) ¡Vivan los Estados Unidos! No joda ¡Vivan esos malditos explotadores que se van a llevar esta vaina a la mierda y van a acabar con toda esta vaina. (Se aleja hacia la rockola dando tumbos)

LA CAIMANA: (Limpia unos vasos. Ordena la barra) ¡no joda! Eso es lo que yo digo. Cuerda de malagradecidas, ¡no joda! Una las saca de donde están pelando bolas, muriéndose de hambre ¿y qué es lo que hacen? ¡Tomar caña como unas locas y coger esas peas! Desacreditándola a una, ¡coño! ¡Quién ve esta vaina dice que esta mierda es un foco subversivo! Y a la hora de averiguar la vaina, una es la que sale jodida, coño, porque una es la dueña. ¡Y todo por ayudar a esa cuerda de zarrapastrosas! ¡Coño, que jodida es esta vaina! ¡Es que a una le pasa esto por pendeja!

(Se acerca La Sabrosa)

LA SABROSA: ¡Coño, pareces una lora…! Pásame una vaina

LA CAIMANA. ¡No chica, no hay derecho! Mírala, parece una perra ahí tirada, ¡coño! ¡Chica, no hay derecho…! Después dicen que esta vaina es, tu sabes… desacreditan la vaina… ¡Coño!, en vez de agradecer… Con esto es que comen, chica, con esto es que comen.

LA SABROSA: ¡Chica, no seas sifrina! (Con disimulo). Pásame una vaina, anda.

LA CAIMANA: ¿Qué vaina, chica?

LA SABROSA: ¿Te vas a hacer la loca? Anda, pásame una vainita..,. ahí.

LA CAIMANA. ¡Ah, pues, vas a seguir!

LA SABROSA: (Se señala la nariz) Anda, chica, que me voy a rascar. Tengo ganas de una vaina, pásame una vaina, pues…

LA CAIMANA: ¿Qué chica, tú eres loca?

LA SABROSA: ¿Sí? ¿Tú crees que yo me como eso de que…? (imita) “yo no tomo, yo soy zanahoria”? ¡Zanahoria, pinga, mana! Yo sé que tu tienes una vaina guardada por ahí… Tu traficas, mana, anda, no seas balurda, pásame una vaina.

LA CAIMANA: ¡Adiós, cará! ¡Déjate de vainas!, porque después vas y te pones a hablar güevonadas por ahí, y a una le crean la fama. Déjate de vaina, déjate de vaina.

LA SABROSA: ¡Ay sí! “Déjate de vaina”. Si, tú crees que yo soy güevona. Tu tienes, chica, anda… no seas mala, anda pues…

LA CAIMANA: (transición) ¿Y cómo sabes tú?

LA SABROSA: Ay, coño, todo el mundo sabe, marica. Anda suelta esa vaina.

LA CAIMANA: (entusiasmada) ¿Quieres un poquito…? ¡Vamos, pues! (Extrae del pecho un tubo de cocaína, lo aprieta en la mano y le hace señas a La Sabrosa para que la siga. Se alejan hacia los baños. Entran)

(Paralela a esta conversación entre La Caimana y La Sabrosa, La Güevona se ha acercado a La Enrrollada. Hablan entre sí)

LA GÜEVONA: ¡Ay, Yajaira! Yo sé que tú eres la única amiga que yo tengo aquí. Chica, ¿tú sabes lo que es esta vaina? Le pedí permiso a la coño de madre esa para irme, porque tenía una puntada aquí, en la ingle, ¿y tú sabes lo que me dijo la mierda esa? ¡No, joda!, que siguiera fichando y que me olvidara del dolor…

LA ENROLLADA: Mira, mi amor, déjame quieta, ¿quieres? A mí, tu peo de la puntada no me interesa, no me ladilles, ¿quieres?

LA GÜEVONA: ¿Qué yo te ladillo?… Tú, ¿lo que quieres decir es, que soy una ladilla? ¡Ay, chica, no seas fú…! Ladillas son las que hay en ese baño, mi amor. (Señala hacia el baño). Están agazapadas… ¡imagínate!, que tengo unas ganas de mear, porque me estoy tomando un diurético, porque se me hinchan los pies con la barriga y ni de vaina, que me meto en esa vaina. Ay, chica, ¿dónde orino?, me estoy reventando, no aguanto.

LA ENROLLADA: Bueno, méate por allí, en cualquier lado, pero no me jodas, ¿quieres?.

(Las dos actrices continuaran esta conversación, mientras La Caimana habla en tono alto de manera que oigan todos. En cuanto La Caimana se aleja con La Sabrosa a meterse “el pase”, La Güevona toma por un brazo a La Enrollada y la obliga a desplazarse).

LA GÜEVONA: (A La Enrollada). ¡Eso es lo que me choca! Se la pasan en una fumadera y en una de trafique… ¿No te digo? Después, la bicha ésa dándole clases de moral a una, ¿no te digo? Yo si le puedo enseñar a esas percusias, mi amor, lo que es educación, porque para empezar, dígame eso, yo no sé que hago yo aquí rodeada de drogadictas y de mujeres tan vulgares. ¡Ay, chica!, yo te digo una cosa, yo siempre lo digo, y tú sabes, mi amor que yo cuando yo digo una cosa, mi amor, escríbelo, ¡porque esa vaina sale, chica, sale!…

LA ENROLLADA: Yo lo que creo, chica, es que tú estás perdida de sifrina. Nadie te manda a ser tan pendeja. Si no te gusta la vaina, hazte la loca y cálatela, y si no, mana, sacúdete, porque estas bien fastidiosa…

LA GUEVONA: !Ay chica, tu si eres chinche, mijita! Francamente, estas igualita a todas estas bichas…

LA ENROLLADA: ¡Ah, pues, me cayó mojón! Mira, Miss Venezuela, sacúdete, que estoy empatada en una de paciencia, porque no me quiero enrollar.

LA GÜEVONA: ¡Ay, sí! Quién te ve, ¡no joda!. Si te la pasas en un solo rollo. ¿Me vas a salir ahora con esa, como si yo no te conociera? Te la pasas con una criticadera y con una vaina, y ahora me sales con que no te quieres enrollar, ¡no joda! ¡Como si hiciera falta mucha vaina pa’ que te enrolles! ¡No joda, chica, sacude! (se aleja)

LA ENROLLADA: ¿Cómo es la vaina?

LA GÜEVONA: ¡Como si hiciera falta mucha vaina pa’ que te enrolles, chica!

LA ENROLLADA: (La imita) “Como si hiciera falta mucha vaina pa’ que te enrolles”. ¡Pendeja! ¡Eso es lo malo de dejar entrar menores de edad en esta vaina, o de putas arrepentidas. ¿Quién la mandó? Seguro que ella jura que la obligaron

(La Enrollada se desplaza hacia varios puntos del bar y habla con los espectadores. Lo hará en tonos medio y altos de manera que puedan oírla todos los espectadores)

LA ENROLLADA: (Cobertura) Yo no sé porque dicen que soy enrollada. Yo sinceramente, creo que no lo soy. No. Yo estoy segura que no lo soy. ¿Qué enrollada voy a ser yo? Pues, nada, chica. ¡Yo enrollada no soy! (A un espectador) ¿Tú crees que yo soy enrollada? ¿Ah? Anda dime: ¿Tú crees que yo soy enrollada? No, yo enrollada no soy. Si yo fuera enrollada, no estaría aquí, calándome esta, o ¿tú crees que si yo fuera enrollada estaría aquí, como la cuerda de güevonas esas que se la pasan en una sola quejadera, lamentándose de ser putas? ¡No, mi amor, por eso es que yo no me enrollo! Lo mío es una de paz, una vaina, ¿entiendes? Si yo me enrollara, ¡imagínate! Por eso yo estoy segura que yo no soy enrollada. Yo estuve a punto de tener un hijo. Lo tuve en mis entrañas, ¿entiendes? ¿Tú crees que una mujer enrollada puede tener un hijo en las entrañas? ¡Ni de vaina! Lo que pasa es que, claro, aborté, ¿entiendes? Aborté, pero eso fue después que yo disfruté del embarazo. Yo andaba así con mi barrigota, así, de lo más feliz, calándomelas, ¿entiendes? Y les eche bolas, porque yo soy así. ¿Quién coño me mandó a puta, pues? Nadie; y ahí está, ¡pues! Salí preñada, pero yo le eché bolas, mana, le eché bolas! Por eso digo yo que yo no soy enrollada… Yo mi amor, no tengo un pelo de enrollada. (A otro espectador). Ah dime una vaina: ¿tú crees también que yo soy enrollada? No, me vengas a decir que lo soy, porque yo de enrollada no tengo nada. Mira, mano, si yo fuera enrollada, hace tiempo que hubiera mandado todo esto al carajo, ¿por qué no me vas a decir tu, ni tu, ni tu que esto es vida? ¡No joda! No ¡mi amor, ni de vaina! ¿Tú crees que estar aquí limpiando mesas, fichando, es vida? ¡No joda! ¡Qué vida va a ser! ¡Esto es una mierda, una verdadera mierda! (Casi llora) ¡Coño de la madre, no joda! ¿Cómo coño no va a ser una enrollada viviendo es esta vaina, en este chiquero, comiendo mierda, nada más? !No joda! (Violenta). ¿Tú crees que soy enrollada? ¡no joda! ¡Dímelo, dímelo, güevona (violenta) Yo ultimadamente, chica, no tengo un coño de enrollada! ¡Enrollada será el coño de tú madre! ¡no joda! ¡Enrollada es la güevona esa que se la pasa en esa rockola!; enrollada eres tú, güevona, que te la pasas lagrimeando por el macho que te dejó, porque tú para lo único que sirves es pa’ mesonera, y olvídate! ¡Qué ni pa’ puta! Porque para esa vaina, mi amor, hace falta tener de esto… (se señala el sexo) y no esa cara de güevona que tienes tú. Enrollada es la pendeja esa, que se la pasa comprando fiao… (imita) “una faldita bella que trajo una señora de Curazao”. Pendeja. Enrolladas son todas ustedes. ¡no joda! Yo no tengo nada de enrollada. Enrollada es la marica esa, que está empatada con un sapo y ella jura que está tirando con el Presidente de la República… (Ríe) ¡Enrollada, no joda! Y después dicen que yo soy enrollada… ¿vamos a ver, quién es la enrollada aquí?, porque si alguna lo es, no soy yo precisamente! Aquí en esta vaina, hay más de una enrollada, y más de una, que se cree una gran vaina, porque tienen una pistola…!Gran vaina! A mí no me hace falta pistola, mi amor… yo tengo otras cosas con que defenderme y con qué vivir, mi amor… ¡Para eso soy bien completa, no joda!, bien completa y no me hace falta recostarme de ningún sapo policía para vivir. Yo me mantengo sola, mi amor, sola, y no tengo que encuerarme con ningún pendejo que me caiga a coba ¿ok? ¡con nadie!.

LA SABROSA: ¡Ay, si quien te ve! ¡Qué carajo te vas a estar manteniendo sola! No joda, echándoselas de inocente y de gran vainota… ¡cómo si no te conociera…! ¿Y tú sabes cómo es la vaina? Tu conmigo no te metas, comemierda. Ahi si es verdad que te jodiste, pendeja porque si tú eres arrecha, yo también lo soy, ¿ok? Y lo de la pistola, si tanto te molesta, pues si, es verdad, y eso es lo que te tiene arrecha, porque tu jamás podrás tener una… Yo si tengo una, ¿ok? Y, no me hagas arrechar más, marica, porque te la descargo encima.

LA ENROLLADA: ¿Qué coño vas a estar descargando tú, pendeja? ¡Sácame esa mierda, coño de tu madre, sácamela, para que veas como te la cago y te la meo! ¡Sácamela, no joda, para que veas como te la hago meter en el culo!

LA SABROSA: No me amenaces, coño’e tu madre, no me amenaces porque te la saco de verdad, no joda!

LA CAIMANA: (Interponiéndose entre las dos) ¡Ah, no la pinga! ¡Se van pa’l carajo las dos! Tú te vas con tus rollos pa’ la mierda y tu te sacudes también. Aquí, en esta vaina, me dejan la gritadera o las jodo a las dos.

LA ENROLLADA: (A La Sabrosa) Si, ¡atrévete, marica! ¿A que no sacas la mierda esa de pistola que tienes, para que veas como te la hago meter por el culo? Anda, sácala, sácala…

LA SABROSA: No me amenaces, coño’e tu madre, no me amenaces… No joda, que la saco de verdad…

(Continúan la discusión. La Enrollada ríe vulgarmente. La Sabrosa se dirige a la barra donde tiene su cartera y busca dentro de ella. La Caimana se acerca a ella. Mientras La Enrollada sigue gritando y riéndose muy vulgar. La Sabrosa saca de su cartera una pistola. Apunta a La Enrollada. La Caimana se abalanza sobre ella. Forcejean. El arma se dispara. Gran confusión general. Todas las mujeres corren de un lado para otro. La Sabrosa se ha quedado muda con el arma en la mano. La Güevona corre hacia Blanca Rosa. La mira. Blanca Rosa recostada a la rockola se ha llevado las manos al pecho. Por entre sus dedos comienza a deslizarse la sangre que mana de la herida provocada).

BLANCA ROSA: (Bajo, muy bajo) Coño, Blanca Rosa, ¿sentiste esa vaina, Blanca Rosa? ¿Sentiste esa vaina? Me dio… directo en el corazón… ¡Me dio directo, coño! Blanca Rosa, yo creo que estoy muerta… ¡Coño Blanca Rosa… cántame una canción, cántame una canción bien bonita… que me haga olvidar todo esto!. Canta, Blanca Rosa, cántame una canción, bajito… para mí sola, Blanca Rosa… Porque yo sé que tu entiendes esta vaina… y que te la has vacilado de frente, ¡coño!, Blanca… no te vayas… (Agonizando). ¿Dónde coño está Blanca Rosa? ¿Qué han hecho de nosotras? ¿Por qué nos tienen aquí, Blanca Rosa…? (Grita) ¡Coño, no te vayas! No te vayas de mi lado, quédate un ratico más, no te… vayas…

(Muere). (Ninguna sabe qué hacer, por último, La Caimana, toma la iniciativa)

LA CAIMANA: (entre lágrimas) Bueno, hagan algo, carajo… ¡No pueden dejarla así, coño! ¡Hagan algo, hagan algo!

(La Güevona se acerca más a Blanca Rosa y le habla)

LA GÜEVONA: (Llorando). Blanca Rosa… Blanca Rosa… Háblame… di algo… Blanca Rosa…Tu no puedes quedarte callada… di algo, por Dios… ¡di algo! No me asustes… Blanca Rosa… ¡háblame chica!

LA ENROLLADA: (Llorando) ¡Te jodiste, güevona, te jodiste! ¿Quién te mandó a sacar esa vaina? ¿Quién te mandó?

(La Sabrosa aún sostiene el arma en la mano y la ve como alelada)

LA CAIMANA: (Grita desesperada) ¡Coño! ¡Hagan algo, carajo! ¡No pueden quedarse así, como si fueran estatuas! ¡Coño! ¡Una se muere como un pendejo y nadie es capaz de un coño! ¡Vamos! ¡Muévanse! ¡Recójanla! Hay que llevarla al hospital, hay que llamar a la policía. ¡Muévanse, coño! ¡Muévanse!

La Caimana corre de un lado para otro del bar, gritando y tratando que los espectadores se levanten y hagan algo. Llega a la rockola. Sobre los gritos de “muévanse, hagan algo…” de La Caimana, se escucha una sirena policial y otro superpuesta de ambulancia. La Caimana llega a la rockola y ante su impotencia, se lleva las manos al rostro y llora. Se sobreimpone, como un himno “Destellos”, cantada por Blanca Rosa Gil. Solo se oye en la sala el sordo gemido del llanto contenido de La Güevona, La Enrollada, La Caimana y La Sabrosa. Las luces del local decrecen y sólo quedan iluminados los rostros llenos de lágrimas de las protagonistas de esta historia, mientras continua escuchándose la canción.

fin

Tocados de Luna de Ines Múñoz Aguirre

TOCADOS DE LUNA De INES MUÑOZ AGUIRRE EL ESCENARIO ESTÁ BAÑADO DE UNA ESPECIE DE LUZ MISTERIOSA, DONDE SE CONFUNDEN LAS SOMBRAS. AL FONDO UNA CASA. LA FACHADA ES COMO UNA PINTURA. MEZCLA DE IRREALIDAD Y REALIDAD. EN UN ÁNGULO MÁS ALTO CUELGA UNA GRAN LUNA LLENA DE CARTÓN. SEBASTIÁN ENTRA EMPUJANDO UN PEQUEÑO CARRITO DE MERCADO DONDE TRAE CARTONES, LATAS Y DESPERDICIOS. SILBA UNA CANCIÓN DE TONO TRISTE Y DRAMÁTICO. DEJA EL CARRO A UN LADO Y OBSERVA DETENIDAMENTE A SU ALREDEDOR. VA HASTA EL CARRITO DONDE BUSCA ENTRE LOS DESPERDICIOS HASTA SACAR UNA BOTELLA. LA DESTAPA Y BEBE. EL ALCOHOL CORRE POR SU CARA Y SU ROPA. SE LIMPIA LA BOCA CON EL DORSO DE LA MANO. SACA UNA BOLSA.

SEBASTIAN:Amapola……..Amapola……………………(Da vueltas entre los desperdicios)……Amapola, Amapolita…¡Ven chica, que te traje que comer!….Amapola…Amapola…Amapoola. ¡Caray con esta gata! Bueno pues está bien, escóndete si te da la gana, pero después no vengas a fastidiarme con el cuento de que tienes hambre……Si no tuviera nada de comida seguro que ya estarías aquí……..Amapola, ¡chica! Sal de donde estás. (Busca un rincón y se sienta. Saca de la bolsa un pan largo y duro) Amapola, esta es la última vez que te llamo….Amapola a la una……Amapola a las dos…….Amapola a las tres. (Hace el gesto de que va a partir el pan. Atrás de los cartones acumulados se oye un ruido seco de algo que se cae) ….Ajá, ja, ja….ya andas por ahí yo te conozco gata mañosa, sal de una vez por todas sino quieres que me enfurezca y no te de nada de nada.(Se para y da una patada en los cartones, mientras protesta) . Sal pues. Sal. Ah no……¡Que va mijita! (Da la vuelta y se vuelve a sentar, agarra el pan y de nuevo intenta partirlo, cuando se vuelve a escuchar el ruido). Pero bueno. ¿Qué vaina es?…¡O sales o no sales! ( Da una patada tras otra)

CARMEN: (Asomándose lentamente) ¡Ya!…Ya que me …

SEBASTIAN: ¿Quién eres tu?……¿Qué haces ahí? (Sale corriendo y agarra un cuchillo con lo que la amenaza) Sal ya si no quieres que te clave esto en las tripas.

CARMEN: No,no. (Tratando de soltarse de Sebastián quien la tiene agarrada de un brazo) Pero bueno chico. ¿Por qué me vas a matar?…Yo no te estoy haciendo na’ .

SEBASTIAN:(Se acerca más a ella e intenta agarrarla de una oreja) Vamos…vamos..

CARMEN: (Revelándose) No me toques o te mato yo a ti. (Saca una navaja y se la enseña)

SEBASTIAN: Sal de ahí sucia…¡Cochina! ¿Qué vas a matame tu a mi, si no tienes cara de podé matar ni una mosca?

CARMEN: Ay si……porque tu estás tan limpiecito…¿Verdad?….¡Que susto que me das! En lo único que puedes tené razón es en que tienes una cara de delincuente que ya no puedes con ella.

SEBASTIAN: ¿Qué es lo que quieres? Habla de una vez.

CARMEN: Na’ ..Na’ . No quiero na’. Solamente que tenía frío y me quedé dormida ahí, pues. (Va saliendo con cuidado y siempre mostrándole el cuchillo a Sebastián)

SEBASTIAN: Bueno, vas sacudiéndote de aquí, porque este es mi territorio y nadie entra en él si yo no lo he invitao.

CARMEN: Ajá… ¿Qué tenía que hacer? ¿Esperar una tarjeta de invitación para venir a visitarte? ¡Nooo chico!…Si ni siquiera sabía que tu vivías aquí….¡Si no te había visto nunca, pues!

SEBASTIAN: Te vas de aquí….Te vas de aquí……Es la última vez que te lo digo. Yo no ando invadiendo el territorio de nadie. Así que más vale, que te vayas pintando ya de estos metros cuadraos

CARMEN: (Burlándose) ¡Que carácter.!…(Se enseria) Tá bien pues. Ya aprendí. Este es tu territorio. ¡Tu territorio! Yo no estoy diciendo lo contrario….Jamás lo dije y ni siquiera lo pensé. ¿ Qué tiene de malo que si iba por aquí de paso haya aprovechao de échame un sueñito? Yo soy un ser humano que se cansa, por si no lo has entendío.

SEBASTIAN: No tiene nada de malo. Pero te me vas…¡Te me vas! Porque a mi no me importa que clase de problema o de cansancio puedas tener tu. (Se da la vuelta ignorándola. Se sienta. De nuevo agarra el pan. Se lo pasa frente a la nariz oliéndolo)

CARMEN:(Observándolo con detenimiento)…¿Qué es eso?

SEBASTIAN: ¿Qué?

CARMEN: Eso que te vas a comer.

SEBASTIAN: ¿Cómo qué que es? ¡Pan! ¿No estás viendo que es pan? CARMEN: Ajá. (Humilde)

SEBASTIAN: (Se mete el pedazo de pan en la boca y lo muerde) Uuuhhh.

CARMEN: ¿Está bueno?

SEBASTIAN: ¿ Qué cosa?

CARMEN: El pan, pues. El pan.

SEBASTIAN: Ajá.

CARMEN: (Desplazándose de un lado a otro y observando a su alrededor) Te puedo echar una barridita aquí. Seguro que tu tienes una escoba, encondiita en ese suburbio de cosas.

SEBASTIAN: No quiero que me barras nada.Ya te lo dije, este es mi territorio y yo vivo en el como me da la gana, lo único que quiero sabé es ¿Qué esperas que no te vas?

CARMEN: Bueno…Bueno…no se. Te…Te…

SEBASTIAN: Bueno chica. Déjame comé tranquilo…..y vete de una vez. No te lo repito más.

CARMEN: Está bien pues…Me voy. Me voy….De mejores lugares me han botao…(Hace movimientos lentos tratando de engañar a Sebastián de que se va a ir)

SEBASTIAN: (Se vuelve a sentar a comer. Carmen se acerca sigilosamente. Mira fijamente el pan)

CARMEN: Bueno, ya me iba…pero, pensé que….

SEBASTIAN: A pues, ahora si es verdad que la puse.

CARMEN: Es que yo tengo aquí una botellita con agua. A lo mejor…..

SEBASTIAN: ¿Qué?…¿Qué?…¡Suelta de una vez!

CARMEN: A lo mejor quieres un poquito, pa’ pasá el bocao. Bueno, digo yo.

SEBASTIAN: No. No quiero. Yo no tomo agua. Te puedes ir, que yo tengo mi botellita de ron. Que eso es lo que tomo yo.

CARMEN: ¡Ah bueno! Tu pareces rico pues. ¡Muy rico! Tienes pan y tienes ron. Yo pensé que….Bueno es verdad, mi agua no te sirve de na’.

SEBASTIAN: Ajá.

CARMEN: Me voy pues. (Guarda el cuchillo en su bolso)

SEBASTIAN: Adiós.

CARMEN: (Sale caminando apresuradamente y se cae) ¡Ay caray! Esto es lo único que me faltaba.

SEBASTIAN: (Sin acercarse)¿Qué es lo que hiciste, ahora? CARMEN: Me caí pués..¿No estás viendo?

SEBASTIAN: Párate de ahí y te vas…

CARMEN: No puedo vale. ¡No puedo! ¿No ves que se me torció el tobillo? (Se queja escandalosamente sobándose el pie)

SEBASTIAN: Ahora si. (Se acerca hasta donde ella está) Además de entrometía, también me salió delicada.

CARMEN: No soy delicá na’, vale. Me dejas de está diciendo cosas. Hablando lo que no sabes.¿ A qué no adivinas cuánto camino yo?

SEBASTIAN: ¿Cuánto?

CARMEN: Veinte kilómetros diarios.

SEBASTIAN: ¡Ja! Eso no te lo crees ni tu misma.

CARMEN: Ah no…a ti lo que te pasa es que te da rabia, porque seguro que tu no caminas ni la mitad.

SEBASTIAN: No voy a discutí contigo chica.

CARMEN: (Recuerda de pronto el dolor del pie y comienza a quejarse de nuevo)¡ Ay..ay..Mi pie…Mi pie..Mi pie!

SEBASTIAN: Está bien.(Se acerca más a donde está Carmen. Se agacha agarrándole el pie y moviéndoselo fuertemente) Pa’ ve que fue lo que te pasó en el pie.

CARMEN: ¡Ay bruto! No me des tan duro que me duele.

SEBASTIAN: (Revisándole el pie) Está bien pues. Ganaste. Si tienes el pie ese doblao.

CARMEN: Ahora no me voy a podé dir.

SEBASTIAN: Bueno. Bueno quédate ahí. Pero no me molestes.

CARMEN: No.No.Yo no te voy a molestá. No me tienes que está rogando na’ . Ni aclarándome que ésta es tu propiedad. ¿ No ves qué yo sí me tengo que dir? ¡Claro que me tengo que dir!

SEBASTIAN: Vete pues. ¡Vete! Tu como que eres el espíritu de la contradicción. Te digo que te vayas y te quedas. Te digo que te quedes y te vas. Vete de una vez pues.

CARMEN: No es que me quiera dir. No. Porque de verdad este pie me está doliendo. Pero me tengo que dir a buscar algo de comé.

SEBASTIAN: ¡Ajá! Porque…ahora me vas a venir conque no has comido. CARMEN: Pues sí, no he comido na’ en todo el día….y ya estoy sintiendo así, como unos puyazos. Aquí en la barriga.

SEBASTIAN: Bueno, bueno. Déjame pensar…(Se queda observando el pan)

CARMEN: Anda chico. ¡No seas malito! Dame un poco de ese pan.

SEBASTIAN: Un momento. Un momento. Sin mucho ruego. ¿De acuerdo? Porque si te doy es porque yo quiero. Por más nada…

CARMEN: Está bien pues. No he dicho na’. Y además que te quede claro que tampoco es que te estoy rogando.

SEBASTIAN: Bueno. Entonces, déjame ver.

CARMEN: Yo no le ruego ni a papá Dios, pa’ que lo sepas…….

SEBASTIAN: Yo mejor ni te oigo, por que si no, si es verdad que no te doy na’. CARMEN: No me oigas. No me oigas. ¡Total!

SEBASTIAN: Entonces chica, ¿Quieres el pedazo e’ pan, si o no? CARMEN: Bueno si.

SEBASTIAN: Déjame ver.(Da vueltas como pensando)…¿Desde cuándo es qué no comes?

CARMEN: Desde ayer.

SEBASTIAN: Gran cosota. ¡Gran cosota! Yo a veces he pasado hasta tres días sin comer.

CARMEN: Pero tu eres más fuerte que yo.

SEBASTIAN: Ah eso si que es verdad…(Se sube la camisa y le muestra el brazo, doblándolo hacia arriba) Mira. Mira. Puro músculo. Como si hiciera ejercicio pues.

CARMEN: (Agarrándolo) Oye si…Que brazos tan duros, vale.

SEBASTIAN: Suelta pues. Suelta…¿Qué confianza, es esa de estame agarrando a esta hora? Así como así.

CARMEN: Oye chico, pero tu si que eres refunfuñón. Por todo te pones bravo…..

SEBASTIAN: Bueno. Sin discutidera. Sin discutidera. ¿Okey? Porque aquí el que manda soy yo.

CARMEN: Ya sé. Ya sé. No me lo recuerdes más.

SEBASTIAN: Entonces sigamos adelante con lo que estamos aquí tratando de aclará….Me dijiste que no comes desde ayer..¿No?

CARMEN: Si. SEBASTIAN: Muy bien…….. ¿Qué fue lo último que comiste?

CARMEN:(Como tratando de recordar) Déjame ver….Bueno. Creo que fue un pedazo de arepa. Café negro….

SEBASTIAN: ¿Y qué más?. ¿Qué más?

CARMEN: Bueno creo que un pedazo de mortaleda.

SEBASTIAN: ¡Caramba! Pero comiste muy bien….

CARMEN: Más o menos.

SEBASTIAN: Entonces. ¿ De qué te quejas?

CARMEN: No me quejo. Solo te dije que no como desde ayer.

SEBASTIAN: Eso es quejase chica. Tu si que eres mal agradecía.

CARMEN: Eso es hambre y ya……( Se agarra el pie de repente ) ¡Ay mi pie! Caray .Este pie si que me duele.

SEBASTIAN: No me vengas otra vez con lo del pie…Que me distraes.

CARMEN: Está bien….¿Entonces? Oye..¿Tu sabes lo qué estoy pensando?… Tu pareces un político. Hablas y hablas y hablas. Y no haces na’ .

SEBASTIAN: Ah no, sin críticas. Porque si no vamos a tener un problema. Ya bastante con que tengo que soportar tu presencia aquí.

CARMEN: Yo mejor como que me voy.

SEBASTIAN: ¡Ay si ! Que ofendida estás… No inventes y no seas embustera. Porque tu sabes que no te vas a ir. Y te la pasas con ese:(La remeda) Me voy..me voy…..(Se queda observándola y da vueltas alrededor de ella mientras juega con el pan) Bueno, total. Yo traje este pan para darle un pedazo a Amapola…La llamo por última vez y si ella no aparece, bueno, te doy su pedazo..¿Está bien?

CARMEN: Está bien…Dale pues. Pero apúrate. Llama a esa gata de una vez. ¡Apúrate!

SEBASTIAN: (Camina de un lado a otro) Amapola….Amapolita…¿Dónde estás?

CARMEN:Dale que yo te ayudo. Llama otra vez. Amapola…Amapolita…..

SEBASTIAN: Amapola..Amapola.Ven rápido que esta mujercita entrometía se quiere comé tu pan.

CARMEN: Sin insultos. Sin insultos. Que yo no te estoy faltando a ti.

SEBASTIAN: Tá bien. Tá bien. No te metas en lo que yo digo, porque el jefe soy…. CARMEN: (Interrumpiéndolo) Ya se. Ya se. El jefe eres tu. Pero eso no te da derecho.

SEBASTIAN: ¿Ah con qué esas tenemos?

CARMEN: Sigue chico. Sigue llamando. Vamos. Llama junto conmigo: Amapola…Amapola.

SEBASTIAN: Amapola…Amapolita.¿Chica qué es lo qué haces? Apúrate que te vas a quedar sin comer. Amapola. Ya me estoy molestando. Ya me estoy molestando…(Ahora se dirige a Carmen) ¿Verdad qué me estoy molestando?

CARMEN: ¡Ah yo no sé !

SEBASTIAN: ¿Cómo qué no sabes?

CARMEN: No, no sé…Bueno pues. Ya la gata esa no va a vení. ¿Hasta cuándo vamos a esperá?

SEBASTIAN: Ultima vez….Ultima vez. ¿De acuerdo?

CARMEN: Está bien. Dale pues.

SEBASTIAN: Amapola….¡Amapola a la una.!…..¡Amapola a las dos!…¡Amapola a las tres! CARMEN: Ya está.

SEBASTIAN: ¡ Tá bien! (Se dirige a donde tiene el pan. Corta un pedazo. Carmen se acerca caminando rápidamente) Toma pues.

CARMEN:¡ Dame!…¡Dame! SEBASTIAN: (Entregándole el pedazo de pan) ¡ Caray, que rapidito se te olvidó el dolor del pie!

CARMEN: (Agarra el pedazo de pan y se sienta en un extremo a comérselo rápidamente) Me duele chico. Me duele, pero la necesidad es más grande que el dolor.

SEBASTIAN: (Se sienta en el otro extremo y se come el pedazo de pan que le queda. De vez en cuando se miran de reojo, pero se voltean rápidamente. Sebastián agarra su botella de ron y se toma un trago. Carmen lo ve fijamente)……..¿Qué pasó?

CARMEN: No na’ ……Na’ . SEBASTIAN: Ah bueno…..mucho cuidao

CARMEN: (Se para y saca su botella de agua. Se toma un trago.)…¿Quieres?

SEBASTIAN: No, chica, ya te dije que yo no tomo agua.

CARMEN: Yo sé, yo sé, pero como me diste tu pedazo de pan y bueno, yo lo único que tengo es esta agua…..por eso te ofrecí, por amable pues.

SEBASTIAN: No me gustan tus amabilidades, porque algo andas buscando…..ya te conozco

CARMEN; Tu no me conoces na’ .

SEBASTIAN: Unhu….. CARMEN: Esta noche está haciendo frío.

SEBASTIAN: ¿Frío?

CARMEN: Si. Que bueno sería un cafecito…..o algo así pa’ calentase pues.

SEBASTIAN: Esto no es bar ni restaurante…

CARMEN: Ay, yo no estoy diciendo eso.

SEBASTIAN: Mira, ¿Por qué mejor no te quedas callaita?, y ya está.

CARMEN: (Carmen vuelve a sobarse el pie ) Que fastidio con este dolor del pie que no se me quita.

SEBASTIAN: Ajá. (Cada uno ve a su alrededor. Sebastián tratando de ignorarla.)

CARMEN: Creo que voy a estornudá.

SEBASTIAN: Estornuda pues que eso aquí no está prohibio, ni te va a costar nada. CARMEN: Es que…..es que….yo creo que..

SEBASTIAN: ¡Ay ! Se volvió gaga la muchacha.

CARMEN: Es que creo que me va a da gripe

SEBASTIAN: ¿Cómo es eso?¿ Así de repente?

CARMEN: Es que tengo fríos los pulmones….

SEBASTIAN: ¿Ah si? ¡Ja!..y después dice que ella no es delicada. Yo no sé mija que haces tu por aquí recogiendo latas y cartones, con tanta delicadeza.

CARMEN: Oye vale, pero tu si que eres criticón…¿Tú no sabes qué a uno se le enfrían los pulmones? Pues si, te pones acatarrao…acatarrao. Se te aprieta aquí. (Golpeándose en el centro del pecho) Aquí en todo el centro…….y eso es por falta de algo caliente.

SEBASTIAN: Algo caliente como un roncito..¿Verdad?

CARMEN: Bueno si…

SEBASTIAN: Ay mija, ya te conozco. Caray si me descuido te me metes en el rancho y te me quedas a viví aquí.

CARMEN: Tu si que eres exagerao, vale…Pero además eres de un pichirre… SEBASTIAN: Ah ¿Pichirre yo?…,¡ Ta bien!. ¿Pichirre el qué te da el último bocao de pan.?

CARMEN: Bueno, no te me vayas a poné a llorá que vas a parecé una mujercita.

SEBASTIAN: Mucho cuidao con lo que dices. Porque soy capaz de…. CARMEN: ¿De qué? ¿De qué? Me vas a pegá. ¡Que va mijo, ten cuidao que tu tampoco me conoces! (Carmen empieza a toser)

SEBASTIAN: Ay si, que miedo. Mira, mírame las piernas que estoy temblando como una cucaracha.

CARMEN: (Tosiendo cada vez más fuerte) ¡Ay si, muy gracioso!

SEBASTIAN: Bueno. Tomate el trago de ron y déjame tranquilo.

CARMEN (Sale corriendo, agarra la botella y le estampa un beso en la mejilla) ¡Gracias. Vale! La verdad verdaita es que tu no tienes comparación…

SEBASTIAN: Sal pa’ ya (Empujándola) ¿Quién te dijo a ti qué me tienes que andá besuqueando? Tómate el ron y dame la botella.

CARMEN: Otro traguito, pues. Uno na’ más.

SEBASTIAN: ¡Uno!

CARMEN: Si, uno solito.

SEBASTIAN: Pero chiquito porque te conozco (Se para junto a ella y observa con detenimiento )

CARMEN: Ta’ bien. (Toma apresuradamente)

SEBASTIAN: Ya. Ya está bueno pues, que ese no me lo regalan.(Carmen le entrega la botella y revisa en su bolso, de donde saca latas, trapos etc.) ¿Qué estás haciendo? Cuidado con regá aquí tus cosas, que así empiezan los invasores y después se quedan.

CARMEN: ¿Qué invasores?

SEBASTIAN: Todos pues. Todos. Son como la plaga. Llegan ven a su alrededor y ya. Se quedan. Pa’ siempre y uno aguantándoselos.

CARMEN: Tu si que eres mal pensao…..(Le muestra unas colillas) Mira lo que estoy buscando. Unos tronquitos de cigarros que tengo por aquí. SEBASTIAN: ¡Eso si que está bueno!

CARMEN: Toma..toma uno. Tu te lo mereces a pesar de to’.

SEBASTIAN: ¡A pues caray! Pusiste el toque de oro a la cena.

CARMEN: Ah, pa’ que tu veas, que lo único que haces es pensá mal de mi. (Se sientan uno al lado del otro y prenden los cigarros. Fuman con calma y en silencio.)

SEBASTIAN: Está bueno esto.

CARMEN: Y aquí tengo unos cuantos…Pa’ lo dos pues, así no te sigues peleando conmigo.

SEBASTIAN: ¿Y qué más llevas en ese bolso?

CARMEN: No mucho, lo que recogí hoy, unos trapitos usaos, que me dio una doña por ahí.

SEBASTIAN: Una doña….¡Ajá! Conque tu eres de esas fastidiosas que va tocando las puertas ajenas…¿No?

CARMEN: A veces chico, solo a veces.

SEBASTIAN: Tómate otro traguito, pa’ que no digas…

CARMEN: Ay caray que amable te me pusiste.

SEBASTIAN: Deja de estame llamando como que si yo soy algo tuyo.¿Oiste? CARMEN: Bueno, no empecemos otra vez ,vale, que ya estoy cansá. SEBASTIAN: ¿Y cuántas puertas tocas al día?

CARMEN: Ya te dije que no lo hago siempre. Eso es un fastidio, hay gente que te tira esa puerta encima que casi te arrancan la nariz. Claro como ellos no pasan hambre como uno….

SEBASTIAN: ¡Qué va!…yo no ando aguantando esas cosas, por eso ando por la calle, por ahí pues y recojo lo que veo abandonao. La gente bota muchas cosas.

CARMEN: Basura y más basura….¿Pá qué le sirve eso a uno? SEBASTIAN: Ay mijita a mi me sirve de mucho.

CARMEN: Que va. Yo soy pobre pero honrá. No ando recogiendo na’ de nadie. A mi me gusta tené lo mío y ya.

SEBASTIAN: Ay si. Lo que yo recojo es mío y nadie me puede vení a reclamá, porque lo botao, botao está.

CARMEN: Bueno, yo no voy a seguí una discutidera contigo, porque igualito no me vas a convencé. SEBASTIAN: ¡Que mujercita tan resabiá, caray ! CARMEN: ¿No te provoca así como fúmate otro cigarrito?

SEBASTIAN: Dame acá pues. (Encienden los cigarros y por un rato se quedan en silencio ) CARMEN: (Mira de un lado a otro como fastidiada. Finalmente se queda observando fijamente a Sebastián)¿Estás preocupao por algo no? SEBASTIAN: ¡Ay!.¡Ay!..¡Ay! ¿Y a ti qué te importa?

CARMEN: Bueno si me importa vale, porque estoy aquí contigo.

SEBASTIAN: Es que primera vez que Amapola tarda tanto en vení, después que yo llego.

CARMEN: Ah no, no me vas a vení ahora, conque si la gata esa llega te tengo que devolvé el pan que me comí.

SEBASTIAN: Claro que no chica. Tu si que eres necia….

CARMEN: Ah, así ; si que está mejor. Entonces si te mereces lo que te voy a da’.(Volteando el bolso de donde caen unas cuantas colillas en el piso)….Una pa’ ti…Una pa’ mi….Una pa’ ti…Una pa’ mi….

SEBASTIAN: ¿Qué estás haciendo ahora?

CARMEN: Bueno, separando unos tronquitos pa’ dejate.

SEBASTIAN: ¿Y que pasó ahora, que vas a empezá otra vez con qué te vas? CARMEN: Bueno..que se está haciendo tarde…y tengo que buscá donde dormir.

SEBASTIAN: ¡Ah no!….¿Ahora me vas a decí qué no tienes dónde dormir? CARMEN: (Esta vez sin inmutarse) No. No tengo…¿Pero eso qué importa pues?…Yo siempre consigo por ahí un rincón donde meterme. Aunque ahora hay que caminá más….porque yo no se que está pasando, porque ahora como que hay más gente o a lo mejor lo que hay son menos lugares donde pasá la noche.

SEBASTIAN: ¡Que va…qué va! Yo mi casita no la dejo por nada. Aunque claro ya casi que lo que me queda es un hueco donde dormir, de tanta cosa que tengo. CARMEN: ¿Y de dónde sacaste tu eso?

SEBASTIAN: Por ahí…de años pues. Revisando en los basureros de la gente. CARMEN: ¿Pero pa’ qué guardas tanta cosa, si na’ sirve pa’ na’?

SEBASTIAN: ¿Cómo qué no? Cuando ya me canso de algo, porque se le acabó la historia…bueno, hasta soy capaz de límpialo, le acomodo lo que tiene roto…y me voy por ahí y lo vendo.

CARMEN: Tu si que estás loco….

SEBASTIAN: ¿Loco?…Pero tengo donde dormir

CARMEN: ¡Ay si.!..Está bien pues. Yo no tengo.

SEBASTIAN: Lo que pasa es que hay que viví como yo, para entender. CARMEN: ¿Quién va a está pendiente de historias y de cosas? Además ¿Qué historia va a tené esa basura qué tienes ahí…..?

SEBASTIAN; Todas las cosas en la vida tienen una historia.

CARMEN: Que va mijito, si ni tu ni yo tenemos historia, mucho menos un perol que alguien botó.

SEBASTIAN: Ay chica, yo mejor ni te escucho, porque segurito que tu ni sabes lo que significa la palabra historia.

CARMEN: Ya está. Habló el sabelotodo. Historia es….Historia es…Historia es todo eso que escriben unos señores muy sabidos y lo publican en esos libros que lee la gente, dizque pa’ aprendé.

SEBASTIAN: Eso na’ más no es historia.

CARMEN: ¿Ah no? ¿Ah no? Chico la basura no tiene historia. Basura es basura y ya está. SEBASTIAN: ¿Basura?…¿Basura?…tu vas a ve (Se para corriendo y entra en la casa, sale con un teléfono viejo en la mano) Mira esto…Mira esto….¿Qué es esto?

CARMEN: ¿Cómo qué qué es eso?. Un teléfono pues. Un teléfono. Ahora vamos a jugá a la adivinanza con una cosa que se ve ahí clarita.

SEBASTIAN: Ajá un teléfono. ¿Tu sabes dónde lo conseguí?

CARMEN: (Como fastidiada) ¿Dónde? ¿Dónde lo conseguiste?

SEBASTIAN: En el basurero del hospital.

CARMEN: Ajá…y ¿Cual es la diferencia? SEBASTIAN: ¿Cómo qué cual es la diferencia?…No es lo mismo un teléfono del basurero del hospital, que un teléfono del basurero de una casa cualquiera. CARMEN: Chico, un teléfono, es un teléfono, sea de donde sea….Y eso ya ni teléfono es. Si lo botaron es porque ya no sirve.

SEBASTIAN: Ah claro que ya no sirve….pero sirvió y sirvió pa’ mucho ¿Sabes?

CARMEN: Ta’ bien…ta’ bien…¿Qué te puedo decí yo? Yo no tengo, ni tuve, ni tendré un teléfono.

SEBASTIAN: ¿Ah ves?, pero yo si……y tengo toda su historia conmigo.

CARMEN: ¿Qué historia?, ¿Qué historia?

SEBASTIAN: Bueno, yo te voy a mostrá….porque sino yo estoy seguro que tu no vas a entendé….pero eso sí, te quedas callá…Una sola palabra y no te digo más na’.

CARMEN: Está bien…..Dale pues. SEBASTIAN (Coloca el teléfono en el centro y se aleja un poco de el ) Aquí voy…ya sabes….no digas na’.

CARMEN: Si…pero dale pues.

SEBASTIAN: Ta’ bien…pero ya sabes…Yo nunca he hecho esto con nadie

CARMEN: Ay vale…¿Pero vas a seguí? Dale pues que se hace muy tarde.

SEBASTIAN: Muy bien….silencio…..Riiiing….riinng. (Sale corriendo y agarra el teléfono. Cambia la voz y la postura) Aló..Si…¿Con quién quiere hablá? Ah es conmigo. Si, Yo soy el doctor, señora Pérez. Si bueno, usted ta’ muy enferma. Si. No salieron bien los exámenes…¿Cómo?..pero no llore Señora Pérez, si yo todavía no le he dicho que usted tiene ….Que usted tiene….¡Cáncer pues! Si señora Pérez, pero dese una vueltica por aquí y nos tomamos un cafecito pa’ hablá….Pero no se preocupe …que no se va a morí todavía…Bueno pues que le vaya bien. (Cuelga el teléfono) Riiing….riing… Aló…Felicitaciones, Sr. García, su esposa parió un varón..¡Si, que maravilla! Eso es lo que necesita el mundo. Muchachos inteligentes como el suyo…..Tiene que vení rápido pa’ que lo vea…Muchacho gordo, robusto, lleno de vida, con esos ojos negros grandes y ese pelo enroscaito…Bueno pues, felicitaciones. (Cuelga el teléfono ) Riiiing…..riiing…riing…(Cambia a otro tono de voz) Aló….aló..aló..Habla Alicia que yo se que eres tu…¡Hola mi amor.!. Claro chica yo estoy ya en el hospital, ¿No ves qué te estoy atendiendo yo mismo? Claro, le dije a mi mujé que tenía que vení a trabajar, pero yo te espero aquí……pa’ date tu abracito y tu besito……pero te tienes que vení rápido. Antes de que empiecen a llegá esos accidentaos, que después no le queda tiempo a uno para nada. Ta’ bien, te espero pues. (Cuelga el teléfono) Aló. Buenas Noches, es la casa de la familia Ramírez…Si, es de aquí del Hospital….Yo quiero hablá con el señor Ramírez…¿Cómo qué el se fue de la casa como hace quince años?…..¿Cómo? ¿Qué más nunca se ocupó de usted, ni de su muchacho? Pero caramba señora, eso si que es una calamidad….¿Cómo será posible, qué haya hecho eso? ¿Por otra mujer.¡Caramba pero que tipo tan desconsiderao ! Eso no se le hace a una mujer buena como usted, ¡No señor! Con razón que mi padre siempre me decía…

CARMEN: ¡Ah no vale!, que fastidio contigo….¿Qué es eso ahora, de estate metiendo en la vida de los demás?

SEBASTIAN: ¿Ah?…¿Pero qué haces tu ahí hablando, si yo te dije que te quedaras callá la boca?

CARMEN: Bueno, pero es que tu ahí con ese cuento…Yo no te voy a seguí escuchando.

SEBASTIAN: Quieres qué te diga la verdad?

CARMEN: ¿Cual verdad, si tu no sabes ni siquiera dónde estás parao? SEBASTIAN: Bueno, bueno, esa no era la llamada…Es que yo, bueno, es que yo la hice mal y empecé a hablá de lo que no era.

CARMEN: Entonces pues, hazlo como es…

SEBASTIAN: Si…si, está bien, pero te callas…..(Se vuelve a colocar en el medio de la escena y trata de adoptar una posición seria ) Riing….Riiing..Hola, Sra. Ramírez, la estoy llamando pa’ decile……Si de aquí del hospital, si, que su hijo, pues, que su hijo, llegó con un balazo en la espalda..Si, si, pero no grite señora. Escúcheme caramba, su hijo se murió pues…Si, como está oyendo, ¡Se murió!

CARMEN: ¡Ah no vale! Eso tampoco me gusta. Eso está muy triste, pobrecita esa señora.

SEBASTIAN: Ah no contigo no se puede. Yo sabía desde el principio, que eso iba a ser así.

CARMEN: Es que tu, cónchale, como que crees que la gente va a está pagando teléfono, pa’ hablá puras cosas feas.

SEBASTIAN: ¿Qué cosa feas?….Si el muchacho se murió hay que decírselo. CARMEN: Pero no así tan de repente.

SEBASTIAN: ¿Pero quién te puede entendé entonces? Primero me dices…. CARMEN: (Acercándose le quita el teléfono de un arrebatón ) ¡ No vale, préstame acá!

SEBASTIAN: ¡Ah no.! Me das mi teléfono, que ya te lo vas a queré quedá también. (Forcejean por el teléfono, cada uno halándolo hacia su lado ) CARMEN: ¡Que es un momentico na’ más!

SEBASTIAN: ¡Que no se lo presto a nadie!

CARMEN: ¡Egoísta ! SEBASTIAN: ¡Entrometía!

CARMEN: ¡Sarnoso! SEBASTIAN: Ah no. Ya está. Ya me cansé.

CARMEN: ¿Otra vez? SEBASTIAN: ¿Otra vez qué?

CARMEN: Yo no te voy a quitá el teléfono chico. No te cuesta na’ . Préstamelo un momento. Yo solo quiero…quiero, ¿Cómo es qué se dice, caray? ejem…ejempli..¡ Mostrate una cosa ! SEBASTIAN: Pero es solo un momentico (Se lo entrega) CARMEN:Ponte allá. SEBASTIAN: ¿Dónde? CARMEN: Ahí sentaito, pa’ que me puedas ver. SEBASTIAN: (Se sienta con desgano) ¡ Dale pues! CARMEN: Riing….riiing…..riiiiiiing. Aló, aló por favor con…… (Se voltea a ver a Sebastián ) Si….comuníqueme con…..¡Ay caray!…¿Cómo es que tu te llamas vale, qué no me has dicho como es tu nombre?

SEBASTIAN: Claro que no te lo he dicho.

CARMEN: Dímelo pues, apúrate. SEBASTIAN: Sebastián…Yo me llamo Sebastián. CARMEN: Ay ,pero que nombre tan bonito….. SEBASTIAN: Ah, no…..¿Entonces? CARMEN: Ay verdad…Ya se me había olvidao que estaba haciendo…Ajá (Cuelga el teléfono de nuevo ) Riiiiing……Riiiing…Aló por favor. ¿Por ahí se encuentra Sebastián? Sí dígale que es Carmen, que quiero hablá con el……..(Se queda como esperando y observa fijamente a Sebastián ) ¡Dale pues! ¿No vas a atendé? SEBASTIAN: ¿Atendé qué? CARMEN: El teléfono, chico, el teléfono…. SEBASTIAN:¿ Pero qué teléfono si lo tienes tu? CARMEN: ¡Ah hombrecito bruto caray.!..Y tan sabio que se la da. Agarra pa’ allá y haces como que si vas a atendé el teléfono. SEBASTIAN: ¡No hay otro…No hay otro! CARMEN: Bueno, tu vas pa’ allá y te lo imaginas. ¡Dale pues ! SEBASTIAN: Ajá bueno…¿Y entonces?, ¿Qué hago? CARMEN: Tu pon la mano así (Le muestra como) y haces como que si tienes el teléfono. SEBASTIAN: Ajá…¿Y entonces? CARMEN: Bueno…aquí voyy…Aló SEBASTIAN: Aló CARMEN: Hola Sebastián, es Carmen SEBASTIAN: ¿Qué Carmen? CARMEN: Yo pues Carmen. SEBASTIAN: Es que como hasta ahora no me habías dicho tu nombre, yo no sabía quien era pues. CARMEN: ¡Yo chico! Haste de cuenta que somos amigos SEBASTIAN: Ta’ bien. (Vuelve a poner la mano como que si atiende el teléfono) CARMEN: ¿Te acuerdas de mi? SEBASTIAN: Bueno si…..(Dudoso mirándola) CARMEN: Te estoy llamando, pa’ ve si nos podemos reuní y conversá un poquito. SEBASTIAN: Pero ya estamos conversando. CARMEN: Digo personalmente, chico. Es que me gustaría entablá contigo una amistad un poquito más profunda. SEBASTIAN: Bueno dale, pero depende de lo que tu llames profundo, porque no me pienso casá, ni nada por el estilo.

CARMEN: Oye, pero tu si que eres mal pensao, apenas te llamo y ya estás hablando de matrimonio como que si no hay más na’ en la vida porque preocuparse.

SEBASTIAN: Ah no, digo yo, pues. Es que toítas en el fondo quieren lo mismo y mi casa es muy pequeñita pa’ formá una familia, y lo que me gano vendiendo latas y cartones apenas si me alcanza pa’ sobreviví.

CARMEN: Oye pero eso es como un discurso…¿Entonces, nos vemos o no nos vemos?

SEBASTIAN: Bueno, puede que si.

CARMEN: ¿Dónde nos encontramos?

SEBASTIAN: En mi casa pues.

CARMEN: Pero yo no se donde vives tu. SEBASTIAN: Ah no caray. (Dejando de fingir que habla por teléfono) Yo no te voy a está explicando mi dirección, si ya estás aquí.¡Que fastidio contigo! CARMEN: Fastidioso tu, que no tienes imaginación. Me decias cualquier cosa y yo llegaba como que si nada…de visita. SEBASTIAN: Dame acá mi teléfono, tu eres la que no entiende nada.

CARMEN: Toma, toma tu teléfono…Ay si, parece que fuera el único teléfono sobre la tierra, además si por lo menos sirviera.

SEBASTIAN: No sirve pa’ ti. Pa’ mi si sirve.

CARMEN: ¿Por qué sirve, por qué es nada más lo que tu dices?

SEBASTIAN: Porque me trae recuerdos.

CARMEN: ¿Qué recuerdos?

SEBASTIAN: ¡Ay no voy a empezá otra vez! Recuerdos de toda la gente que habló por el, ya te lo dije chica. Déjame ir a guardá mi vaina y se acabó..(Se dirige al rancho y deja el teléfono dentro. Carmen se vuelve a sentar a un lado y enciende otro cigarrillo. Sebastián tarda un poco en salir. Ella mira impaciente de vez en cuando hacia la puerta. De repente la puerta se comienza a abrir lentamente)

SEBASTIAN: ¿Todavía estás ahí?

CARMEN: Pues claro. ¿Dónde voy a está ? Ya a esta hora no puedo agarrá pa’ ningún lado, porque tu con el cuentico ese del teléfono hiciste que se me fuera el tiempo. ¿Y ahora quieres que me vaya? Pa’ ve si me encuentro por ahí con un ladroncito de esos que le amarga la vida a uno, porque uno no tiene na’ que le roben. ¡Que va mijito!, aquí amanezco, total estoy en la calle……y que quede claro, no te estoy molestando. El que está saliendo a pregúntame tonterías eres tu.

SEBASTIAN: (Acercándose). Pero bueno mija, no es pa’ tanto, ni que te hubiera dao cuerda, pa’ que me vengas con ese discurso.

CARMEN: Bueno, chao contigo, porque ya no quiero sabé nada de ti, yo soy sola y sola me quedo. SEBASTIAN: Pues ahora te la aguantas, porque soy yo el que se volvió contradicción……………………..(La ve y se va acercando lentamente). Pero dime la verdad. ¿No te gustó lo del teléfono? CARMEN: ¡Ah no que va! A ti como que te falta un tornillo, porque al que no le gustó e interrumpió todo el asunto fuiste tu.

SEBASTIAN: Claro vale, porque te pones muy pesada.

CARMEN: Ajá…está bien pues………Mira y hablando así como los locos, pues ¿Te quedará otro traguito de ron por ahí? SEBASTIAN: Ah, pa’ eso si, ¿No? CARMEN: Bueno está bien, no me des nada. SEBASTIAN: Pero caray, tas perdía de….como es que dice esa gente por ahí de sensiblera pues. Pareces de telenovela…..Tomate el traguito pues. CARMEN: Dame acá. SEBASTIAN: Toma pues……… (Mientras Carmen toma ) Está bien el que se puso bravo fui yo..Bueno, no te voy a pedí disculpas, porque que va., esos asunticos raros no van conmigo, pero está bien, te voy a enseñá otra cosa que tengo por ahí. CARMEN: Bueno, dale pues, pero te apuras. SEBASTIAN: Está bien….está bien (Sale corriendo y entra en el rancho….Sale con un espejo viejo, que está partido de un lado) Mira…mira esta maravilla. CARMEN: ¿Qué es eso muchacho?..(Huyendo de el) ¡Va de retro.!… SEBASTIAN: ¿Pero por qué?…¿Qué hice ahora?

CARMEN:¿ No te das cuenta que ese bicho está quebrao? SEBASTIAN: Ah claro.¿Y qué querías? CARMEN: Eso es pavoso muchacho…¡Eso es pavoso! SEBASTIAN: Ay si, cuidao y te empava….¡Cuidao y te va mal en la vida!…..¡Como te va tan bien! CARMEN: Bueno, mijito, mi vida no será una maravilla, pero no quiero que se me ponga más negra de lo que está. SEBASTIAN: Yo me miro todos los días en el y hasta ahora nada ha empeorao ni nada mejora, así que no hay ningún efecto dañino. ¿Está bien? y si no te gusta…bueno no importa aquí no ha pasao na’, total soy yo el equivocao en queré enseñarte lo que tengo. CARMEN: Que melodrama y después me dice que soy yo la de la telenovela…¡Que va!…Dime pues, porque sino quien te aguanta con esa llorantina hasta que amanezca y me pueda ir de aquí.

SEBASTIAN: ¿Hacemos las paces o no la hacemos? CARMEN: ¡Qué remedio!

SEBASTIAN: Bueno…..Yo voy a poné el espejo aquí (Lo deja en una esquina) pa’ podete contá lo que pasa con el. CARMEN: Dime porque ….yo lo veo así de lejito pues….porque yo no creo pero…..ay mijito ante estas dudas mejor y que uno se hace el loco… SEBASTIAN: ¿Tu sabes dónde me encontré este espejo? CARMEN:¿ Dónde?…dime pues…¿Dónde? SEBASTIAN: En el basurero de un teatro. CARMEN: ¿Y tu andas revisando también en esos lugares? SEBASTIAN: Pues claro, la basura de un teatro es más interesante que ninguna. CARMEN: Ay si. Quién sabe con lo que me vas a salí. SEBASTIAN: Bueno es que esa gente es y no es… CARMEN: ¿Cómo es eso? Aay.,..que a ti si se te ocurren cosas complicadas. SEBASTIAN: Bueno la gente que trabaja ahí es.. Pero lo que hacen no es…Porque son seres que no existen…¿Entendiste? CARMEN: No se creo que si, pero de todas formas no importa. SEBASTIAN: ¿Tu oíste hablá de Cenicienta? CARMEN: No se creo que si. SEBASTIAN: Había una tipa muy mala….. CARMEN:¿ Ah si? Pues no sabía. SEBASTIAN: Si porque gente mala hay hasta en los cuentos. CARMEN: Ajá ¿Y entonces? SEBASTIAN: Bueno…el espejo le hablaba chica… CARMEN: Eso si que no se lo cree ni el más gafo. SEBASTIAN: Bueno de algo servirá si han engañao a todos los niños del mundo con la misma historia.. CARMEN ¡Que va!…Creo que prefiero el cuento del teléfono. SEBASTIAN: Bueno, entonces déjalo así.

CARMEN : ¿Cómo así? SEBASTIAN: Tu no vas a entendé…Tu no vas a entendé. Así que no importa… CARMEN: A pues, Ahora si es verdad.¿Vamos a empezá de nuevo?….Yo ya estoy muy cansá. Ay mijito y esa luna na’ que se esconde de una vez para que yo pueda agarrá mis macundales y ya me voy de aquí.

SEBASTIAN: Bueno……mejor me tomo mi traguito de ron. Y no me pidas, porque ya te di. CARMEN: Está bien..Está bien…¡Total!….Mejor me pongo por aquí que está haciendo mucho frío. (Se acurruca en un lado y se tapa con un cartón. Sebastián se toma el trago de ron. Guarda la botella y camina lentamente hacia el espejo. Se sienta frente a el y se observa. Carmen se destapa lentamente y se queda mirando a Sebastián. Se levanta y da algunas vueltas por el espacio como si buscara algo). Amapola………Amapola……….Ay no, mejor ni la sigo llamando… (Como hablando para si) Seguro que la bendita Amapola esa ni siquiera existe. Porque este como que está más tostao, que esos que dicen que los tocó la luna…(Sebastián está sentado frente al espejo en éxtasis total. Parece que no existiera más nada a su alrededor. Parece examinarse cada parte de su cara con total detenimiento. Carmen continua tratando de llamarle la atención ) Ey..tu…..Mira…..¿Cómo es qué se llama?..Sebas….Sebastio…No. No…Sebastián…Si…¡Epa, Sebastián! (Sebastián la ignora por completo)…Mira chico…es contigo….(Se levanta y se acerca un poco) Ey Sebastián, que todavía estoy aquí mijito. ¡Conchale!…Podías ser un poquito más amable conmigo, porque yo siempre escucho que la gente atiende bien a sus invitados. SEBASTIAN: Tu no eres mi invitada. Tu eres una aparecida. CARMEN: Ay menos mal. Caramba el tipo este está vivo….¡Bueno, Sebastián!……Mira vale, estoy hablando contigo…¿Qué es lo qué te pasa?.¿Qué te miras y te miras en ese espejo?..Yo creo que tu si no estás loco, estás como embrujao. Debe sé que la bruja esa mala del cuento te echó una maldición, porque sino, no entiendo na’. Sebastián….¿ Me vas a hacé caso o no?……Sebastián, si no me contestas ahora, me voy……..¡A pues ahora si es verdad.!………..Vamos a ve si me resulta el cuentico de Amapola……….Sebastián a la una…Sebastián a las dos.,……Sebastián a las tres………¡Ah no que va! …Pa’ loco, suficiente conmigo. Yo como que agarro mis macundales. (Se dirige a donde tiene su bolso y lo recoge) Me voy pues…………aunque no acostumbro estas cosas…Gracias pues, por el bocao que me diste, y el traguito e’ ron…… Y hasta por ese cuento del teléfono….. SEBASTIAN: (Sebastián reacciona y la ve sin dejar de prestar atención al espejo) Tengo una arruga nueva.

CARMEN: ¡Ay Dios mío, habla! El muchacho habla….¿Cómo es la cosa? SEBASTIAN: Que tengo una arruga nueva. CARMEN: Ay mijo y las que te faltan. SEBASTIAN: Si, pero esta arruga está triste. CARMEN: ¿Cómo es eso? (Se acerca más a donde está Sebastián)

SEBASTIAN: Es así. Esta arruga es una huella de la vida y mi vida es triste. CARMEN: Pero eso no es nuevo. Nadie puede cree que tu tienes una vida muy alegre. SEBASTIAN: No, pero esta arruga, me duele en el corazón.

CARMEN:( Se acerca cada vez más) ¿Por qué?..Dime ¿por qué? SEBASTIAN: Porque está cerca de los ojos. CARMEN: (Se acerca y se mira en el espejo) Pero yo también tengo una arruga bajo los ojos…y no me da tanto dolor. SEBASTIAN: ¡A mi si.!…..¡A mi si ! Porque en los ojos está la vida pues. Y cuando se te arrugan todos, la vida ya no sirve. Se te va quebrando…… Así en pedacitos….. CARMEN: Y se siente………( Ya totalmente involucrada en la situación) SEBASTIAN: Si porque la vida es eso. Pedacitos….Pedacitos de recuerdos…Pedacitos de lo que pudo ser. CARMEN: Y esta . (Señalando en el entrecejo) ¡Mira esta! SEBASTIAN: Ah………….yo también tengo esa. Aquí sobre la nariz.

CARMEN: ¿Y esa qué es? SEBASTIAN: Todo….los pesares….las rabias, las tristezas… CARMEN: Si. Uno también tiene sus tristezas. SEBASTIAN: Y esta….Así. (Se señala alrededor de la boca) ¿No tienes esta? CARMEN: (Los dos se miran frente al espejo) ¿Pa’ ve?…Si, como que tengo un poquito. SEBASTIAN: Yo, la verdad….la verdad. No tengo mucha de esa……….. CARMEN: ¿De qué es? SEBASTIAN: De la risa pues…………….De la risa. CARMEN: De la risa ¡No, vale!……Cómo que ni nos ha dao mucho. SEBASTIAN: Así es. CARMEN: Si así es……….(Se observa uno a otro en silencio durante un rato) Por primera vez, tu y yo estamos de acuerdo. SEBASTIAN: Si, estamos de acuerdo. CARMEN: No podemos hacer algo por descubrirla. SEBASTIAN: ¿Qué cosa? CARMEN: La risa pues. SEBASTIAN: ¿La risa? CARMEN: Si la risa. SEBASTIAN: No por ella no podemos hacer nada. CARMEN: ¿Pero por qué? SEBASTIAN: Porque la risa se le mete a uno en la cuna, entre los pañales pues. En ese que niño tan lindo que te van diciendo los demás. La risa no se fabrica. ¿Sabes?, como se pueden fabricar tantas cosas en la vida, porque la risa es un regalo de amor. CARMEN: Si. Así es. SEBASTIAN: ¿Pero ves esto que está aquí? CARMEN: Si. Te la voy viendo. Clarita. Como un caminito bajo los ojos. SEBASTIAN: Ese te lo da el dolor. CARMEN: Ajá. Yo también lo tengo. Mira, mira donde va. SEBASTIAN: Ese es el camino de las lágrimas…………….Así (Y le va siguiendo a Carmen con su dedo la huella que está marcada). Como el lecho de un río, pues, por donde corre el agua y se pierde……camino abajo, sin fin. Porque esas lágrimas, ya no tienen vuelta. Ni na’……………………Siguen allí día tras día, y si llueve aumentan…………..Y la vida de nosotros está hecha de lluvia, caray. De pura lluvia……(Se quedan en silencio observándose. De pronto Carmen parece romper el encanto de lo que está sucediendo). CARMEN: ¿Lluvia? Será en la tuya mijito, porque yo ahorita, lo que estoy es esperando que salga el sol y me voy de aquí, como si na’ .

SEBASTIAN: Claro, ¿ Lo ves? Tu eres corazón de piedra………

CARMEN: Con estos sonidos que tengo en el estómago……….¿Qué quieres tu qué sea?……………………..

SEBASTIAN: ¿Y tienes hambre otra vez?

CARMEN: Ah no, porque seguro, que con lo que me diste de comer, voy a pasar un mes, sin volteá siquiera pa ‘ donde sepa que están comiendo.

SEBASTIAN: ¿Tu sabes lo que tu eres?…….

CARMEN: ¿Qué..qué soy?

SEBASTIAN: Una pordiosera, una mujer que anda mendigando por ahí.

CARMEN: Por que tu no, seguro que mañana cuando amanezca, te pones el flux de seda y la corbata de lino y te vas a trabajá

SEBASTIAN: (Agarrando su espejo) Bruta más que bruta, ni siquiera sabes como se tiene uno que vestí.

CARMEN: Para lo que a mi me importa sabé de esas cosas. Ese eres tu, que andas soñando con lo que no tienes.

SEBASTIAN: No voy a seguí escuchando…Ahora el que se va soy yo.

CARMEN: Pa’ restregame en la cara otra vez que tienes un rancho.

SEBASTIAN: No para huir de ti y de tu ponzoña.

CARMEN: Tu si que te tomas las cosas a pecho. Cuando uno anda así en la vida, recogiendo latas y cartón, no puede andá creyendo en cuentos.

SEBASTIAN: En el fondo te gustan. Fíjate te sentaste conmigo a verte en el espejo.

CARMEN: Eso lo hace cualquiera.

SEBASTIAN: Pero tu aseguraste que no lo ibas a hacer porque estaba roto.

CARMEN: Bueno es que me dio así como lástima contigo.

SEBASTIAN: ¿Lastima?. ¿Lastima?, ¿Por qué?.

CARMEN: Bueno porque te quedaste mudo y no sabía que te pasaba, pues.

SEBASTIAN: Ah bueno caray, entonces gracias por preocuparte.

CARMEN: Bueno y………Y ta’ bien lo que haces.

SEBASTIAN: ¿De qué?.

CARMEN: De todo eso que guardas.

SEBASTIAN: Ah..¿Está bien verdad?.

CARMEN: Si. Si, si eso te gusta

. SEBASTIAN: Si. Me gusta mucho. Bueno es que es fácil ¿ves?. Los demás botan y yo recojo.

CARMEN: Si claro.

SEBASTIAN: Y tengo muchas otras cosas.

CARMEN: ¿Ah si.? Ya me di cuenta.

SEBASTIAN: Tengo un pedazo de máquina de coser. Un colchón que me sirve pa dormí. Un ventilador…..Bueno no funciona, pero yo lo veo y me imagino que sopla y sopla y sopla ….y a veces hasta tengo frío.

CARMEN: Segurito que tienes cobija.

SEBASTIAN: No eso no. Pero pa’ el frío los periódicos son buenos.

CARMEN: De eso si que se bastante.

SEBASTIAN: Pero si tengo una cosa que funciona….¿sabes?

CARMEN: ¿Con qué vas a salí ahora?

SEBASTIAN: Bueno una radio que tu le metes, así su cartuchito y suena.

CARMEN: ¿Y eso de dónde lo sacaste?

SEBASTIAN: Me lo regalaron.

CARMEN: Te lo regalaron, ¡Caray!. ¿Y qué gente es esa, qué regala esas cosas?

SEBASTIAN: Bueno, era de un amigo…

CARMEN: ¡Se lo robaste!…

SEBASTIAN: No. No se lo robé. El se murió y yo era el único que estaba ahí….y bueno, lo agarré antes que otro se lo llevara.

CARMEN:¿ Seguro que tu no lo mataste pa’ quitarle el radio?

SEBASTIAN: Ay chica, claro que no…¿Yo tengo cara de asesino?

CARMEN: No…no….bueno, en verdad. No.

SEBASTIAN: El siempre buscaba cosas en el relleno sanitario…¿Tu sabes verdad? Donde los camiones descargan la basura.

CARMEN: Ay chico yo sé, no me tienes que está explicando siempre, como si tu eres un sabelotodo.

SEBASTIAN: Bueno y se enfermó….y tenía que ir siempre pa’ el hospital…y….

CARMEN: ¿Qué tenía?

SEBASTIAN: Ah..eso sí que no sé, pero de que era malo era malo.

CARMEN: Claro tonto, si se murió.

SEBASTIAN: Lo voy a trae oíste.

CARMEN:¿ A quién a tu amigo?

SEBASTIAN: Tu si que estás loca de verdad. ¿Cómo voy a trae a mi amigo?

CARMEN: Bueno como me estás hablando de el y me sales conque lo vas a traer…

SEBASTIAN: La radio, chica. La Radio.

CARMEN: Ah bueno, está bien pues…..tráela.

SEBASTIAN: Ya vengo. No te vayas a mover de aquí.

CARMEN: Ve pues. Ve.

SEBASTIAN: (Entrando en el rancho) Voy…voy rapidito…rapidito… (Carmen revisa entre las cosas que están afuera como viendo que se puede llevar. Prueba a metérselas debajo de la camisa, pero todo lo que hay es muy grande.)

SEBASTIAN: Aquí está…… ¿Ves qué bien?

CARMEN: (Suelta lo que tiene en las manos y se queda como que si no hubiera hecho nada). Pero está medio roto….y viejo.

SEBASTIAN: ¿Y qué querías?¿Un radio último modelo? Lo importante es que suena.

CARMEN: Pero ¿Cómo? ¿Dónde lo vas a enchufar?

SEBASTIAN: No se enchufa. Tiene pilas.

CARMEN: ¡Caray! ¿ Pilas? ¿Tu sabes lo qué cuesta cada pila? ¿De dónde sacas la plata pa’ comprarlas?

SEBASTIAN: Bueno tu sabes que la gente siempre que ve un recoge cartones cree que uno es un mendigo. A veces hay gente que me da plata y yo la agarro…entonces compro las pilitas que me hacen falta.

CARMEN: Está bien. Préndelo pues.

SEBASTIAN: Este es el único casetes que tengo..(Suena una música triste y melancólica) ¿Verdad qué es bonito?

CARMEN: Bueno si….

SEBASTIAN: Oye…..oye esa parte

CARMEN: Pero cállate, que sino lo que escucho es tu voz…….

SEBASTIAN: A mi la música me gusta mucho. Trae muchos recuerdos.

CARMEN: ¿Recuerdos? Oye pero tu si que eres pretencioso…¿Qué recuerdos vas a tené tu?

SEBASTIAN: No muchos, es verdad, pero por un ratico recuerdo a mi amigo. Al dueño del radio ¿Sabes? Y después, empiezo a imaginar. como con las otras cosas, pues. Igualito. Yo te podría contar lo que me imagino, pero como no te gusta, mejor no te digo nada para que no empieces a peleá.

CARMEN: Caray con este hombre. En el fondo estás loquito porque te pregunte.

SEBASTIAN: ¡Pregunta pues. Pregunta!

CARMEN: Ta’ bien. Ta’ bien…¿Qué es lo qué te imaginas?

SEBASTIAN: ¿Tu sabes lo qué es un conjunto?

CARMEN: ¿Un conjunto de qué?

SEBASTIAN: De música pues…..

CARMEN: Ah si. Claro, claro que sé.

SEBASTIAN: Bueno….me imagino que soy un músico.

CARMEN: ¿Cómo?.¿Cómo te imaginas?

SEBASTIAN: Así pues. Mírame. Yo llego con mi instrumento en la mano.

CARMEN: ¿Cual?

SEBASTIAN: Ah no sé. Cualquiera. Llego y digo. Buenas tardes vengo a tocar una canción.

CARMEN: ¿Y entonces?

SEBASTIAN: Recíbeme pues. Alguien me tiene que recibí. CARMEN: Ta’ bien. Dale pues.

SEBASTIÁN: ¿Cómo está doñita, vine a tocar aquí?

CARMEN: ¿Quien le va a pagar?

SEBASTIAN: ¿Cómo es eso?

CARMEN: Es que yo no tengo plata.

SEBASTIAN: No importa este toque es gratis.

CARMEN: Apúrese pues que estoy cansá.

SEBASTIAN: (Se sienta. Se coloca el radio sobre el hombro como si fuera un violín y hace ademanes de que está tocando. Carmen lo observa fastidiada. Saca un pedazo de cigarro y lo enciende. Bota el humo largamente.) ¿Qué fue, no te gustó?

CARMEN: La verdad, verdaita: No mucho.

SEBASTIAN: ¿Pero por qué, si esa música es tan bonita?

CARMEN:No sé….Es así, como……….Bueno. La verdad chico es que no me gustó y ya está.

SEBASTIAN: Es que a ti nada te gusta vale. Tu eres así como insensible. Estás demasiaó perdía pues.

CARMEN: No es eso. No es eso. Lo que pasa es que tu no tienes ideas muy buenas que digamos. A mi se me ocurre una idea mejor.

SEBASTIAN: ¿Cómo cual?

CARMEN: Así. Hacemos como una fiesta pues….Y tu llegas…Y me miras………….Y me sacas a bailá.

SEBASTIAN: ¡Pero si yo no sé bailá !

CARMEN: Eso no te lo creo.

SEBASTIAN: De verdad. ¡A pues! Es que bailá es así como muy raro.

CARMEN: Pero vamos a probá. No te cuesta na’ . Total, solo vamos a bailá juntos una vez en la vida.

SEBASTIAN: Está bien. Pero dime tu que hago.

CARMEN: Bueno, yo me paro aquí y tu llegas y me saludas. Lo demás me lo dejas a mi.

SEBASTIAN: ¡Ajá! Al final te gustó lo que yo hago. (Burlándose de ella) ¡Te estás imaginando cosas !

CARMEN: Bueno no fastidies o no hacemos nada y ya está.

SEBASTIAN: No. No. No te me pongas bravita. Vamos a ver. Lo mejor es que yo ponga la música primero.

CARMEN: Si dale. Dale. Que se pasa el tiempo. (Sebastián pone la música y se esconde, preparándose para salir. Carmen se coloca a un extremo y trata de arreglarse la ropa y el cabello.)

SEBASTIAN: ( Entra mirando a un lado y hacia otro hasta acercarse a ella) ¡Buenas Noches!

CARMEN: ¡Buenas!

SEBASTIAN: Mucho gusto.

CARMEN: Ve directo al asunto.

SEBASTIAN: ¿Quiere bailá conmigo?

CARMEN: Buena. Ta’ bien.

SEBASTIAN: Venga pues . (Los dos tratan de bailar. Buscan acoplar sus pasos en completo silencio. Finalmente lo logran)

CARMEN: Es tan bonito bailá. Uno se olvida de todo.

SEBASTIAN: Si. Es bonito.

CARMEN: Uno se vuelve diferente.

SEBASTIAN: Como importante.

CARMEN: Ajá. Es la única cosa en la vida que me trae recuerdos.

SEBASTIAN: ¿Ah si?

CARMEN: Si.

SEBASTIAN: ¿Cómo cuales?

CARMEN: Bueno, como de cuando yo era muchacha.

SEBASTIAN: ¿Y qué hacías?

CARMEN: Iba a muchos bailes pues.

SEBASTIAN: ¿Con quién?

CARMEN: Con un novio que tenía.

SEBASTIAN: ¡Ah, conque si ! Conque tenías un novio.

CARMEN: Ay si, porque me vas a decí que tu nunca tuviste una novia.

SEBASTIAN: Bueno yo si. Muchas. Pero no es eso de lo que estamos hablando.

CARMEN: ¡Ay!. ¡Cuidaó que me pisas!

SEBASTIAN: Es que me descuidé y se me enredó esto. Pero sigue. Sigue.

CARMEN: Ya estoy siguiendo.

SEBASTIAN: Pero sigue con lo del novio.

CARMEN: ¿Qué es lo qué quieres que siga?

SEBASTIAN: Que me cuentes. ¿Qué pasó con tu novio?

CARMEN: Bueno, lo que pasa pues. Un día se fue y no volvió. Me dejó sola con el muchachito que tuvimos. Después el muchachito se enfermó. Yo no tenía ni conque dale de comé y me lo quitaron .

SEBASTIAN; ¿Quién te lo quitó?

CARMEN: ¡La policía pues! ¡La policía! ¿Quién más iba a ser?

SEBASTIAN: Pero ¿Por qué? ¿Por qué te lo quitaron?

CARMEN; Bueno, yo vivía por ahí en el barrio La Crucecita. ¿Tu sabes cual es?

SEBASTIAN; Si claro. Yo sé. ¿Y entonces?

CARMEN: Bueno, alguien dijo que yo le pegaba. Que el gritaba muy duro. Que no tenía papá. Que yo no tenía trabajo. Tu sabes pues….

SEBASTIAN; ¿Pero tu le pegabas de verdad?

CARMEN: Bueno, a veces, pero no era pa’ tanto.

SEBASTIAN; ¿Y pa’ dónde se lo llevaron?

CARMEN: Bueno, pa’ esas cárceles pa’ muchachos. Tu sabes donde los meten, porque no tienen papá y que se yo…dicen que les dan comía y ropa, y que les enseñan…

SEBASTIAN; ¿Y no lo fuiste a ver?

CARMEN: No. ¿Pa’ qué? Si de verdad le dan to’ eso, yo creo que está mejor allá y si me ve segurito que se quiere volvé conmigo… ¡Y que va!

SEBASTIAN: ¿Y tu qué hiciste, después?

CARMEN: Bueno na’. Se lo llevaron. Yo me quedé en la casa unos días, pero nadie me hablaba, ni me ayudaban en na’. Ya no tenía que comé. Así que agarré unas cuantas cosas y las metí en ese mismo saco que cargo ahí y ya. Me fui.

SEBASTIAN; ¿ Te fuiste? ¿Pero pa’ dónde? CARMEN: Por ahí chico, por el mundo pues. Por las calles. A conocé la vida como hay que hacé. A peleá por la comía, por un sitio donde dormí y ya. Tranquila pues.

SEBASTIAN: ¡Ah caray! Esa sí que es una historia. Yo no me imaginé… CARMEN: (Soltándose de repente, deja de bailar y como volviendo a la realidad) A pues chico. ¿Qué te tienes que andá imaginando tu? Na’. Está bien na’. Lo que pasa es que con este cuentico del baile se me soltó la lengua y te dije más de la cuenta, pero tu como si na’ ¿Entendío? Yo no dije na’ y tu no sabes na’. (Agarra rápidamente su bolsa disponiéndose a irse)

SEBASTIAN: Pero Carmen, caray. Tranquila, que aquí no ha pasao na’ si tu no quieres.

CARMEN: Esta que está aquí se va. Ya fue suficiente. Además ya empezó a aclará.

SEBASTIAN: Pero espérate chica, no te vayas así. Yo tengo ahí un poquito de café, nos tomamos un poquito pa’ empezá bien el día y después te vas.

CARMEN: ¿Un poquito de café? Caray. Eso si que está bueno.

SEBASTIAN: ¿Viste Carmen? ¿Viste? No to’ en la vida es tan malo pues. Déjame calentalo un poquito y ya.

CARMEN: Ta’ bien, pero rapidito, que ya me entró la piquiña de dirme pues. Yo nunca estoy demasio tiempo en ningún lugar.

SEBASTIAN: Ya vengo pues. Ya vengo. No te muevas de ahí. (Sebastián entra rápidamente en el rancho y le habla desde dentro, para evitar que se vaya) ¿Y qué te parece la gata esa no ha vuelto más?

CARMEN: ¿Quién?

SEBASTIAN: Amapola pues. Amapola.

CARMEN: ¿ Tu estás seguro que esa gata es de verdad?

SEBASTIAN: A pues, hasta cuando te lo voy a decí, claro que es de verdad.

CARMEN: Ya yo no sé. Yo como que estoy pensando que esa gata es puro cuento tuyo, como lo del teléfono y toas esas cosas.

SEBASTIAN: (Saliendo con dos pocillos en las manos donde trae el trago de café) Pues no. Mi gata es de verdaita y es la única compañía que yo tengo. Pa’ que lo sepas. (Extiende el pocillo hacia Carmen)

CARMEN: Caray, con pocillo y to’. Pero este hombre si que es sortario.

SEBASTIAN: (Probando el café) ¿ Ta’ bueno, verdad? Un cafecito siempre es bueno, calienta los huesos.

CARMEN: Si, bueno….tanto como calentá los huesos. Ay que ve que tu eres exagerao.

SEBASTIAN: Más vale esto que na’. Así que no empieces a quejate otra vez.

CARMEN: No hombre chico, yo no me estoy quejando. Tu café está bien bueno. Gracias pues .(Devolviéndole el pocillo) Ahora si es verdad que ya está. Me voy pues.

SEBASTIAN: Pero no te vayas vale. Si ya nos estamos haciendo amigos. ¿Pa’ qué te vas a ir? Pa’ andá por ahí toda rialenga.

CARMEN: Ay. Ahora si es verdad que me acomodé yo. Primero me botaba y me botaba, ahora me pide que me quede. Qué va mijito. Bien lejos contigo. Tu eres medio raro. ¿No?

SEBASTIAN: Yo no soy raro na’ ; chica. Te estoy diciendo que ahí en el rancho hay un laito y que si lo quieres pues… CARMEN: No señor. Yo no quiero na’. Tu tas bien loco si crees que me voy a quedá aquí oyéndote tos los días esas chifladuras tuyas.

SEBASTIAN: Pero eso es porque no has visto el ranchito, por dentro. Si lo ves yo estoy seguro que te va a gustá. CARMEN: No que va. Yo no veo nada. Me voy.

SEBASTIAN: (Agarrándola del brazo) Pero ven chica, entra un momentico. CARMEN: ¡Que no! Que no. Ya dije que no. Adiós (Agarra su bolsa y decididamente sale de escena. Sebastián se queda parado en el centro totalmente desconcertado. En el forcejeo a Carmen se le cayó una bufanda. Sebastián la recoge y corre hacia el extremo del escenario.)

SEBASTIAN: Carmen, Carmen se te quedó esto. Se te quedó esto. (No hay respuesta) ¡Se fue! ¡Se fue la condená! (Voltea observando todo a su alrededor) Caray y la luna todavía sigue ahí. Y eso que está amaneciendo. (Se sienta en el centro del escenario, juega con la bufanda, se la pone alrededor del cuello. Se la quita y la observa. La huele) Cónchole, si hasta huele bien. (Observa a su alrededor nuevamente) Bueno yo solo quise sé amable pues y ella no entendió. Es que yo creo que esa Carmen, si que está chiflá de verdad. Tanto porfiá que lo que la gente bota no sirve de na’ y ella se va y me deja el trapito este. ¡Ay Carmen, por este trapito, siempre te voy a recordá! Cuando pase por aquí otra persona, de esas tantas que andan perdías por la vida, buscando un rayito de luz pa’ entendé pues de que se trata, voy a tené una cosa más que mostrale. Un pañuelito, caray con historia…que puede empezá…que puede empezá así, como aquel cuento pues, de la mujercita que se le perdió el zapato. (Se coloca dispuesto a iniciar una nueva acción)…..Señorita..Señorita. Mire es con usted. Sin con usted, la del pelo negro. Ajá mire se le cayó el pañuelo. ¡Ah! ¿ Es de usted verdad? Eso me alivia aquí en el corazón, haberla encontraó de nuevo, porque, bueno es verdad, yo no soy así como un príncipe, pero esa noche que usted pasó conmigo…fue…fue. ¿Cómo le digo? Fue como sentí que los cartones que uno recoge, y las latas, pues, tienen un fin, que toas estas cosas que yo guardo pueden se’ de dos. ¿Usted me entiende verdad? porque después de aquel baile, ¿Se acuerda? Donde yo le pisaba los pies pues, y usted me habló de su muchachito perdío yo creí que usted había entendío todo lo que yo le había dao. Que no era mucho pues. Es verdad, pero yo creí que podíamos decí que habíamos amanecío Tocaos de la luna.

(SE APAGAN LENTAMENTE SOBRE LA IMAGEN DE SEBASTIÁN LAS LUCES DE LA SALA) FIN

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